80º Aniversario de la fundación del Aero Club Catamarca, una fecha que pasó desapercibida

El pasado 27 de Julio se cumplieron 80 años de la fundación, por parte de un grupo de entusiastas de la aviación, del Aero Club Catamarca.

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Si tuviéramos que buscar un ejemplo de lo que es una institución totalmente devaluada a punto tal que ni se conmemoró la fecha de su nacimiento que pasó –como lo afirma el título-, desapercibida, no tendríamos más remedio que referirnos –con profundo dolor-, al Aero Club Catamarca.

Conocedor de tiempos mejores, sucesivas políticas de Estado han condenado a un evidente raquitismo a la aeronáutica deportiva que fuera semillero de pilotos y escuela de profesionales del vuelo mecánico.

A título de ejemplo y de una suerte de “antes y después”, incursionamos en Archivo y rescatamos- a fines del año 1940 con la Segunda Guerra Mundial en marcha-, una medida del Gobierno para formar 5.000 pilotos civiles. Vale reiterar la cifra: cinco mil pilotos civiles a ser formados por decenas de Aero Clubes diseminados por toda la geografía de una Argentina que se asomaba –aeronáuticamente-, a un mundo donde se insinuaban avances tecnológicos insospechados. Como los motores a reacción, cuyos ensayos habían comenzado en Escocia a fines del siglo XVIII o sea allá por el año 1.780. Un técnico en explosivos construyó una especie de cañita voladora lo suficientemente dimensionada como para albergar un gallo como único pasajero. La idea era enviar correo a una localidad distante un par de millas. El artefacto llegó a destino con el gallo achicharrado en su interior. Hay quienes consideran que éste ensayo fue el primer intento en materia de propulsión a cohete o “rocket”

O el extraordinario avance de la electrónica que posibilitaría prescindir -en los vuelos transoceánicos o intercontinentales-, del histórico y obsoleto sextante. Se iniciaría la era de la navegación radioeléctrica y la comunicación radial.

Teníamos una Fábrica Militar de Aviones que estaba  también evolucionando y manejando llamativos diseños propios.

La aeronáutica deportiva y comercial dependía de la Dirección Nacional de Aviación Civil, dependiente a su vez del Ministerio del Interior de la Nación  que otorgaba subsidios y suministraba aeronaves para que los clubes pudieran desarrollar sus actividades sin problemas.

Sería largo enumerar el estado de cosas que imperó durante décadas en la Argentina en lo tocante a su actividad aerodeportiva.

En el caso particular de nuestro Aero Club no es aventurado señalar que subsiste –como se dice comúnmente-, por un verdadero milagro, sostenido por un grupo más que reducido de socios.

Pese a la precariedad en que se desenvuelve, goza de un definido prestigio como Escuela de Vuelo. Alumnos locales y pilotos de otras provincias cursan sucesivas etapas en Catamarca, como ocurre con la práctica de vuelo por instrumentos (IFR) o “vuelo nocturno”. La instrucción que se imparte   corre por cuenta del Sr. Carlos Olima, Presidente de la C.D.

Un único avión –un “Tomahawk, monoplano monomotor biplaza -, es la herramienta de trabajo que posee la institución, actualmente en Buenos Aires sometida a tareas de mantenimiento general en cumplimiento de disposiciones reglamentarias en vigencia.

Un hangar instalado en predios del Aeropuerto “Felipe Varela” integra el patrimonio de la octogenaria institución.

No es aventurado sostener que las dificultades que afronta el Aero Club estén vinculadas a la falta de apoyo oficial o su escasa inserción en la comunidad catamarqueña, más proclive a la práctica de otros deportes que son motivo de atención por parte del Gobierno, que dispensa subsidios y ayudas económicas a diversas instituciones pero, por lo visto, ignora la existencia del Aero Club.

Aunque parezca ridículo, cabe señalar que si alguien resuelve   visitar las instalaciones un sábado a la tarde o un  domingo a la mañana, resulta prácticamente imposible. La PSA ( Policía de Seguridad Aeroportuaria) exige un pedido de autorización por escrito, en el cual consten los datos del o los visitantes, que debe presentarse con 24 horas de anticipación en la jefatura de la Fuerza.

La posibilidad que –por caso-, un grupo de amigos resuelva hacer un asado en el mediodía de un domingo debe ser anticipada, según una disposición en vigencia y sometida a la autorización de la citada institución El ingreso al hangar por parte de socios o dirigentes debe ser solicitada presentando documentos de identidad y aguardar a que un efectivo abra el portón de acceso, ubicado a no menos de 500 metros del hangar. Un verdadero despropósito que dificulta ostensiblemente cualquier actividad susceptible de ser desarrollada en ese ámbito del Club, como podrían ser  vuelos de bautismo obsequiados por empresas interesadas en promover la aviación o posibilitar a los aeromodelistas el disfrute de un lugar adecuado para tan importante e interesante práctica que, lamentablemente, está poco difundida en nuestro

Ante el cuadro que presenta el único Aero Club que hay en Catamarca se piensa en la posibilidad de sancionar alguna ley que brinde apoyo, que promueva la actividad aeronáutica y contribuya efectivamente al sostenimiento de una institución que ha sobrevivido ochenta años afrontando –en las últimas décadas-, serias dificultades económicas y una falta de apoyo –por parte de las autoridades -, que no tiene un justificativo medianamente razonable. Es una materia pendiente que tiene el Estado.

Cabe esperar y desear que la rinda y apruebe. El futuro aeronáutico de Catamarca está en grave riesgo de desaparición.- Y sería lamentable.

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