En su homilía, Mons. Urbanc rogó por las familias para "que
el Señor, san José y
la
Virgen María los sigan protegiendo, iluminando y motivando en
la ardua, pero maravillosa y más importante tarea del ser humano sobre la
tierra como es cuidar la vida de los nuevos seres humanos que Dios sigue y
seguirá enviando a este mundo para que lo conozcan, amen y sirvan en esta vida
y luego gocen de Él en la eternidad. ¡Querida Madre del Cielo, bendice a todos
estos hijos que tienes delante, pues cada uno trae una pena para confiarla a tu
corazón materno y también un sentido gracias por todo lo que reciben de tu
intercesión ante tu amado Hijo Jesús”.
También dedicó parte de su predicación al Sínodo de
la Familia, comentando que
"en el mes de octubre se llevó a cabo en Roma el sínodo extraordinario sobre la
familia; mucho se ha debatido y los medios informativos, de acuerdo a sus
intereses, algo nos hicieron saber acerca de lo allí tratado. No es este el
momento para analizarlo, sino para rogar a
la Virgen que las propuestas y debates abiertos se
sigan madurando en vistas al Sínodo definitivo que se llevará a cabo en octubre
del
2015, afin de que este bien primario y precioso que es la familia, fundada en el
matrimonio recupere el esplendor y sobre todo la misión que el Creador le ha
asignado de modo irrevocable en el concierto de las múltiples culturas en las
que se plasma y desarrolla la vida de los hombres que han sido redimidos por
medio del Misterio Pascual, del que
la Familia Cristianadebe ser testigo por medio de su vida profundamente integrada a su modelo
inspirador, cual es
la
Comunión Trinitaria”.
Luego del rezo del Credo, los matrimonios presentes
renovaron el compromiso matrimonal que realizaron el día de sus bodas tomándose
la mano derecha.
También hubo una importante participación delas familias en
la lectura de
la Palarade Dios, la guía de la celebración, la presentación de las ofrendas y la
animación.
TEXTO COMPLETO DE
LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
En este noveno día de la
novena se nos propuso reflexionar acerca de la misión que todos, fieles laicos,
consagrados y pastores tenemos de consagrar el mundo a Dios, es decir, todo el
mundo material, pero sobre todo el mundo de lo que hace a la vida de los seres
humanos, empezando por lo menos hacia lo más, desde la familia, hasta la
sociedad toda. Consagrar el mundo significa hacer nuevas todas las cosas,
renovarlas según los criterios de su Creador, el Dios y Padre de Nuestro Señor
Jesucristo, bajo la guía luminosa del Espíritu Santo.
Hoy rinden
su homenaje a
la Virgendel Valle de un modo especial las Familias y todos aquellos grupos o
movimientos eclesiales que de ella se ocupan: Pastoral familiar, Movimiento
Familiar Cristiano, Grávida, Renacer, etc. También están presentes integrantes
de Faviatca (Familiares de víctimas por accidentes de tránsito). Bienvenidos;
que el Señor, san José y
la
Virgen María los sigan protegiendo, iluminando y motivando en
la ardua, pero maravillosa y más importante tarea del ser humano sobre la
tierra como es cuidar la vida de los nuevos seres humanos que Dios sigue y
seguirá enviando a este mundo para que lo conozcan, amen y sirvan en esta vida
y luego gocen de Él en la eternidad. ¡Querida Madre del Cielo, bendice a todos
estos hijos que tienes delante, pues cada uno trae una pena para confiarla a tu
corazón materno y también un sentido gracias por todo lo que reciben de tu
intercesión ante tu amado Hijo Jesús.
En el mes de
octubre se llevó a cabo en Roma el sínodo extraordinario sobre la familia;
mucho se ha debatido y los medios informativos, de acuerdo a sus intereses,
algo nos hicieron saber acerca de lo allí tratado. No es este el momento para
analizarlo, sino para rogar a
la
Virgen que las propuestas y debates abiertos se sigan
madurando en vistas al Sínodo definitivo que se llevará a cabo en octubre del
2015, a fin de que este
bien primario y precioso que es la familia, fundada en el matrimonio recupere
el esplendor y sobre todo la misión que el Creador le ha asignado de modo
irrevocable en el concierto de las múltiples culturas en las que se plasma y
desarrolla la vida de los hombres que han sido redimidos por medio del Misterio
Pascual, del que
la
Familia Cristiana debe ser testigo por medio de su vida
profundamente integrada a su modelo inspirador, cual es
la Comunión Trinitaria.
Del mensaje
final del sínodo extraordinario quiero leerles algunos pasajes que expresan lo
medular de lo tratado acerca de la buena noticia que son para el mundo el
sacramento del matrimonio y la familia fundada en él, pero que la prensa
amarillista dejó de lado.
23. "Con
íntimo gozo y profunda consolación,
la Iglesia mira a las familias que permanecen fieles
a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y
alentándolas. Gracias a ellas, en efecto, se hace creíble la belleza del
matrimonio indisoluble y fiel para siempre. En la familia, «que se podría
llamar Iglesia doméstica» (Lumen Gentium, 11), madura la primera experiencia
eclesial de la comunión entre personas, en la que se refleja, por gracia, el
misterio de
la Santa
Trinidad. «Aquí se aprende la paciencia y el gozo del
trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo
el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida»
(Catecismo de
la
Iglesia Católica, 1657). En esto
la Santa Familia de
Nazaret es el modelo admirable, en cuya escuela «se comprende la necesidad de
tener una disciplina espiritual, si se quiere seguir la doctrina del Evangelio
y llegar a ser discípulos de Cristo» (Pablo VI, Discurso en Nazaret, 5 de enero
de 1964). El Evangelio de la familia, alimenta también estas semillas que
todavía esperan madurar, y tiene que hacerse cargo de los árboles que han
perdido vitalidad y necesitan que no se les descuide.
24.
La
Iglesia, maestra segura y madre atenta, aunque reconozca que
para los bautizados no hay otro vínculo nupcial que no sea el sacramental, y
que toda ruptura de éste va contra la voluntad de Dios, también es consciente
de la fragilidad de muchos de sus hijos, a los que les cuesta el camino de la
fe. «Por lo tanto, sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que
acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de
las personas que se van construyendo día a día. Un pequeño paso, en medio de
grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida
exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes
dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico
de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y
caídas» (Evangelii Gaudium, 44).
25. Respecto a un enfoque pastoral dirigido a las personas
que han contraído matrimonio civil, que son divorciados y vueltos a casar, o
que simplemente conviven, compete a
la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la
gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del designio que Dios
tiene para ellos. Siguiendo la mirada de Cristo, cuya luz alumbra a todo hombre
(cfr. Jn 1,9; Gaudium et Spes, 22)
la Iglesia mira con amor a quienes participan en su
vida de modo incompleto, reconociendo que la gracia de Dios también obra en sus
vidas, dándoles la valentía para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el
uno del otro y estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan.
26.
La
Iglesia ve con preocupación la desconfianza de tantos jóvenes
hacia el compromiso conyugal, sufre por la precipitación con la que tantos
fieles deciden poner fin al vínculo asumido, instaurando otro. Estos fieles,
que forman parte de
la Iglesia,
necesitan una atención pastoral misericordiosa y alentadora, distinguiendo
adecuadamente las situaciones. Es preciso alentar a los jóvenes bautizados a no
dudar ante la riqueza que el sacramento del matrimonio procura a sus proyectos
de amor, con la fuerza del sostén que reciben de la gracia de Cristo y de la
posibilidad de participar plenamente en la vida de
la Iglesia”.
En fin hermanos,
dejemos que Dios nos vuelva a decir frente a tantos dramas que padecen el
matrimonio y la familia: "¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!” (Is 40,1). "La
hierba se seca, la flor se marchita, pero mi Palabra permanece para siempre”
(Is 40,8). "Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a
Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén.
Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: ¡Aquí está tu Dios! Ya llega el
Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo
acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, Él apacienta su rebaño, lo
reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a
las que han dado a luz” (Is 40,9-11).
Y, por medio
de Pedro: "Ya que todas las cosas se desintegrarán, ¡qué santa y piadosa debe
ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del
Señor!... pues esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la
justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de
tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche” (2 Pe 3,11-14).
Y, por
último, le pidamos a
la Madredel Cielo que lo dicho por Juan Bautista acerca de Jesús lo tomemos muy en
serio, pues Ella misma no se cansa de repetirnos y en encuentros anuales como
éstos: "Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5), a saber: "Detrás de mi vendrá el
que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies
para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua,
pero él los bautizará con el Espíritu Santo” (Mc 1,7-8) ¡Así sea!
¡¡¡Nuestra Madre del Valle!!! ¡¡¡Ruega por nosotros!!!