Casas de emergencia “a la japonesa”

El 7 de marzo del año pasado, Japón se vio sacudido por un terremoto de 9 grados en la escala de Richter, todo acompañado de un “tsunami”. La usina nuclear de Fukushima resultó seriamente dañada. Dicho sea de paso: los especialistas consideran que el proceso de desactivación de esta usina necesitará 40 años de trabajo.

viviendas de emergencia
POLITICA

A las pocas horas de producido el sismo, la información consignaba que más de 130 mil personas habían resultado afectadas y estaban a la intemperie.

Mediante un seguimiento informativo fue posible establecer que en los primeros momentos las personas eran ubicadas -dentro del mayor orden-, en locales escolares, campos de deportes y reparticiones  oficiales.

Por cierto, los efectos del fenómeno de la naturaleza se vio amortiguado por que el pueblo japonés se maneja con hábitos de orden, respeto y mucha organización.

A nadie se le ocurriría armar una protesta en frente de un organismo del Estado. La gente sabe que el gobierno está trabajando activamente para solucionar los problemas y aguarda pacientemente.

En poco tiempo 130 mil personas estaban alojadas en viviendas de emergencia como las que ilustran este envío. Adviértase que en 10 metros cuadrados construyen lo que sería  una “vivienda mínima”. Hemos expresado que copiar lo bueno no es delito sino que es una muestra de inteligencia.

¿Estas casitas japonesas no le sugieren nada a los responsables de lo habitacional en Catamarca?

En Catamarca, existen los denominados “terrenos fiscales” tanto en inmediaciones de la capital como en localidades del interior susceptibles de ser urbanizadas como paso previo a  la construcción de viviendas.

Por cierto, nos estamos refiriendo a procedimientos bien organizados en los cuales no caben las improvisaciones, el “amiguismo” o los “acomodos” indecentes.

 El problema habitacional tanto en Catamarca como en el resto del país es un  asunto demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos.

Lo ideal sería conformar grupos interdisciplinarios con presencia de postulantes, pre-adjudicatarios y adjudicatarios definitivos interactuando en el marco de procedimientos absolutamente transparentes y susceptibles de ser colocados bajo la mirada de cualquier ciudadano.

El Estado no ha demostrado acabadamente una definida capacidad de control. Hay motivos para sospechar que el Estado funcionó como “sombrilla” para ocultar tropelías de todo calibre y esto es algo que debe ser erradicado definitivamente.

Si se habla de “un techo digno” el acceso a ese techo no puede lograrse a través de procedimientos poblados de indignidades.

La nueva conducción del IPV arrancó -muy a su pesar-, con un saldo negativo generado por la señora Valeria Arreguez pero eso no significa que el Instituto no pueda “remontar la corriente” y es ésta, precisamente, la hora de comenzar la tarea.

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