Brizuela no tiene quien lo defienda
El resultado del 13 de marzo no solo le arrebató el poder, sino que hasta los escuderos. Los prestos para defenderlo en otros tiempos, esta vez brillaron por su ausencia. ¡Lástima!
Era obvio que el malintencionado y desubicado discurso que pronunció Eduardo Brizuela del Moral en el acto por la Autonomía de Catamarca iba a ser motivo para que la oposición salga a contestarle; casi tan obvio como esperar que otros, de la vieja orden “si Eduardo”, salieran a su vez a apoyarlo. Pero nada.
Era obvio que referentes del kirchnerismo no se quedaría callado frente a la frase “quieren instalar que vivimos en una provincia devastada, lo que anticipa la propia negligencia” de Brizuela del Moral. Pero lo que nadie hubiera esperado, al menos en otros tiempos, es que los k que osaron contestarle a Brizuela, no recibieran su debida respuesta, una ironía al menos. Pero nada.
Tras la frase célebre de Brizuela del Moral, el diputado provincial Raúl Chico afirmó que si el primer mandatario sostiene que no le deja una provincia devastada a la futura gestión, “que le pegue una mirada al presupuesto de este año y se fije cuánto lo tiene comprometido (…) Si lo tiene comprometido en más del 80 por ciento, si está dejando una provincia devastada”.
Otro que también salió a contestarle al primer mandatario fue el diputado Juan Cruz Miranda, quien afirmó verse “sorprendido de la conducta del gobernador por cómo ha manejado el proceso de transición, porque parece ser que todavía sigue enojado porque perdió las elecciones”. Según dijo, “pensaba que era un irresponsable, pero ahora me doy cuenta de que es un malintencionado porque avanza en aspectos que no le corresponden”.
Era de esperarse que tras esas declaraciones surgieran la contra respuesta de alfiles del brizuelismo. Que los Millán, las Grimaux de Blanco o cualquier otro paladar negro pusiera en caja a las voces kirchneristas, que a estas alturas tienen via libre para decirle cualquier cosa a Brizuela. Pero repetimos, nada; nada de nada. Brizuela del Moral no tiene quien lo defienda. Pobre!