En el 160º aniversario de la muerte de San Martín
Somos un pueblo que conmemora la fecha de fallecimiento de sus próceres y de un elevado número de personajes que tienen un puesto en la Historia. Tal vez lo razonable sería celebrar la fecha en que uno de esos próceres vino al mundo.
No es aventurado afirmar que de Don José Francisco de San Martín es –relativamente-, poco lo que se sabe.
Que nació en Yapeyú, que a los diez u once años se fue a España y que allí ingresó a la Academia Militar y para horror de las actuales generaciones, su currícula indica que a los trece años participó de la batalla de Orán. Fue –según los textos-,”su bautismo de sangre”. Otros dirán que fue su “bautismo de fuego”.
Luego existen como lagunas hasta que llega al Río de la Plata, forma el Regimiento de Granaderos a Caballo y triunfa en el combate de San Lorenzo cuya crónica aprendemos cantando la marcha respetiva en los primeros grados de la escuela.
Es más lo que sabemos sobre cómo forma la primera división de Boca Juniors, River, Nueva Chicago, Policial o un cuadro chacarero. Somos expertos en programas como los que conducen Marcelo Tinelli, Mirta Legrand o Mariano Grondona.
Nos apasionan las biografías de Nelson Mandela, Mohamdas Ghandi o Luther King sin mengua de colgar un afiche del Che Guevara, Diego Armando Maradona o Fidel Castro en nuestra habitación.
Pero de la máximo figura de todos los tiempos nacida en Yapeyú- EL LIBERTADOR-, con mayúsculas poco y nada es lo que manejamos. Nos actualizamos un poco en vísperas del 17 de Agosto cuando algún conferencista se ocupa del Padre de la Patria.
Es evidente que las áreas educativas y culturales del país están en deuda con ese notable individuo que cruzó la Cordillera de los Andes con un ejército para desalojar a los españoles del Perú. De paso, liberó a Chile del yugo peninsular. Los generales Marcó del Pony y Osorio –según cronistas militares -. no salían de su asombro ante un ejército arribado del otro lado de los Andes que tenía cañones y todo. Y que les ocasionó una derrota jamás prevista por los mandos españoles.
La historia de San Martín tendría que ser tema cotidiano en las escuelas y los colegios. Una historia adaptada para ser contada de acuerdo a la edad de los alumnos pero siempre poniendo énfasis en la conducta y la moral sanmartinianas. Sería como “predicar con el ejemplo” induciendo a seguir una forma de conducirse en la vida enmarcada en la decencia y la honorabilidad que practicó San Martí a lo largo de toda su vida.
Tal vez resultara un medio efectivo de combatir la crisis generalizada que nos caracteriza a los argentinos en general. Desde el Más Allá, el niño de Yapeyú, el Coronel de San Lorenzo y el General victorioso que se exilio en Francia nos estarían marcando un rumbo en forma permanente, Sin necesidad de conmemorar su muerte cada 17 de agosto con un feriado movible para configurar “un fin de semana largo” y fomentar el turismo.