Emotivo adiós a las Hermanas de la Fraternidad Eclesial Franciscana
Con lágrimas y aplausos, la comunidad de Catamarca despidió a las Hermanas de la Fraternidad Eclesial Franciscana, quienes durante casi seis décadas desarrollaron una intensa labor pastoral en la diócesis.
La Santa Misa se celebró en la parroquia San José Obrero, del barrio La Tablada de Capital, presidida por el párroco padre Julio Ávalos, debido a que el obispo diocesano se encontraba realizando otros sacramentos en el interior de la provincia.
Miembros de instituciones, movimientos y religiosas de distintas congregaciones acompañaron a las Hnas. Hilda Faccioli y Micaela Sosa en esta ceremonia, que reflejó la gratitud y el reconocimiento de la comunidad.
Durante su homilía, el padre Ávalos resaltó la importancia de la entrega a Cristo y el legado de las religiosas: “Estas Hermanas han dejado una huella muy grande, ayudando en Cáritas, en la catequesis y en el Obispado. Catamarca va perdiendo carismas como estos porque no tenemos vocaciones”, señaló, haciendo un llamado a fortalecer la vida sacerdotal, religiosa y matrimonial.
Asimismo, destacó la labor de los jóvenes y la necesidad de inculcar en ellos la atención a los más necesitados, reforzando la educación en valores y la fe cristiana.
La Hna. Hilda expresó: “Nos vamos con el corazón triste porque dejamos una familia. Muchas gracias, los abrazo a todos, y siempre tendré en mi corazón a toda la familia de esta parroquia”. Por su parte, la Hna. Micaela manifestó: “Me voy con mucho dolor, pero edificada. Nunca olvidaré estos seis meses duros, pero llenos de gracia de Dios. Muchísimas gracias y bendiciones para todos”.
En nombre de la comunidad, el catequista René Coronel agradeció a las Hermanas por su entrega: “Nos enseñaron a vivir el espíritu franciscano, a la providencia y la oración, y fueron un ejemplo de vida. Son parte de nuestra familia. Que este no sea un adiós sino un hasta pronto”.
El cierre de la ceremonia incluyó la bendición especial del padre Ávalos a las Hnas. Hilda y Micaela, así como al matrimonio de Ángel y Crescencia, y la consagración de todos los presentes a la Santísima Virgen María, dejando un recuerdo imborrable de servicio, fe y compromiso con la comunidad catamarqueña.