El estrecho que puede sacudir al mundo: por qué Ormuz define el precio del petróleo
La tensión en Medio Oriente volvió a poner en el centro de la escena a uno de los puntos más sensibles del comercio energético global: el Estrecho de Ormuz. Se trata de un paso marítimo estratégico por donde circula cerca del 20% del petróleo que se consume en todo el mundo, lo que lo convierte en una pieza clave para la economía global.
El estrecho conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y es la única salida marítima para varios de los mayores productores de petróleo del planeta.
Entre los países que dependen de este corredor marítimo para exportar su crudo se encuentran Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Catar, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos. Todos ellos tienen salida al mar únicamente a través del Golfo Pérsico.
En el extremo sur del estrecho se encuentra Omán, mientras que al norte está Irán, que posee bases militares cercanas a la zona.
Cada día alrededor de 20 millones de barriles de petróleo atraviesan este paso marítimo rumbo a mercados internacionales, especialmente a economías de gran demanda energética como China e India.
El problema radica en que el estrecho es extremadamente angosto. En su punto más estrecho, la distancia entre las costas de Irán y Omán es inferior a 40 kilómetros, lo que lo convierte en un auténtico cuello de botella para el comercio marítimo.
Según la Organización de las Naciones Unidas, los buques de todo el mundo tienen derecho de tránsito por la zona. Sin embargo, en contextos de conflicto esa libertad puede verse amenazada.
Tras los recientes ataques estadounidenses, Irán advirtió que podría atacar embarcaciones (YA LO HIZO) que transiten por la zona para presionar económicamente a sus adversarios. Incluso, el Mando Central de Estados Unidos aseguró haber neutralizado barcos con minas en el estrecho, explosivos capaces de activarse sin necesidad de un enfrentamiento directo.
El impacto inmediato en el precio del petróleo
Antes del recrudecimiento del conflicto, unos 100 buques petroleros atravesaban diariamente el estrecho. Sin embargo, la paralización parcial del tránsito redujo la oferta global de crudo y generó una rápida reacción en los mercados.
El precio del barril llegó a acercarse a los 120 dólares, aunque posteriormente retrocedió hasta 89,68 dólares en el cierre del 9 de marzo. Aun así, los analistas advierten que cualquier escalada militar podría provocar nuevas subas.
El expresidente estadounidense Donald Trump afirmó que el conflicto está “prácticamente terminado” y aseguró que Estados Unidos podría enviar su marina para escoltar a los buques petroleros y garantizar el flujo de energía a través del estrecho.
Este tipo de operaciones no es nuevo. Durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980, Estados Unidos escoltó barcos de Kuwait que transportaban crudo iraquí para evitar ataques en la zona.
Un tema que preocupa a las potencias
Ante la posibilidad de que el conflicto afecte el suministro energético mundial, los ministros de energía del G7 —integrado por Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá— se reunieron para analizar posibles medidas.
Entre las opciones se encuentra el uso de reservas estratégicas de petróleo hasta que se estabilice la situación. Los países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) tienen el compromiso de mantener reservas suficientes para cubrir al menos 90 días de consumo sin importaciones.
En este escenario, el estrecho de Ormuz vuelve a demostrar por qué es considerado uno de los puntos más sensibles del planeta: cualquier crisis en sus aguas puede repercutir de forma inmediata en la economía mundial y en el precio del combustible que pagan millones de personas.