El catamarqueño que combatió junto a San Martín
Es sin lugar a dudas un eterno reconocimiento a tantos jóvenes de Catamarca que formaron parte del Ejército en la lucha por la Libertad e Independencia de nuestra patria.
Corre el año 1814 y la Guerra de la Independencia se halla cercana a uno de sus puntos de quiebre; uno de esos acontecimientos que estremecieron la Historia del momento, y a través del cual se puede apreciar siempre un antes y después.
En junio de ese año se producirá la toma de Montevideo por parte de las fuerzas patriotas al mando primero del Coronel Rondeau, y luego el General Alvear, después de la exitosa Campaña Naval del Almirante William Brown.
De esta forma, uno de los principales Apostaderos Navales Realistas caía en manos patriotas, y con ello también se despejaba el peligro de tener a esas fuerzas tan cerca de Buenos Aires. Mientras todo esto acontecía, el “Ejército Auxiliar del Perú” (también conocido como “Ejército del Norte”), se hallaba encerrado en la Ciudadela de Tucumán tratando de recomponer su organización bajo el mando del Coronel José Francisco de San Martín, General en Jefe del mismo desde diciembre del año 1813, luego de las derrotas producidas en Vilcapugio (01/10/1813) y Ayohúma (14/11/1813).
Duro trabajo tuvo San Martín para levantar a un Ejército destruido no sólo material, sino también moralmente. Por ello, manteniéndolo encerrado en la Ciudadela, se encargó de trabajar con cada uno de sus hombres para ponerlos en pie de lucha y aptitud de combate nuevamente, comenzando por los Oficiales y la profesionalidad y conocimientos que debían tener los mismos. Ya en 1812, estando al frente del Regimiento de Granaderos a Caballo supo expresar: “Si el oficial y el sargento no está perfectamente instruido en su obligación, jamás podrá ejercitar ni disciplinar la tropa confiada a su mando, y de consiguiente no es apto para conducirla al frente del enemigo no puede estar fresco ni despejado en el momento del peligro: no puede aprovecharse de las circunstancias favorables que se le presenten por su ignorancia en el oficio; y la suerte de muchos pende la ejecución buena o mala de su deber. No es suficiente arrojarse con valor al enemigo; es suficiente además aquel grado de inteligencia que debe distinguir a cada oficial según su lugar y obligaciones: ni pueden los soldados obrar nunca con espíritu, si no tienen confianza en la capacidad de sus jefes.”
Al mismo tiempo, fueron enviadas partidas de reclutamiento hacia el resto de las provincias para incorporar nuevos hombres para ese Ejército. Y en una de ellas, que tenía nada más y nada menos como destino ser incorporado al Regimiento de Granaderos a Caballo (con San Martín habían ido los Escuadrones 1 y 2 , mientras que el 3 y 4 se encontraban en la Campaña de la Banda Oriental), vamos a encontrarnos con un joven catamarqueño de la localidad de Huillapima, actual Departamento de Capayán, a 35 km de San Fernando del Valle de Catamarca y 225 km de San Miguel de Tucumán.
Buscando información para un trabajo de investigación sobre el Regimiento de Granaderos a Caballo, me encontré en el Archivo General de la Nación sorpresivamente con la “filiación” de ese joven. Los datos que se desprenden de ese documento son: “Juan Luis Abila, hijo de padre no conocido y de Francisca Abila. Natural de Billapima3 . Oficio trabajador. Edad 18 años. Su estatura la del margen. Su Religión Católico Apostólico Romano. Su seña peño negro, cejas ídem ojos ídem. Nariz abultada. Un tajo sobre la ceja izquierda. Cara larga. Labios generosos (…). Barba poca.” Fue reclutado el 1 de abril de 1814 para servir en el Ejército por el término de cinco años, siendo destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Se le explicaron las leyes penales previstas en la Ordenanza, fundamentalmente las penas correspondientes al delito de deserción, y como no sabía escribir dejó la marca de cruz como firma en el documento. Fueron los reclutadores (testigos), el Teniente Josef (José) Maria Ribera (Rivera)4 , y el Sargento Damián Cardozo (Cardoso)5 . Lamentablemente, no se encuentran más datos de Juan Luis en la documentación del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Sin embargo, la sola presencia en el Archivo General de la Nación de este documento con la incorporación de él al Cuerpo creado por el Padre de la Patria, es sin lugar a dudas un eterno reconocimiento a tantos jóvenes de Catamarca que formaron parte del Ejército en la lucha por la Libertad e Independencia de nuestra patria.
En el recuerdo a ese muchacho de 18 años de Huillapima llamado Juan Luis Abila, estará para siempre el agradecimiento de generaciones de argentinos.
Por Esteban D. Ocampo