Se fue desde lo más alto, para estar cerca del cielo
No sé si lo habría imaginado tan cerca, pero seguramente debió ser el tránsito que hubiera elegido Cristobal “Kito” Mamaní para irse de este mundo.
En plena montaña, corriendo el Ultra Trail del Manchao, en El Rodeo, como no hace mucho lo había hecho en el Fiambalá Desert Trial, el mayor desafío al desierto en América, o en otras tantas pruebas atléticas a las que permanentemente se sometía. De allí que parece utópico que hubiera, siquiera fantaseado, con la posibilidad de su muerte, pese a sus 77 años.
Es que a esa edad, Mamaní parecía derrochar vitalidad y energía, positivismo puro como el que exhibió a lo largo de su prolífica y multifacética existencia.
Nacido en el seno de una humilde familia de Antofagasta de la Sierra, pudo estudiar como interno del Hogar Tutelar de Menores "Eva Perón” de esta Capital, donde incubó su peronismo practicante, el que mantuvo como ideario hasta su partida final.
Formado como docente, fue maestro y directivo en diferentes escuelas del departamento Belén, pero no de la cabecera "belicha”, sino de los lugares más apartados de nuestro interior profundo.
Con el Prof. Julio César Brizuela, que lo conocía de la docencia, llegó a mediados de los ’80 a la Subsecretaría de Información Pública (SIP), donde exhibió sus cualidades de "todo terreno”, haciendo de chofer, y de fotógrafo o camarógrafo, dos oficios en los que se perfeccionaba constantemente, como lo exteriorizaba ahora en las redes sociales para difundir su pasión por el atletismo.
Ahí fue donde lo frecuente y aprecié cercanamente, admirando sus permanentes responsabilidad y compromiso con el trabajo, como con todas las circunstancias que se le presentaran, por más difíciles que estas fueran. Nunca tenía un "no” como primera respuesta, y siempre estaba dispuesto a encontrar las soluciones que le fueran posibles.
Así transcurría esta última etapa de su vida, fervorosa y casi fanáticamente dedicada a la práctica del atletismo, sobre todo el más duro, el de montaña. El mismo que el sábado pasado, en las primeras estribaciones ambateñas, camino al Manchao, le señalara el camino al cielo.
Por eso en la despedida, más allá del justificado y legítimo duelo de su esposa, sus cuatro hijas y demás familiares, sonó también genuino el "Bravo…Kito…!!!”, que pronunció al multiatleta Marcela Elizabetta, recogiendo el inmediato y entusiasta aplauso de todos quienes se habían acercado para tributarle el "banderazo” final de su última "llegada”.
Para "Kito” la plegaria por un eterno descanso en paz, y para los suyos la necesaria comprensión de una serena y cristiana resignación.
Víctor "Paco” Uriarte