¡Cuidado! Los humanos también pican
Algunos saltan, vuelan, caminan y otros hasta producen alergias. Son los insectos que, aunque no se ven, están por doquier.
Desde hace
varios años, la FAO fomenta su consumo con el objetivo de buscar nuevas formas
de alimentación. ¿Estamos preparados para modificar nuestra dieta?
Adivina,
adivinador: soy muy pequeña y hago caso a mi reina. Si la miel yo te doy,
averigua ya quién soy. Si todavía, lector, no logró descifrar el acertijo, lo
ayudo con una pista: desempeñan un papel esencial en la polinización de las
plantas en todo el mundo.
Ahora sí. La
respuesta es la Abeja. Si bien generan pánico cuando sobrevuelan la cabeza de
algún mortal, las abejas son fundamentales para la preservación del medio
ambiente y la conservación de la biodiversidad.
Una sola
colonia de abejas puede elaborar alrededor de 27 kilos de miel, pero para
producir sólo medio kilo, deben visitar más de 2 millones de flores. Claro está
que, cuando lo hacen, se exponen a múltiples riesgos.
Por un lado,
las aves depredadoras, como los abejarucos , que permanentemente están al
asecho cerca de las colmenas y, por otro lado, (quizás el más peligroso) el
hombre.
Sí, el Homo
sapiens del siglo XXI es uno de los mayores depredadores de las abejas, no solo
por el desarrollo de las prácticas de la agricultura industrializada, como la
monocultura (que conducen al declive de estas comunidades de insectos), sino
también por el uso desmedido de pesticidas y herbicidas (esos productos que
sirven para controlar las plagas a través de compuestos químicos). Al mismo
tiempo, su caza se está volviendo esencial para el consumo humano.
¿Carne de
abejas? No, más bien ensalada. Si se colocan en un bold 1/2 taza de abejas, 28
gr de granos de polen, varias hojas de lechuga y pétalos de flores comestibles
(como rosas, pensamiento o violetas) se puede saborear una rica ensalada de muy
bajas calorías. Por supuesto, con sal, pimienta y aceite a gusto del comensal.
Aunque el
ejemplo resulte gracioso (y pervertido para los vegetarianos) el consumo de
insectos es una realidad que se remonta a los antepasados, los pueblos
originarios, y que, actualmente, se intenta explotar como alternativa a las
dietas tradicionales.
Dicho de
otra manera, es la entomología (prima hermana de la zoología) la ciencia que
estudia el comportamiento de los insectos y los artrópodos (como arañas,
crustáceos, etc.) y su interacción con el hombre, ya sea para el control de
plagas (que afectan los cultivos) o para preservar los insectos benéficos (como
aquellos productores de miel, los polinizadores, los que brindan servicios
ecosistémicos), con el objetivo final de realizar un mejor manejo sobre ellos.
En este contexto, se denomina entomofagia o insectofagia a la costumbre de
comer insectos.
El Museo de
La Plata, dependiente de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad
Nacional de La Plata (FCNyM-UNLP), cuenta con la División de Entomología. Allí,
se desarrollan proyectos de investigación científica en el campo de la
Taxonomía, la Filogenia, la Biogeografía, la Conservación de la Biodiversidad y
otras ramas de la Biología de los insectos. Una de las principales referentes
de la entomofagia es la Dra. Cecilia Margaría, cuyo grupo de investigación realiza
trabajos de revisión sobre el tema, iniciados por su colega la Dra. Marta
Loiácono.
"En nuestra
región, el consumo de insectos está escasamente difundido, siendo la miel tal
vez el producto derivado de los insectos que no genera rechazo. Nuestro país, a
pesar de las desigualdades sociales y de poseer recursos naturales de variadas
índoles, deja a la ingesta de insectos de lado”, señala Margaría. Y, al mismo
tiempo, agrega: "El hombre practica la entomofagia voluntaria o
involuntariamente desde hace miles de años. Por ejemplo, los guaycurúes del
Gran Chaco en Argentina se alimentaban de los insectos. Sin embargo, en la
actualidad, para la cultura occidental, la idea de comerlos parece repugnante,
pero también existen otros integrantes del grupo de los artrópodos, como los
cangrejos, las langostas, las centollas y los langostinos que son considerados
exquisiteces culinarias”.
En ese
sentido, lo que se considera "repugnante" depende del lugar donde se
esté parado. Por ejemplo, en la India las vacas son símbolo de fecundidad y
maternidad, por lo que están protegidas por ley y ningún hindú en su sano
juicio sería capaz de hostigarlas, maltratarlas y, mucho menos, matarlas para
aprovechar su carne.
En China, se
suele comer carne de ratas, perros y gatos, así como también carne de serpiente
(se cree que su consumo en invierno ayuda a mantener el calor corporal del
cuerpo). En Occidente, las reglas son diferentes. En Oriente, al parecer,
también.
Multiculturalidad alimenticia
En
Argentina, la costumbre de comer insectos fue practicada por distintas
comunidades nativas. Los mocovíes, por ejemplo, comían langostas fritas o
asadas y grandes cantidades de hormigas cortadoras y piojos; así como también
en la cultura Mbyá-Guaraní, en Misiones, distintos grupos de insectos formaban
parte de su dieta. En general, en las regiones templadas del mundo, la
alimentación de los nativos es vegetariana, y la principal fuente de proteínas
está constituida por insectos y peces.
También, en
Australia, los nativos utilizaban variados tipos de insectos, como las orugas
de la madera para alimentarse. Las hormigas conocidas como "hormigas de la
miel” o "repletas” son la fuente favorita de azúcar de las poblaciones
australianas que viven en regiones áridas.
"En México,
el consumo de insectos es una costumbre establecida en gran parte de la
población y el número de las especies comestibles asciende a más de 500. Son
animales tan significativos culturalmente que algunas compañías han
desarrollado marcas internacionales, nacionales y regionales de insectos
enlatados para alimento, como los saltamontes (conocidos como chapulines) y
gusanos blancos y rojos del maguey”, detalla Margaría.
Y, continúa:
"En distintas regiones asiáticas las chinches de agua se asan enteras y
constituyen una comida favorita. También, los chinos comen las pupas del gusano
de la seda una vez que le han quitado el capullo, las fríen en manteca y les
añaden la yema de un huevo, y este plato es considerado uno de los bocados más
exquisitos”.
De acuerdo
con la experta, la entomofagia está surgiendo también en los países
desarrollados como EE.UU, Japón y en la Comunidad Europea; los insectos se sirven
en restaurantes de cocina exótica en los que se ofrecen hormigas, orugas de
mariposa y larvas de abejas cubiertas de chocolate.
Pero, como
consecuencia del paso fronterizo de las prácticas del consumo de insectos, se
ha producido un boom de programas televisivos donde los conductores o invitados
se animan a preparar distintas comidas a base de insectos.
El ejemplo
más cercano fue el programa "Por el mundo”, donde el conductor degustaba
distintas clases de cucarachas, orugas y gusanos como una forma de mostrar las
"rarezas” alimenticias. El caso más reciente, también, lo protagonizó la actriz
Angelina Jolie, donde, en un video difundido por la BBC, se la puede ver
cocinando tarántulas fritas y alacranes que luego compartía entre los
presentes. ¿Se está convirtiendo esta práctica milenaria en una moda gourmet?
La Sociedad
Entomológica Argentina (SEA) es una organización que promueve actividades
relacionadas con el conocimiento e investigación de los insectos y arácnidos en
sus diferentes aspectos: sistemática, ecología, biogeografía, citogenética y
entomología médico-veterinaria. Ana Laura Gaddi es bióloga con orientación en
Zoología por la UNLP.
Ella formó
parte de la institución mientras se vinculaba con la temática a través de
distintos especialistas de etno-entomología. Para Gaddi, "esta forma de mostrar
televisivamente como cualquier persona puede llevarse a la boca un insecto es
una estrategia de marketing, que tiene como objetivo empezar a visibilizar el
tema para que comience a naturalizarse. Y eso me parece bien, lo que no
comparto es el modo de hacerlo, porque se hace una especie de show sobre lo
exótico y lo que debería comunicarse en verdad es el valor nutritivo o el valor
agregado que se puede obtener a partir de la producción a gran escala de los
insectos”.
Tanto Gaddi
como Margaría comparten la misma visión. Ambas sostienen que la difusión y la
práctica de ingerir insectos debería ir acompañada de un cambio cultural
porque, claramente, en paises donde la alimentación está regida por las carnes,
resultará dificil la introducción de una nueva dieta.
De no ser
así, lo "repugnante" se hace presente y la primera imagen mental que
se lleva uno es la del plato rebalsado de gusanos vivos o arañas que mueven sus
patas. Pero, lejos de eso, la entomofagia no se limita solo al insecto entero.
Existe, también, la posibilidad de obtener los nutrientes y proteínas a través
de la generación de harinas como también la extracción y obtención de
compuestos específicos que pueden sumarse como aditivos a distintos productos
de la industria alimentaria y farmacéutica. De esta manera, la forma de
incorporar insectos a la dieta es diversa y bastante imperceptible para el
consumidor.
La pregunta
más intrigante sale a la luz: ¿Qué sabor tienen los insectos? "Es sabido que
muchos insectos comestibles tienen sabor a nuez; otros, como las larvas de la
madera, tienen sabor a tocino; en cambio, algunos no poseen un sabor
particular, más bien toman el sabor de los ingredientes con los cuales se los
prepara, como aceite, pimienta, limón, etc.”, asegura Margaría, quién confiesa
haber degustado platos de estas características. Para hacer más digerible el
tema, resulta menester remitirse al origen de la cuestión.
A la conquista de insectos
Todo comenzó
cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) publicó un comunicado alentando el consumo de insectos en el
mundo, tomando como punto de partida las dietas de distintas regiones como,
Asia, África y América Latina. Mientras que en Argentina se celebraba el
Bicentenario de la Revolución de Mayo, distintas misiones de la ONU viajaban
alrededor del globo investigando sobre la entomofagia.
Y varios de
esos estudios arrojaron resultados sorprendentes. Uno de ellos, asegura que los
insectos más consumidos en el mundo son: los escarabajos (31%), las orugas
(18%) y las abejas, avispas y hormigas (14%). Le siguen los saltamontes, las
langostas y los grillos (13%), las cigarras, los fulgoromorfos y saltahojas,
las cochinillas y las chinches (10%), las termitas (3%), las libélulas (3%),
las moscas (2%) y otros órdenes (5%).
No obstante,
siguiendo con el comunicado, los estudios actuales sugieren que, con
frecuencia, los insectos pueden ser una alternativa más barata y sostenible
cuando se toman en cuenta los costos externos de recolección, producción y
transporte (como el agua dulce, las emisiones de gases de efecto invernadero y
el consumo de combustibles fósiles), a la hora de calcular el valor total de
los alimentos que se producen con técnicas convencionales.
Un claro
ejemplo de esto es la obtención de la carne de vacuno que genera un grave
impacto en los ecosistemas naturales y (peor aún) en la vida del animal. Cabe
destacar que, en la actualidad, son más de 1900 las especies de insectos usadas
como alimento por 3 mil grupos étnicos en 120 países.
Asimismo, en
el año 2014, se realizó en la Universidad de Wageningen (Holanda) el primer
evento internacional sobre alimentación basada en insectos, organizado por la
FAO, donde reunió a diferentes empresarios, publicistas, comunicadores,
especialistas, y entomólogos de diversas partes del continente.
"Fue un
espacio generado para mostrar los resultados de distintas investigaciones,
tanto antropológica como bioquímica y biotecnológica, y todo lo que tiene que
ver con la industria alimentaria. También, se evidenció el trabajo que
realizaban las empresas orientadas a la producción de insectos, el tratamiento
de residuos orgánicos con alimento de larvas de insectos comestibles, el
trabajo con las harinas, la cadena alimenticia, etc. Es decir, no solo quedó en
la mera publicación de un documento sino que se propuso compartirlo con el
público”, recuerda Gaddi.
Desde la
patagonia, la Ingeniera Agrónoma y Magister en Entomología, Silvina Garrido,
perteneciente al equipo de Sanidad Vegetal INTA EE Alto Valle (Río Negro),
advierte que, el hecho de fomentar el consumo de insectos, no significa
necesariamente que, en el futuro, todas las dietas se reduzcan a una sola.
"Estamos muy
lejos de cambiar nuestra alimentación compuesta en gran parte por proteínas de
origen bovino por una que se sostiene mediante insectos. Si bien no puedo negar
que es un aporte importante de proteínas de alta calidad, me parece que está
muy condicionado por cuestiones culturales y étnicas. Quizás tengamos otras
fuentes proteicas de alto valor y el desafío es buscar la manera de
revalorizarlas”.
¿Dieta del futuro?
Para
Garrido, la posibilidad de que la entomofagia se convierta en una alternativa
de dieta no es un proyecto viable dada la diversidad cultural que existe a
nivel mundial, pero sí considera necesario fomentar las gastronomías locales
porque son parte de la identidad de los territorios. "No creo que debamos
cambiar la forma de alimentarnos, sino trabajar para que esos alimentos, que son
parte de nuestra identidad cultural, se produzcan de manera sustentable con el
medio ambiente y se combinen de forma equilibrada para que las personas puedan
gozar de buena salud”, agrega.
La
alimentación del futuro es todavía una incógnita, pero surgen nuevas opciones
al considerar la posible escasez de los recursos tradicionales. En ese sentido,
la FAO sostiene que el consumo de carne produce una gran cantidad de emisiones
de dióxido de carbono: se calcula que entre el 14 y el 22 % de dichas
emanaciones tienen su origen en la producción de carne.
"En el
futuro, todas las fuentes de proteínas serán bienvenidas. Se destaca
especialmente en las investigaciones el potencial de los insectos como fuentes
de proteína de alta calidad, además, se sostiene que los insectos, ricos en
vitaminas y minerales, pueden ser una fuente de proteínas alternativa a la
carne de ganado vacuno, bovino y porcino”, argumenta Margaría.
En tal
sentido, se estima que para el 2030 se deberá alimentar a más de 9 mil millones
de habitantes, además de los miles de animales que se crían anualmente con
fines alimenticios o recreativos, como las mascotas. De allí la búsqueda de
nuevas formas de consumo humano. Por el momento, la idea de remplazar el asado
dominguero por una ensalada rica en abejas no es una alternativa posible. Pero,
al menos, lector, sabe con qué puede acompañarlo. Porque, al parecer, los
humanos también pican.
Fuente:
Agencia CTyS-UNLaM