Entre el Ambato y el Ancasti, un filologo enamorado
El escritor y cineasta Víctor Leopoldo Martínez analizó y publicó en su sitio on line “El Emilio”, la presentación del libro “El sentido de la literatura”, del periodista Juan Francisco Uriarte, realizada días atrás en el marco de la 3ra. edición del Festival de la Palabra y las Artes.
Transitar la senda que lleva a tratar de
encontrar "el sentido de la literatura” no es un trabajo menor, y por lo visto
no lo fue para un joven que comenzó a recorrerla, por lo poco que conozco de
él, hace ya tiempo. Según sus propias palabras pareciera que toda carga
emocional junto al deber personal frente a determinada responsabilidad (o sea
una "respuesta adecuada” según entendía la responsabilidad Krishnamurti), se
alivianan y hasta se vuelven agradables cuando el motor que mueve el soplo
divino es el amor, la felicidad y el placer que despierta trabajar en lo que a
uno le gusta, disfrutar que uno existe y puede concretar la misión asignada
para este paso terrenal.
"Hagan lo que realmente les gusta, disfruten
con hacerlo, descubran el placer que esto produce, encuentren la felicidad
haciéndolo; sean felices”; palabras más palabras menos es lo que simplemente se
limitó a sugerir Juan Francisco Uriarte, joven escritor catamarqueño, a la
nutrida concurrencia que lo acompañó la noche del 30 de septiembre del 2016
cuando presentó su libro en la Casa de la Cultura de San Fernando del Valle en
el marco de la tercera edición del Festival de la Palabra provincial.
Para los tiempos que corren en nuestra Patria
donde volvieron a reaparecer viejos y perversos signos de aquella intolerancia
eurocéntrica que cual serpiente desovo en aquel "Tratado de Versalles del "19”
(1976) y los nacientes reptiles rompieron sus cascaras en la Alemania de los
"30” (2016), quemadora de libros, torturadora de pensares y sentires
diferentes, que un joven se anime y rescate esa ilusión de Ernesto Guevara por
recuperar el valor del trabajo para los jóvenes, buscando sacarle esa tristeza
que genera la necesidad del mismo en razón de conseguir el sustento diario,
algo impuesto por la codicia capitalista: "…todavía no le hemos dado al trabajo
el verdadero sentido. No hemos sido capaces de unir al trabajador con el objeto
de su trabajo”, haría decir a Fromm (Erich): "Este pibe le perdió el miedo a la
libertad”.
Al recorrer las páginas de su obra uno
descubre al joven auscultador de pasiones, pensares y sentires de diversos
autores volcados en textos varios, en toda su magnitud; sana curiosidad que lo
lleva a desarrollar su trabajo rescatando los aporte que recibió de la
escolástica académica pero sin hacerle asco a la transgresión de sus estrictas
reglas encasilladoras.
Veo en esa pasión hecha belleza
interpretativa de creaciones ajenas lo que le da a su obra mayor envergadura.
Su lectura despierta a nuestros dormidos pero curiosos duendes y ellos nos
vuelven a empujar al amoroso deseo de recuperar el hábito de la lectura, tan
postergado hoy en día por priorizar la vorágine asentada en el voraz consumo de
cuestiones intrascendentes.
Su obra nos invita a incursionar en el
descifrados de esos maravillosos mundos narrados, versados por diferentes
autores en sus creaciones literarias, mundos que en no pocas ocasiones muestran
perversión y miserias humanas, en otros nobles y esperanzadores deseos,
forjados a fuerza de amores y odios, de frustradas pasiones mundanas, donde con
una rara habilidad y mucha naturalidad se mezclan el amor por la vida con el
sentido de la muerte, donde esas miserias humanas y la hipocresía se pavonean
desnudos y sin prejuicio alguno, y la grandeza del hombre en ocasiones vuelve a
las catacumbas del anonimato por sentirse inservibles, o al forzado silencio
que impone el instinto de preservación.
Coincidiendo con Fontela cuando le toco
presentar la obra y hablar del autor, Uriarte va descubriendo y te muestra que
los verdaderos creadores literarios nunca dan recetas por ser respetuosos de la
inteligencia; en sus obras simplemente se limitan a transitar el camino de las
letras dejando estelas de libre albedrio para que se desplacen las diferentes
interpretaciones. Uriarte admira en los creadores el respeto por la
inteligencia y la libertad.
A fuerza de ser sincero debo reconocer que la
lectura de "el sentido de la literatura” me hizo víctima de mis propios y
reiterados reclamos hacia el sistema de educación formal nacional, desnudando
en mi una marcada incultura sobre la existencia de tantos prolíficos autores
nacionales y americanos, al tiempo de poner en evidencia lo acertado de mi
reclamo. Uriarte desnudó mi ignorancia en relación a esto como yo lo vengo
haciendo con el sistema educativo desde hace largo tiempo por esconderlos.
La honestidad me obliga a reconocer que
desconozco a casi todos los autores que Uriarte utilizó para concretar su
trabajo tanto como las obras a las que acudió. Esto despertó en mi la
curiosidad antes señalada y el deseo de acceder a ellos; pero también me
despertó no poca nostalgia de aquellos años setentinos que me vincularon con
obras y autores que jamás había oído nombrar en mis años de secundaria. Fue
entonces y lejos de mi provincia que conocí a los Peruanos Vallejos,
Mariátegui, Scorza, al cubano Carpentier. Mientras padecía mi condición de
"cabecita negra” en la "iluminada” Buenos Aires y trataba de asimilar y comprender
mi nuevo lugar de residencia vinculándome con Arlt, traté de entender Adán Buenosayres de un
Marechal para mi desconocido y un tanto complejo a la par de un Enrique Medina,
un Kieffer o un Bioy Casares. Así transcurrieron mis primeros años en la gran
"Capi” que comenzaba a convulsionarse políticamente. Los estudios
universitarios y las urgencias políticas sumado al necesario ostracismo que
ciertos y no lejanos tiempos imponían y mi fuerte vínculo con la pedagogía y el
periodismo que para mi significaron un refugio seguro, fueron desviando
atención y mis preferencias de lectura hacia otros autores y obras. Uriarte y
su obra me devolvieron el deseo de reencontrarme con aquel amor por la buena
lectura que en algún momento y en un rincón cualquiera de mi vida había dejado,
quizá postergado.
En este bello valle que me vio nacer y que
hoy me tiene de regreso, encajonado entre los majestuosos cordones del Ambato y
el Ancasti, encontré un pibe, filólogo él, que con su muestra de amor por el
trabajo de crítico literario, me permitió volver a conectarme con una parte muy
importante y apasionada de mi vida, la lectura en general.
Con una excelente selección de textos,
escudriñados en sus aspectos más íntimos y que no viene al caso comentar en
esta reseña, "El sentido de la literatura”, obra del joven escritor Juan
Francisco Uriarte editada por Lago Editora de la Pcia de Córdoba, es un trabajo
muy recomendable y de lectura obligatoria por ser orientadora de bibliografía;
especialmente para aquellos que necesiten recuperar el viejo y fiel amor que
significa para la vida de cualquier humano este tipo de reencuentro alimentador
de la imaginación creativa. Amor por la buena lectura; quizá el único modo de
conocer y mantener un contacto dialógico con el mundo y otros humanos en ese
bello juego de acercamientos que la literatura regala.
Por Víctor Leopoldo Martínez