Detractores del Padre de la Patria

En lo que nos enseñan sobre el General José de San Martín y Matorras en la escuela y en muchas biografías del prócer, se omite mencionar que tuvo detractores. Por cierto que los tuvo y muy importantes, como Juan Martín de Pueyrredón –entre otros-.

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A San Martín lo criticaron sectores por cuestiones de intereses económicos o políticos. Hubo oportunistas que aprovecharon una coyuntura para denostar al genial estratega. Por caso como cuando alojó en Cuyo a un derrotado general O’Higgins con su gente. O más allá en el tiempo cuando el Almirante Guillermo Brown alistaba sus barcos en Chile para trasladarse a Perú y confiscó elementos necesarios para la emergencia. No obstante haber pagado por esos elementos hubo quienes que –como “de rebote”-, criticaron a San Martín por lo realizado por el almirante inglés.

En materia de críticos no es aventurado señalar que los hubo de todo tamaño, pelaje y calaña.

Se ha puesto en duda el origen de San Martín, insinuando que era hijo natural de Juan de San Martín, Teniente de Gobernador de Corrientes y –posiblemente- “hijodalgo” español. Este título se discernía entre personas que no eran de la nobleza pero ostentaban una jerarquía importante basada en sus antecedentes y en los servicios prestados  a la corona. Eran los “hijos de hidalgo”.

En las últimas horas de este 17 de agosto del año 2010, a 160 años de la muerte del prócer,  un docente, el Sr. Hugo Chumbita pretende que se le haga un estudio de ADN a los restos de San Martín. Se pretende demostrar quera de origen indígena.

  Hubo un ciudadano chileno, Benjamín Subercassaux que publicó un libro cuyo título es “Tierra  de Océano” publicado en Chile en  1946.

Desde una suerte de prólogo este señor nos apabulla con su curriculum: geólogo, etnólogo, oceanógrafo, mareógrafo, botánico, científico y escritor.

A lo largo de un libro de siete centímetros de espesor desarrolla una teoría según la cual los primitivos pobladores sudamericanos fueron asiáticos. Grandes grupos de asiáticos, embarcados en enormes balsas se trasladaron  a lo largo de muchos años desde Japón hasta el sur de Chile. Aclara Subercassaux que en esas balsas llevaban fuego pero no nos dice con qué lo alimentaban durante travesías que duraban años, según  lo descripto por el polifacético novelista chileno. En abono de su teoría dice que en la Isla de Chiloé los nativos comen algas similares a las que hay en Japón  y las preparan de forma parecida a la de los pescadores nipones.

Hay científicos que relacionan a los nativos de la costa del Pacífico con individuos procedentes de Asia, como el caso de los bolivianos, los collas y otras etnias con rasgos asiáticos que pueblan América del Sur.

Este ciudadano chileno se presta gustoso a publicar –como nota de color de su obra-, un comentario vinculado a las andanzas de una supuesta periodista inglesa a quien presenta como “célebre viajera y escritora Mary Graham” y reproduce –Subercassaux-, fragmentos de un “diario” de Miss Graham fechado entre el 9 y el 16 de octubre de 1822  durante su permanencia en Lima.

La “célebre viajera y escritora” menciona una recepción a la que asiste San Martín, la máxima gloria admirada por los peruanos y según la súbdita del Reino Unido de Gran Bretaña “el general le resultó de baja estatura, muy morocho, sólo hablaba castellano y francés y tenía modales un tanto bruscos y cortantes”. (Estos datos los obtuvo la inglesa durante una pieza que bailó en con el prócer).

Es cierto: San Martín se desempeñaba correctamente hablando en francés que, por otra parte, era el idioma internacional hasta entrado el Siglo XX cuando fue reemplazado por el inglés.

También es cierto que San Martín era de estatura mediana, no era “rubio de ojos azules” sino de tez trigueña y ojos negros con una mirada muy particular que, a veces, inhibía  a sus interlocutores.

Se sabe que a nuestro compatriota no lo atraían ni las fiestas ni las recepciones porque le resultaban tediosas y huecas. Y tenía asuntos importantes que atender.

Es probable que a San Martín la charla de esta inglesa con aires de tilinga le haya resultado pesada y se mostraría poco comunicativo. Para ella que  confiaba en su condición  de seductora este encuentro le debió resultar un fracaso habida cuenta de la simpatía que le demostraron las mujeres al general San Martín.

Tanto a Benjamín como a Miss Mary se los podría  catalogar como ridículos y patéticos de quienes la Historia no ha conservado memoria. El vulgo diría: “Son cuzcos lanudos”.

Lo cierto es que a medida que pasa el tiempo y pese al accionar de sus detractores, la figura del General José Francisco de San Martín cobra mayor dimensión en la consideración de la ciudadanía.

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