Deudas pendientes

Con frecuencia –casi a diario puede decirse--, leemos o escuchamos expresiones tales como que “el Gobierno tiene deudas pendientes”, o que “dejará deudas pendientes”, o que “no atendió deudas pendientes”.

POLITICA

¿Qué clase de “deudas” son las que están o quedarán pendientes, sin ser atendidas adecuadamente por el Gobierno en retirada?

Es muy grande el número de cosas susceptibles de ser consideradas como “deudas pendientes” y su enumeración podría saturar el espacio disponible en este portal.

No obstante, puede advertirse sin esfuerzo que  existen cuestiones más evidentes que otras ya sea por su volumen  o por su significación dentro de la sociedad.

Por  caso, la falta de espacio en el “Palacio de Justicia” (de alguna forma hay que denominar el vetusto edificio de la calle República al 400), un inmueble que hace rato resultó insuficiente para contener todas las dependencias judiciales a consecuencia de lo cual el Estado se ve precisado a alquilar inmuebles en distintos lugares y pagar cifras millonarias en concepto de alquileres.

No es motivo de estas líneas abordar el tema de los procedimientos licitatorios que se llevan adelante cada vez que hay que alquilar un inmueble destinado a convertirse en parte de la sede dispersa del Poder Judicial.

En éste como en otros casos, ¿Porqué no imitar los buenos ejemplos, las soluciones acertadas, las decisiones coherentes?

Si se observa lo que hicieron los salteños será menester concluir con que solucionaron un problema en forma definitiva con su “Palacio de Justicia”, un edificio de 250 metros de frente por 50 de fondo y cuatro pisos de altura equipado con el auténtico “aire acondicionado” y un crecido número de ascensores automáticos.

La playa de estacionamiento anexa tiene capacidad para 300  vehículos, en su mayoría bajo techo.

Es más: con la construcción de este edificio la ciudad de Salta se vio beneficiada por un “polo de desarrollo urbano” de singular magnitud.

Otro caso ampliamente conocido es el que se vincula con “La Casa de las Leyes”, rimbombante denominación para ese inmueble que debió ser hotel pero, merced a un escamoteo, no sumó capacidad hotelera a la capital de Catamarca para convertirse en sede del ”poder legislativo”. Es decir, sede de  la “burocracia parlamentaria”.

También resultó insuficiente el espacio y se recurrió a alquilar inmuebles en las inmediaciones pagando costos elevados en concepto de locaciones, siempre sujetas a reajustes.

Cuando la provincia ocupo el predio perteneciente al ex Regimiento Aerotransportado 17 para convertirlo en un Centro Administrativo, muchos pensaron que la Casa de Gobierno también sería trasladada al predio del ex regimiento y la actual sede gubernamental pasaría a ser un museo integrando un singular atractivo turístico instalado en pleno centro de la ciudad.

La realidad muestra algo muy distinto: se produjo una dispersión de reparticiones gubernamentales con una `parte en el CAPE y otra u otras en distintos lugares de la ciudad conformando un  verdadero “desparramo” que torna dificultosas las gestiones que tiene que cumplir el público.

Existen cuestiones de suma importancia que a lo largo de décadas no han sido observadas por el Estado. Por caso, la merma en la capacidad de embalse del Dique Las Pirquitas.

Es una obra que acaba de cumplir 50 años de existencia pero nunca fue objeto de tareas de mantenimiento, es decir, efectuar un dragado periódico para eliminar el sedimento que se va acumulando en el embalse y que aumenta considerablemente cuando crece el Río del Valle en épocas estivales.

Es obvio que el aumento de sedimentos que aporta el río disminuye la capacidad de almacenamiento de agua pero todo hace suponer que se trata de algo inadvertido por las autoridades responsables de estas cuestiones. Cabe destacar que lo señalado para Las Pirquitas vale también para El Jumeal.

En una provincia que padece frecuentes “crisis hídricas” no se advierte como algo razonable la falta de mantenimiento de estos dos embalses y no resulta descabellado asignarles características de “deudas pendientes” que, seguramente, heredará entre otras cosas, la Dra. Lucía Corpacci.

Finalmente y para no cargar las tintas pondremos la mira sobre la Policía de la Provincia, una institución que requiere en forma urgente una reorganización general que despolitice la repartición. Por cierto, éste es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos pero puede figurar en el listado de las “deudas pendientes”.

No sería justo dejar de lado el elevado nivel de esperanzas que se ha instalado en la gente en vísperas del cambio de gobierno.

Ojalá que esas esperanzas no se vean defraudadas. Nadie ignora la complejidad de la tarea que le aguarda a la futura gobernadora pero cuenta con algo fundamental: la credibilidad y el apoyo de la ciudadanía. Que no es poco.

 

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