Cristina Kirchner condenada: prisión domiciliaria y la calle en llamas

Cristina Fernández de Kirchner, la figura más influyente del peronismo en las últimas dos décadas, empezó a cumplir este martes una condena de seis años de prisión domiciliaria por corrupción, en el marco de la causa Vialidad.

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La decisión de la Justicia, confirmada tras el rechazo definitivo de la Corte Suprema a sus apelaciones, desató un sismo político que ya tiene consecuencias en las calles y dentro del propio movimiento justicialista.

A los 72 años, y con una inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, la expresidenta vivirá su pena desde su domicilio en el barrio porteño de Monserrat, con tobillera electrónica. La medida se tomó sin traslado judicial para evitar la movilización convocada por el peronismo, que había prometido “la manifestación popular más grande de la historia”.

Una condena que reordena el tablero político

La decisión judicial reaviva el fuego en una Argentina que atraviesa un clima social y económico convulsionado. Mientras Javier Milei despliega su agenda libertaria desde la Casa Rosada, el peronismo intenta reagruparse tras la dura derrota electoral de 2023.

“Vamos a garantizar una movilización permanente en las calles hasta que Cristina vuelva a su casa para cumplir esta injusticia”, aseguró la secretaria general del PJ, Teresa García. Aunque la expresidenta ya se encuentra en su domicilio, los organizadores confirmaron que la marcha de protesta sigue en pie.

La causa Vialidad: el fallo que cambió la historia

Kirchner fue condenada por direccionar obras públicas a favor de Lázaro Báez, un ex empleado bancario devenido en millonario durante el gobierno de su esposo, Néstor Kirchner, en la provincia de Santa Cruz. Báez también fue condenado por corrupción y lavado de dinero.

La defensa de Cristina sostiene que se trata de un caso de lawfare, y ya anunció que recurrirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Su abogado, Carlos Beraldi, acusó al fallo de “afectar al sistema democrático” y de responsabilizarla por decisiones administrativas de las que no participó directamente.

Condiciones estrictas y vigilancia 24/7

Según el fallo judicial de 19 páginas, la expresidenta no podrá salir de su casa salvo por motivos de fuerza mayor. Además, deberá evitar cualquier acción que “perturbe la tranquilidad del vecindario”, un guiño directo a las habituales concentraciones militantes en su domicilio.

Solo su entorno íntimo, médicos, abogados y custodios podrán ingresar libremente. Para cualquier otra visita política, se requerirá autorización judicial. Aún no se sabe si podrá seguir usando el balcón desde el cual suele saludar a sus seguidores.

¿Fin de una era o principio de otra?

Cristina Kirchner, figura clave en la política argentina desde 2003, no se retirará de la escena. Sus aliados ya dejaron claro que seguirá haciendo política desde su casa, como símbolo de resistencia y reorganización.

La sentencia, sin embargo, pone en jaque al liderazgo tradicional del peronismo. Las internas que lo fracturan, con dirigentes como Axel Kicillof empujando por una renovación, entran ahora en pausa. Pero la tregua es frágil.

La Argentina vuelve a moverse al ritmo de una grieta que no cierra. Y Cristina, aún sin poder, sigue siendo el epicentro del conflicto político más potente del país.

 

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