Cenizas viajeras

La expulsión de cenizas por parte de un volcán chileno se convirtió en noticia en estos últimos tiempos.

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El problema que ocasiona este fenómeno comenzó en Bariloche cuando a las cuatro de la tarde la ceniza trasandina tapó la luz del Sol y a los barilochenses se les vino la noche encima.

Según datos disponibles la o las nubes formadas por la ceniza en cuestión pueden ascender hasta 3 o 4 mil metros de altura y desplazarse (sin disolverse en forma ostensible) a lo largo de miles de kilómetros siempre impulsadas por los vientos.

Como prueba de lo señalado cabe destacar la presencia de ceniza volcánica en territorio cordobés y las autoridades riojanas, por su parte, han advertido sobre la posibilidad de que sus cielos se vean visitados por el polvillo que cruzó la Cordillera, se desplazó hacia el Este, llegó hasta la costa atlántica, torció hacia el Norte y ya cubre gran parte del centro del país. No sería raro que llegue a Catamarca aunque en forma muy tenue.

En Archivo conservamos información de lo ocurrido en 1932 cuando u n volcán chileno, ubicado más al Norte del que se activó ahora, escupió miles de toneladas de ceniza a tal punto que en la localidad de Trenel, en la entonces Gobernación de La Pampa, la capa de ceniza alcanzó a los 40 centímetros de espesor. Por cierto, pasarían varios años antes que esas tierras pudieran ser nuevamente explotadas.

El desplazamiento de las cenizas llegó hasta unos pocos kilómetros al Norte de Cosquín y lo primero que hacíamos los escolares punillanos  al llegar a la escuela era pasar un trapo húmedo sobre los pupitres y los asientos para quitar la fina capa de ceniza que se había depositado durante la noche.

Todo el paisaje se había teñido de gris y casi todos andaban con un barbijo pese a lo cual huido irritación en los ojos y algunos problemas respiratorios.

Una lluvia providencial puso fin al problema y dejó todo limpio, salvo algunos rincones donde la acumulación de ceniza había sido más pronunciada.

Un vecino descubrió que esta  ceniza era buena para limpiar las ollas y cacerolas como sustituto del legendario “Puloil”.

Estos fenómenos de la Naturaleza son los que se encargan -cada tanto-, de recordarnos lo insignificantemente pequeños que somos los seres humanos, falsamente orgullosos de logros que no siempre brindan felicidad, amor y sentimientos solidarios.

La conjunción de millones de pequeñas partículas flotando en el aire generó innumerables problemas que el Hombre todavía no puede resolver.  ¿No será una invitación a ser más humildes?

 

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