Crónica de una internación
Andalgalá © “Llegué al hospital de Andalgalá entrada de noche, con un espantoso dolor en el abdomen. Cuando entré al sector de emergencias, me encontré con montón de personas que esperaban ser atendidas por el médico de guardia”, comienza el relato.
"Al notar mi gesto de intenso dolor, apareció José Luis, el
enfermero de turno quien de inmediato me hizo pasar al consultorio y. como
primera medida me midió la presión arterial, detectando que medía 220/120, que
de hecho es presión altísima, con todo o que ello significa. Inmediatamente se
apersonó
Me llamó poderosamente la atención tanta limpieza y pulcritud
en las dependencias del hospital, no tanto la presurosa atención de los
profesionales porque conozco su dedicación.
Una vez en el sector de internación del nuevo hospital de
Andalgalá, me recibió Fabiana, la enfermera quien me alojó y confeccionó la
planilla con los datos e indicaciones. Toda buena onda, educación y amabilidad,
como necesita un paciente dolorido.
A la mañana siguiente, me desperté con un suero inyectado y
a los pocos minutos se hicieron presentes, el Dr. Luis Flores, el Dr. Mario
Kuibida,
Rayos X, ecografías, laboratorio, todas las prestaciones de
primer nivel y de manera urgente, como el caso lo requería, mientras a fuera,
estaba lista la ambulancia para mi traslado a un centro de mayor complejidad.
Todo, sin pagar ni un solo peso.
En las largas horas de la internación, recapacité que permanecía en Andalgalá, que me habían
atendido los médicos y enfermeras de Andalgalá y que había recibido atención y
alivio a mi dolor, en el nuevo hospital de Andalgalá, el mismo que muchos
menosprecian y critican, sin conocer su excelencia; el mismo que recibirá aún a
aquellos que ni siquiera a su inauguración asistieron, como asisten hoy,
cientos de andalgalenses, diariamente y en donde reciben el trato humano y
profesional, todos los que acuden en busca de alivio a su dolor.
Me sorprendió tanta profesionalidad y sería bueno que los
que denostan, vivan lo que viví yo para que aprendan a valorar lo que tienen a
pocos pasos de sus casas.
A todos los que me cuidaron, mitigaron mi dolor y me curaron, solamente me queda decirles
gracias, pero con G de Grande”.
Carlos Bize Guerra,
ciudadano andalgalense.