En el Estadio Bicentenario, falló la seguridad
Hay consenso generalizado en cuanto que la inauguración del Estadio del Bicentenario fue una fiesta desde todo punto de vista. Es con relación al incidente protagonizado (según opinión generalizada) por hinchas de Policial, que consideramos que el o los dispositivos de Seguridad no estuvieron la altura de las circunstancias.
A propósito, queremos agradecer al lector Julio Pérez por su amable aporte al señalar que en el Estadio se jugó la final del Sub 15. Es un dato que ingresamos al Archivo como corresponde.
¿Fue un descuido? ¿Se trató de un exceso de confianza por parte de los organizadores que no pensaron en la posibilidad de que ocurrieran desmanes? ¿Faltó imaginación? ¿Fue un error de apreciación? Es poco menos que innumerable la cantidad de preguntas posibles de ser formuladas en torno a este asunto de la Seguridad.
Afortunadamente, el lamentable episodio protagonizado por un reducido número de aficionados ha servido para dejar al descubierto una falencia relativamente grave como es la falta de un sistema de cámaras de televisión que cubran visualmente todo el Estadio. Nos parece que la sola presencia de estos aparatos “oteando el horizonte” con singular prolijidad producen un efecto positivo desalentando a los ocasionales violentos ante la posibilidad de ser plenamente identificados y –consecuentemente-, severamente sancionados.
Estimamos que aún se está a tiempo de disponer una inversión para dotar al Estadio de la aparatología de última generación que haga posible “marcar presencia” a un sistema destinado a colaborar en le preservación del orden y la protección de los bienes pertenecientes al Estado. Mientras tanto, resultaría muy conveniente que los técnicos policiales, comúnmente llamados “sabuesos”, agudicen el olfato todo lo posible para detectar a los autores del daño producido. En Catamarca “somos pocos y nos conocemos mucho”. Es poco probable que los implicados en este episodio se abstengan de hacer comentarios. Es más, para algunos aficionados la rotura de varios asientos podría ser considerada como una hazaña digna de ser festejada, aunque cueste creerlo.
Es evidente que este asunto no puede ni debe quedar impune a riesgo de marcar un antecedente por demás cuestionable.
De última, que la institución a la cual pertenecen los autores se haga cargo. Es lo menos que merecen los aficionados al fútbol y la ciudadanía toda. Que quede perfectamente establecido que nadie tiene derecho a alterar el orden y para el que lo haga, que no haya impunidad sino el condigno castigo.