Cáceres, no chamuyes más
El ministro de la Corte de Justicia, José Cáceres, consciente o inconscientemente, viene haciendo los méritos para pasar a la historia. Y no precisamente por haber creado jurisprudencias, ser especialista en alguna de las ramas del Derecho, escrito libros o ejecutar clases magistrales. Nada de eso.
Sus acciones están rodeadas de escándalos mayúsculos los que, en un Poder Judicial verdaderamente respetable, determinarían las medidas correctivas que establece la Constitución. Por empezar, si no hay renuncia expresa, el juicio político.
Más allá de sus conductas como juez del máximo tribunal de Justicia de la provincia, y como para que la capacidad de asombro no se agote, Cáceres pretende atornillarse en el cargo a través de un artilugio legal que exceda la letra de la Constitución que, en su calidad de juez, debió hacer cumplir en los últimos 20 años.
Tardía reacción de un militante
Cáceres acaba de interponer una medida de no innovar en cualquier situación que, por acciones políticas, pueda desalojarlo de la poltrona que consiguió a principios de los 90.
Lo hizo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pide que se declare inconstitucional la última parte del artículo 195 de la Constitución de Catamarca, que fija los 65 años para ejercer el cargo de ministro de la Corte.
Para fundamentar su pedido, apela al artículo 10 de la Constitución nacional, que es el que garantiza la inamovilidad de los jueces en sus cargos.
Tal como dijo el diputado Saenz, el problema de Cáceres no es precisamente su edad, sino su conducta y trayectoria jurídica, si es que tiene alguna.
El no es, en ninguna forma, la persona imparcial que requiere la cabeza del Poder Judicial. Todos saben, aunque algunos medios intenten taparlo, que es un militante de la UCR, como que cuando aceptó el cargo a los radicales que se treparon al poder debió renunciar a su candidatura a senador por el departamento Valle Viejo. ¿Falso o verdadero doctor Cáceres?
Sin embargo, su pertenencia partidaria como su condición de potencial jubilado, por la edad, se opacan ante hechos impropios de un ministro de la Corte.
Los catamarqueños saben que trató mal y despectivamente a militantes de las víctimas por accidentes de tránsito, lo que le valió repudios de grueso calibre, algunos frente a su propio despacho.
Y la frutilla del postre la brindó a fines del año pasado cuando, con modales muy pocos ortodoxos, irrumpió en la oficina de un fiscal y, por haber ordenado la detención de una persona presumiblemente conocida suya, lo trató “como hijo de sirvienta”.
En su presentación ante el máximo órgano judicial del país, Cáceres explica que el artículo 195 “mancilla la división de poderes”. ¿Y la apretada a un fiscal no mancilla nada?
Por todo ello, después de casi 20 años de ajustar las variables a favor de los intereses del gobierno radical, tan particular cortesano repara que un artículo de la Constitución debería ser declarado inconstitucional. Una vergüenza total: se trata justamente del artículo que puede perjudicarlo a él.
En el mundo de la impunidad
Aunque Cáceres siga muchos años en la Corte de Justicia, y no se jubile como le indica la ley, el resultado es el mismo. Sus fallos no tendrán credibilidad alguna y la imagen de la Justicia se mantendrá ajada y totalmente desdibujada.
El artículo 10 de la Constitución Nacional, al que apela, habla de “idoneidad y buena conducta”. José “Pepe” Cáceres no tiene ni una ni otra. Mucho menos conducta, como lo apuntamos precedentemente.
Lo que si tiene es la impunidad que le brindó el Frente Cívico y, especialmente, su mandante castillista.
¿De qué otra manera puede explicarse que recién ahora, cuando ha cambiado el escenario político, haya reparado en los vicios del artículo que lo perjudica? ¿O no lo conocía cuando le tocó jurar?
Señor Cáceres: la Justicia nacional, y también la provincial, no gozan de buena salud. Pero si hay un estamento indiscutible es la Suprema Corte de la Nación. ¿Sabe por qué? Porque sus miembros fueron elegidos por sus conocimientos, su independencia y ajenidad con el poder. Justamente todos los elementos contrarios a su designación.
Por último, dejando de lado cualquier ironía, nos animamos a darle un consejo al doctor Cáceres: aproveche justamente la edad que tiene para ejecutar el retiro menos escandaloso. Deje de pedir clemencia por la causa que ya perdió el pasado 13 de marzo de 2011.
Artículo publicado en la columna editorial \"El Aguijón\" en www.catamarcaesnoticias.com.ar