El periodismo de duelo por el deceso del “Negro” Argañaraz
En esta jornada dejó de existir el recordado y apreciado colega Argentino “el Negro” Argañaraz, que, por años, ejerció el periodismo deportivo en el diario La Unión, en paralelo a sus funciones en la ex Subsecretaría de Información Pública (SIP) del Gobierno provincial.
Sus restos son velados en la Casa Funeraria “Virgen del Valle”, sita en Buenos Aires y Maipú de esta Capital, y será sepultados alrededor de las 17 hs., en el Cementerio Municipal “Fray Mamerto Esquiú”, previa misa de cuerpo presente en la parroquia de San José Obrero La Tablada, a las 16 hs.
Fue un “todo terreno”, con el oficio de chofer que desempeñó en la SIP, entre fines de los ’70 y pasados, largamente, los ’90, se acercó a los medios de prensa, con los que mantenía un diario contacto en la distribución de los “partes oficiales”, cuando no existían ni el internet, ni los “whatsap”.
Así trabó amistad con todos los colegas, y, como “culillo” que era, se fue metiendo en las redacciones. La mejor y más bondadosa acogida se la brindaron los queridos Roque Eduardo Molas y Leopoldo “Leo” Romero, a la sazón director y jefe de la sección Deportes del diario La Unión, respectivamente, quienes lo sumaron como colaborador, especializado en el “fútbol chacarero”.
No pasó mucho tiempo, que por su entusiasmo y rendimiento fue sumado a la redacción del diario, siempre en las coberturas deportivas, donde también se mantuvo por varios años.
Curiosamente, su especialidad era del balompié del otro lado del río del Valle, donde cultivó numerosos y nobles amigos, aunque largamente se destacaba la “casi idolatría” que sentía por Don Primo Antonio Prevedello y el Ing. Raúl Colombo, con el que, además, compartía el “amor” por la divisa “albiverde” de San Martín del Bañado. El la Capital simpatizaba con Vélez, por su cercanía en el barrio que lo cobijó toda su vida, La Tablada, y a nivel nacional era un "feroz bostero", de esos como le gusta a Juan Román Riquelme.
Sus laderos inseparables, del periodismo y de la vida, eran otros dos colegas que se nos adelantaron en el tránsito celestial: Manuel González y Ramón Antonio Iramaín, con quienes se profesaban un mutuo y sincero sentimiento de “hermanos”, y con los que supe compartir las empanadas de los sábados al mediodía o los asados en la propia casa del “Negro”, junto a su también apreciados esposa, hijas, hijo y nietos.
Más cercano en el tiempo, supo colaborar -en tareas de prensa- con el Centro de Empleados de Comercio.
Servicial, comprometido con el trabajo y siempre capaz de un esfuerzo más es el perfil que guardaré por siempre del querido “Negro” Argañaraz, con quien, además, tuve el honor de compartir la tarea diaria o los viajes de prensa con la SIP.
"Paco" Uriarte