30 años de democracia andalgalense

Andalgalá © Luego  del latrocinio y la prepotencia establecidos en el municipio de Andalgalá por los personeros de la dictadura militar (Acevedo, Del Sueldo y unos cuantos más), el 10 de diciembre de 1983, en horas de la mañana, asumía el intendente que el pueblo había elegido para que gobernara y reestructurara este municipio devastado por los canallas cómplices de los asesinos, que cumplían órdenes directas de Arnoldo Castillo.

POLITICA

Ese día fue memorable por la convocatoria popular que se concretó  para recibir a José Pascual Jais,  peronista, empresario, comerciante y hombre de ideas y carácter singular, y que sin dudas, dejó una indeleble marca en toda la sociedad. Temperamental y ansioso, no titubeó en tomar decisiones de fondo, a veces ignorando la telaraña burocrática que significa el Concejo Deliberante, como para que las cosas se digan y se hagan en el acto. Como siempre, la interna partidaria generó hechos de dudosa veracidad como para que, en mayoría, fuera suspendido por algunos meses, asumiendo el Presidente del Cuerpo, Roberto Manuel Giordani, que impuso una anodina gestión, por falta de interés, capacidad y  de acciones casi nulas. Ese primer Concejo se integraba con Roberto Giordani, Santos Stella, Adolfo Ávila, José Chaín Herrera, Angélica Perdiguera, René Villagra y “Gringa” Jiménez, los primeros cinco del Justicialismo y los restantes del

Movimiento Popular Catamarqueño que conducía el célebre General Brizuela.

  A José Jais, lo sucedió Néstor Dominicci, que logró enorme adhesión de las masas peronistas, y fue quien realmente abrió las puertas para que muchos dirigentes accedieran a cargos en el municipio, los que hoy, a punto de jubilarse, siguen agradeciéndole a pesar de que ya no está en la ciudad. Promediaba el año 1991 y llegó la intervención a Catamarca. Luis Prol designó interventor de este municipio, a Oscar Matesich, ex senador que apoyaba las marchas del silencio, junto a su íntimo colaborador Eduardo Rosenheck. Después del llamado a elecciones, el Peronismo ganaba la senaduría de Andalgalá en la figura de José “Polaco” Bize, quien no pudo asumir su cargo por la artera traición de su suplente, Adolfo “El Loco” Giordani que destruyó toda una estrategia y entregó el gobierno al FCyS, a los mismos golpistas de siempre, con Arnoldo Castillo a la cabeza. El municipio era ocupado por el radical Amadeo Olivera, cuya gestión fue

como lo son las de los municipios que no tienen regalías mineras, pero austero, transparente y sin faraonismo.

  En el nuevo recambio democrático, nuevamente el Peronismo se quedó con la victoria en la persona de Ciro Aguirre, una gestión llena de visitas nacionales, y hasta el mismo Presidente de la Nación se animó a venir a Andalgalá, ya considerada, la “tierra de promisión” por el inicio de la actividad minera. Fue entonces cuando comenzaba a preocupar la ausencia del reparto secundario de regalías mineras y varios movimientos se gestaban en las sombras. En este período y por iniciativa del intendente Aguirre, se redactó la Carta Orgánica, en vigencia hasta hoy.

  Luego le tocó el turno al radical Juan José Felicia, que obtuvo el triunfo por escaso margen y en virtud de la interna peronista, generando muchas expectativas en la población, las que fueron satisfechas a medias por una municipalidad con triste y escaso presupuesto, como para construir un par de pérgolas en la plaza y nada más, mientras el Grupo “Juan Chelemín” integrado por estudiantes de Comunicación Social del IES, instalaba una carpa en la plaza, para reclamar el inmediato depósito de las regalías mineras a Oscar Castillo, gobernador de Catamarca, movida que apuró la ley correspondiente y la plata comenzó a fluir en los municipios.

  Sin dudas, la gestión más extensa y polémica fue la de José Eduardo Perea, el gremialista que le ganó a Mario De La Rosa del FCyS. De extracción social y cultural más bien escasa, Perea supo imponer un estilo diferente en el arte de gobernar a una comunidad que cada día se convertía en más difícil. Sin embargo durante su mandato y por el apoyo del dinero de las regalías mineras, durante este período parecía que la cultura del trabajo se había establecido en la población, por la proliferación de pequeñas empresas que hacían distintas obras y posibilitó que mucha gente pudiera mejorar su  calidad de vida. Lo llamativo de esta gestión fue el hecho de que el intendente se rodeó de funcionarios que a poco de asumir, comenzaron a ser severamente cuestionados por la comunidad, por la comisión de diversos hechos que aún no fueron comprobados ni hubo decisiones judiciales al respecto. En ese interín Perea funda el PG (Peronismo con

Gestión) que extendido a nivel provincial obtuvo magros resultados a pesar de la fortuna que se gastara en esa campaña.

  Postulado para un segundo mandato, pero ya en alianza con el FCyS, postulando a Brizuela del Moral como gobernador, a Mario Scaltritti como senador, a Alejandro Páez como concejal, Perea obtuvo un interesante número de votos lo que le permitió incorporar al menos tres concejales. En ese contexto, las peleas con los antiguos compañeros radicales en connivencia con los medios hegemónicos, hicieron recrudecer los cuestionamientos, sobre todo en lo que tiene que ver con el gasto del dinero de las regalías (a esta altura, una especie de botín de guerra), intríngulis en el que el Tribunal de Cuentas y el Concejo Deliberante fueron excluyentes protagonistas, por más que hoy se rasguen las vestiduras negando cosas y hechos.

  El 15 de febrero de 2010 se produce una revuelta popular cuyas causas aún se desconocen a pesar de las mil conjeturas. El enfrentamiento de los pro mineros con los antimineros, que terminó dividiendo malsanamente a esta sociedad con niveles de tolerancia muy bajos.

  Desgastado por ocho años de gestión, Perea no insistió con el municipio y por arreglos internos del peronismo devenido ahora en Frente Para la Victoria, logra la senaduría en virtud de los votos de  Aconquija, ya que en “el bajo” su derrota fue clara.

  Ante un nuevo y jubiloso recambio democrático, el radical Alejandro Páez, que había sido humillado por las cúpulas partidarias, se encarama en el MST Proyecto Sur con el que, por la virulencia de la agitación social, y con un demagógico discurso antiminero accede, con el mínimo de sufragios, a la intendencia de Andalgalá, en donde, al poco tiempo de gestión, se gestó la idea de que el intendente tiene serios vaivenes emocionales y que el poder real reside en la figura del Presidente del Concejo Deliberante.

  Los 30 años de democracia encuentra a los andalgalenses, saliendo de un proceso electoral reciente el que, más allá de los resultados, es la consecuencia bendita de las posibilidades que otorga la constitución a los ciudadanos que deben aprender a convivir con la diversidad, ideológica, cultural, social y política, cuestiones que apuntan mucho más lejos que las pequeñeces propias de la raza humana.

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