Dos casos de irresponsabilidad

La crónica policial se ocupó de dos accidentes de tránsito ocurridos en nuestra ciudad Capital. Uno de ellos tuvo lugar en la calle Esquiú  en frente del Banco de Santiago del Estero cuando un automóvil subió a la vereda atropellando a cuatro personas.

INFORMACION-GENERAL

Un testigo señaló que el conductor del auto iba hablando con su teléfono móvil, dato éste que fue enérgicamente desmentido por el automovilista, un médico cuyo nombre no viene al caso (Ya fue consignado en lo crónica policial). Esta persona –dada su condición de profesional de la medicina-, no puede ignorar que en el campo de la atención no caben dos cuestiones al mismo tiempo, algo que nos enseñan en psicología en la secundaria.

Resulta evidente que en este caso, el conductor estaría  prestando atención a la comunicación telefónica, desatendiendo  el manejo del auto.

Por un verdadero milagro, las mujeres atropelladas sólo sufrieron lesiones relativamente leves.

Se estaría, pues,  en presencia de un  claro acto de irresponsabilidad  que, sin lugar a dudas, debería ser sancionado severamente y procurar que ni se repita.

El otro caso fue el protagonizado por un motociclista en inmediaciones del Predio Ferial. El conductor de la moto sufrió una crisis de epilepsia mientas circulaba en su vehiculo y cayó pesadamente al suelo con el saldo de recibir diversos golpes.

La epilepsia, una vieja enfermedad que afectó .entre otros-, a Mahoma requiere  de una atención especial para quienes la padecen  y lo último que puede efectuar un epiléptico es subirse a una moto y circular como si tal cosa. Se aprecia que una persona afectada por lo que se denominara “Grand Mal”  no debe salir a la calle sin un acompañante. (Y sin un corcho de botella en el bolsillo para colocarle entre los dientes en caso de una crisis, como se aconsejaba antiguamente).

Obviamente, éste es otro caso de irresponsabilidad signado por la suerte: una caída en moto en estado de inconsciencia pudo derivar en un traumatismo cráneo encefálico y hasta en la muerte.

Es probable que en este caso, poco y nada se haga con relación al motociclista y su problema neurológico. Menos todavía con su acto de irresponsabilidad susceptible de poner en riesgo su vida y la seguridad de terceros.

Y es poco probable que se conozca si el motociclista ha sido objeto de una multa o de alguna sanción. Este accidente no debe figurar en ninguna ordenanza vinculada al tránsito de automotores de dos y cuatro ruedas. ¿Quién podía   pensar que un epiléptico anduviera circulando en una moto por esas calles de Dios?

Con el debido respeto, este motociclista debe asumir que es un discapacitado o, si prefiere,  “una persona con capacidades diferentes”, Y una de esas diferencias es que no debe andar en moto y requiere de atención especializada para llevar una vida relativamente normal.

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