Curiosa historia del auto que Asad ganó en Japón

Ni los 30 años que pasaron pueden opacar la magnitud de la Copa Intercontinental que levantó Vélez al vencer por 2-0 en Japón al Milan el 1° de diciembre de 1994. Incluso el devenir de la historia, en tiempos de Mundial de Clubes esquivo aún para los más brillantes equipos argentinos y para los sudamericanos en general, no hace más que agrandarla al cristal del tiempo.

El Turco Asad junto al auto que nunca pudo manejar. Fue sorteado y con el tiempo despareció. Ahora lo encontraron pra celebrar los 30 años de auqel logro velezano, con la Copa Intercontinental, ante Milan.
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Un puñado de detalles se encargarán siempre de realzar la gesta: los siete jugadores de Inferiores, los pergaminos del rival, la sorpresa de los italianos ante un equipo que, en su soberbia, imaginaban de un nivel de ascenso... Y en esa mezcla de imágenes interminables, siempre asomó una tan emblemática como simpática: el Turco Omar Asad, autor del segundo gol con aquella pirueta imborrable, junto a un auto rojo, el último modelo de la marca que auspiciaba el torneo. Su sonrisa brillaba tanto como la llave gigante que sostenía, simbolizando que ese era su premio a la figura del encuentro.

Pero por un acuerdo previo impulsado por Carlos Bianchi, ese auto no fue para el artillero de Ciudad Evita. Mucho se ha escrito sobre la anécdota en la que el Turco, al comparar esa joya deportiva con su modesto 147, pretendió quedársela a su arribo al país en marzo de 1995, pero fue apretado por José Luis Chilavert y compañía para hacerle respetar el acuerdo previo: el coche sería rifado y el dinero repartido entre todo el grupo. Y así fue, el sorteo realizado en una cena show fue un éxito de recaudación y hubo ganancias para todos. Asad jamás llegó siquiera a subirse al vehículo.

El afortunado hincha que ganó la rifa, Arturo, no tardó en llevarlo a una concesionaria para su venta, y allí se le perdió el rastro. A través de los años, el asunto se metía siempre en la conversación entre hinchas caracterizados. Que alguno conoció a alguien que supo tenerlo. Que averiguó y llegó a dar con un dueño posterior, pero no pudo ubicar a quien se lo había vendido. Uno que solía volver seguido sobre el tema era Darío Tonón, el recordado periodista de Vélez y Su Mundo fallecido en 2021.

Otro que tomó el problema como algo personal fue Osvaldo Rao, parte de una dinastía de voces partidarias del club y cabeza del histórico medio El Fortín de Vélez. En su página de Facebook, relató en primera persona su búsqueda del tesoro y cómo su obsesión lo mantenía siempre a la caza en sitios de compraventa de vehículos usados del país y del exterior, llegando a contactar a cientos de concesionarias sin éxito. ¿Su actual dueño jamás lo pondría a la venta? Y lo que era peor: ¿existía aún el coche?

"No había registros en la Argentina del auto, porque Toyota Argentina llegó recién en 1997, dos años después que haya llegado el de Vélez. Este año, en las celebraciones por los 30 años de Gloria, tenía que aparecer, sí o sí", repasó Rao, quien graficó: "Era irse a dormir y soñar con el auto, con esa imagen del Turco Asad con la llave gigante...".

"En una mañana de septiembre, a los pocos días de los 30 años de la Libertadores, apareció en un portal un auto similar. No quería creer que era ese, porque la desilusión sobre los hombros ya llevaba varios años", explicó. El periodista lanzó el primer contacto, con desfasaje de tiempos entre la ansiedad de un lado y la cotidianeidad del otro, situado en un pueblo del interior de la provincia de San Juan de señal de celular intermitente. Rao pidió fotos y videos para cotejar el vehículo, y de allí pudo dar con la patente para pedir un informe de dominio que confirmó las sospechas: era el auto buscado.

El siguiente paso fue informar al club del hallazgo: a todos les interesaba conseguirlo y quien dio el visto bueno final fue el vicepresidente tercero, Nelson Pugliese, quien terminó viajando junto a Rao a la quinta sanjuanina donde se encontraba la reliquia. Por precaución ante el riesgo de cancelar o encarecer la operación, ambos se cuidaron de no revelarle al dueño, un hombre poco futbolero, la historia del auto.

La transacción no fue tan simple: se lo había comprado hacía 12 años a un concesionario que nunca realizó la transferencia, por lo que para cerrar el papeleo hizo falta sumarlo como parte. Al final, todo salió como esperaban y pudieron volver a Liniers con el deber cumplido. Y, tras una puesta a punto en taller, fue la gran sorpresa de la fiesta del entretiempo ante Sarmiento del último domingo en el Amalfitani que unió a los campeones del mundo sobre el campo de juego.

"¡Ese es el auto que me afanaron!", disparó el Turco Asad en su incredulidad de volver a verlo, durante la presentación del auto en los festejos por los 30 años de aquel título intercontinental, desatando risas en todo el estadio. ¿Será la piedra fundamental para un museo del Fortín?

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