El casino de Montecarlo esconde leyendas, espías y una fortuna

Existen lugares en el mundo que al escucharlos inmediatamente evocan imágenes de lujo, glamour y misterio, y sin lugar a dudas Montecarlo es uno de ellos. 

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Este casino fue construido pensando más allá de su papel como establecimiento, pues, en el fondo, se trataba de una propuesta muy arriesgada para rescatar a Mónaco de la ruina. Pero con el pasar de los años, el casino superó con creces este objetivo escondido inicial y, de hecho, terminó volviéndose un ícono cultural que ha atraído a millones de acaudalados de todas partes del mundo, aunque de eso hablaremos más adelante.

El nacimiento del casino de Montecarlo

A mediados del siglo XIX, el Principado de Mónaco estaba en bancarrota, por lo que el príncipe Carlos III necesitaba de forma desesperada una fuente de ingresos significativa que le ayudara a mantener en pie su estado.  

Ante esta súplica, el empresario francés François Blanc se presentó con una posible respuesta, pues, tenía en mente recrear el caso de éxito que logró en Alemania con un casino. Y entre tanto, así fue como a mediados de 1863 Blanc obtuvo la concesión para establecer la Société des Bains de Mer y construir un complejo de ocio de lujo que atrajera a la nobleza europea.

Esto dio como resultado, claramente, al Casino de Montecarlo, un edificio que, como dato curioso, fue diseñado por Charles Garnier, el mismísimo arquitecto de la Ópera de París, que se inauguró tres años más tarde.

Y tal y como lo mencionamos anteriormente, el Casino de Montecarlo fue un éxito rotundo y repentino, tanto así que en apenas un par de años Mónaco pudo suprimir todo impuesto directo para sus ciudadanos. Vamos, algo que sería el equivalente al alza de las acciones en la actualidad. De hecho, la gloria de Montecarlo ha sido tan impresionante, que la ausencia de impuestos se mantiene aún a día de hoy.  

El patio de juegos de la realeza y la aristocracia europea

A finales del siglo XIX y principios del XX, Montecarlo se convirtió en el lugar favorito de reyes, aristócratas y millonarios de toda Europa.  Todos se veían sumamente atraídos por los lujosos salones, las esculturas y las imponentes lámparas de araña doradas.

 Llegar a Montecarlo era un signo de distensión, por lo que este establecimiento ha sido testigo de la visita de zares rusos, príncipes británicos, magnates industriales y casi cualquier otro individuo de la más alta sociedad. Sus hoteles lujosos, sus bailes, sus mesas de juego, tan emocionantes como discretas, eran el refugio de una élite refinada.  

Sin embargo, este casino iba incluso más allá del lugar de juego, por el hecho de que llegó a ser el centro de la vida social más exclusiva del continente europeo.  Pero, por suerte, para el resto de “mortales”, esta exclusividad se opone a la democratización del ocio actual; hoy el casino está al alcance de todos gracias a las versiones online, algo impensable hace décadas,  donde los casinos se reservaban para el disfrute de unos pocos.

Espionaje y secretos en tiempo de guerra

La neutralidad del Principado de Mónaco en ambas guerras mundiales hizo que el Casino de Montecarlo se convirtiera en un lugar peligroso y glamuroso.  En poco tiempo sus salones se llenaron de diplomáticos, hombres de negocios, refugiados adinerados y, sobre todo, espías de todos los bandos.  

Resulta muy curioso que en un continente en guerra, el Casino de Montecarlo era uno de los pocos lugares donde los enemigos podían encontrarse, estudiarse e intercambiar mensajes cifrados entre ronda y ronda de bacará o ruleta.

Al parecer, esta aura de misterio y opulencia decadente inspiró directamente a Ian Fleming, que visitó el casino, para desarrollar el ambiente de su primera novela de James Bond, Casino Royale.  El espía elegante apostando alto mientras descifra tramas internacionales es un arquetipo que tiene su origen en la vida real de Montecarlo.

Cuentos y leyendas sobre el Casino de Montecarlo

Más allá de reyes y espías sin nombre, los salones de Montecarlo han visto desfilar a miles de personajes que forjaron su leyenda.  Desde autores como Fiódor Dostoievski, que inspiró su novela El Jugador, hasta estrellas de cine como Grace Kelly, que se convertiría en la princesa de Mónaco. No cabe duda de que este casino se ha vuelto un verdadero imán para personajes fascinantes.

A esto hay que sumarle las historias de grandes ganadores, como Charles Wells, “el hombre que rompió la banca”, que engrosaron el mito del lugar, aunque muchas veces envueltas en secreto.  Cada pared del lugar parece guardar historias de noches perdidas, apuestas altas y encuentros fortuitos que alteraron destinos.  

Es imposible hablar de la historia cultural de la Riviera Francesa sin mencionar a este casino como un protagonista, y realmente no es descabellado, ya que, después de todo, fue el responsable de salvar su patria, y al mismo tiempo, convertirse en una parte fundamental de su atractivo, creando historia y entretenimiento a partes iguales.

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