La envidia
En el Día del Psicólogo, Bruno Jerez nos explica sobre la envidia y cómo combatirla cuando se transforma en psicopatología. El discurso del envidioso es repetitivo, monocorde y compulsivo respecto de lo que envidia y de con quién compite. Su vida no gira sobre su realidad, sino sobre lo que desea conseguir ya que no lo tiene. La insatisfacción, la frustración y la rabia, le dominan y hacen que su vida le resulte poco grata.
Buena definición la de Harry Stack Sullivan "un sentimiento de aguda incomodidad, determinada por el descubrimiento de que otro posee algo que nosotros creemos que deberíamos tener".
Efectos de la envidia sobre el envidioso
Además de ansiedad, trastornos del apetito y del sueño, alteraciones de la resiliencia, incide en la actitud hacia la vida, deformando la relación con los otros que van desde convertirse en eterna víctima hasta la adopción de una postura defensiva que se traduce en modos irónicos, altaneros, fríos, distantes y de menosprecio hacia el envidiado. La lengua, aliada incondicional elucubra frases despectivas y peyorativas. Traslada el veneno con el que morirá buscando el antídoto.
Los envidiosos adoptan una posición de superioridad, de distancia inalcanzable, sufren impotencia, desánimo y complejo de inferioridad, sentimientos de rabia, rencor e ira, que le mantendrán dependiente de la persona que envidian. Esa inferioridad que no admite es incapaz de reconocer sus limitaciones ya que las interpreta como signos de debilidad, detesta darse cuenta que su infelicidad no se debe a aquello de lo que carece y que el otro si lo tiene, sino a que no sabe valorar lo que tiene; y pendiente de la vida de los demás no asume la suya propia.
¿Como trabajarla?
La envidia es tan antigua como el hombre mismo, fue objeto de estudio de poetas y científicos, abnegados a desentrañarla y eliminarla solo quedó reconocerla. Nombrada como un pecado capital se patentiza en el mito de Caín y Abel. Se posicionó en el imaginario colectivo como constitutiva del ser humano. Todos sentimos envidia de algo o alguien en algún momento de nuestra vida, la notamos en el sufrimiento (secreto) que nos produce el éxito ajeno. Habremos de aceptar la envidia como un sentimiento humano dentro de nosotros y aprender a convivir con ella, hacerla positiva, transformarla en admiración y combatirla cuando derive en psicopatología y perjudique el equilibrio emocional.
La postura de la prevención
Los adultos tenemos una misión: mejorar el mundo en que vivimos, por eso debemos estimular la empatía, la capacidad de ponernos en lugar del otro. Favorecer la confianza en uno mismo y en los demás, desarrollando expectativas y modelos positivos sobre las relaciones sociales. Establecer en nuestros hijos relaciones correctas y equilibradas con los demás niños. Relativizar las diferencias sociales uno es bueno para algo y yo lo soy para otra cosa. Valorar correctamente nuestra capacidad, sin infravalorarnos ni sobrevalorarnos. Colaborar (dar y solicitar ayuda). Vivir con optimismo, centrar la atención en los aspectos positivos de la realidad. Relativizar el éxito propio y si es posible, tomarlo incluso un poco en broma. Para prevenir la envidia es preciso conocer dos importantes habilidades: la comparación con uno mismo, que permite adquirir el sentido de progreso personal; y la comparación con múltiples grupos de referencia, pero especialmente con aquellos de rendimiento similar al propio, con los que es posible obtener cualquier resultado.
Para Fernando Savater, la envidia es muy curiosa, porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia. La gente por ella tiende a mantener la igualdad. Produce situaciones para evitar que uno tenga más derechos que otro. Al ver un señor que ha nacido para mandar dices, “¿por qué estás tú allí y no yo? ¿Qué tienes que yo no tenga?” Entonces la envidia es en cierta medida origen de la propia democracia, y sirve para vigilar el correcto desempeño del sistema.
Sigmund Freud opinó al respecto: "Quien posee algo precioso, pero perecedero, teme la envidia ajena, proyectando a los demás la misma envidia que habría sentido en lugar del prójimo”.
El sabio Baltasar Gracián escribió en su Arte de la prudencia (1647): "No hay venganza más insigne que los méritos y cualidades que vencen y atormentan a la envidia [...] Este es el mayor castigo: hacer del éxito veneno", hasta la honradez y la bondad pueden usarse con el malévolo propósito de azuzar la envidia!
Esquilo de Eleusis: Quien no es envidiado, no es digno de serlo.
Miguel de Unamuno: La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.
Molière: El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.
Jorge Luís Borges, ha hecho sociología argentina con su celebre frase “El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable". Nos ha ubicado como herederos…
El Internet hoy 19.07.2007 nos dice que hay 1.610.000 páginas en español de la envidia. ¡¡¡Parece q hay envidia en el mundo!!!
El ser humano debe construirse y generar andamios para que el otro que nos rodea saque lo mejor de si mismo. Martha Gerez Ambertin nos pregunto… ¿Por qué los argentinos no nos queremos curar?
BRUNO JEREZ
Psicólogo-Abogado
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Catamarca (4700)