¿Estos jóvenes son “el futuro”?
La crónica policial consigna a diario un detalle de los hechos más protuberantes que suceden en el ámbito de la ciudad Capital y sus alrededores.
Es a través de ese informe que se puede acceder a un surtido de hechos delictivos de mayor o menor importancia, incluyendo procedimientos policiales en procura de interrogar a sujetos que se hallan en actitud sospechosa y son denunciados por los vecinos. Desde la riña entre borrachos hasta el detenido por homicidio calificado, todo se puede saber a través de estos informes que reflejan el acontecer delictivo que campea en la ciudad y zonas aledañas.
Adviértase que se trata del accionar policial que trabaja en forma incansable en procura de mantener la ley y el orden.
Pero parece que no alcanza. De un tiempo a esta parte, han aparecida unos grupos de jóvenes que se dedican a perpetrar actos vandálicos en locales comerciales, automóviles y todo lo que se encuentre a su alcance. A veces, en esos grupos, se nota la presencia de jóvenes mujeres.
El denominador común es el estado de ebriedad que presentan todos con casos en los cuales al alcohol lo acompañaron con drogas.
Y a la salida de los boliches, en horas de la madrugada se dedican a romper vidrieras y robar mercadería exhibida en ellas, dañar autos y consumar cualquier tropelía que les venga en ganas. No faltan las grescas entre ellos. El consumo de drogas y alcohol posibilita que estos grupos se pongan agresivos y que “se desconozcan” como dice el vulgo.
Estos elementos presentan un comportamiento parecido al que se observa en los revoltosos de la Avenida Galíndez y que da lugar a numerosas quejas por parte de los vecinos.
Hasta la fecha y que se sepa, la policía no ha podido con ellos y sería muy interesante conocer los motivos por los cuales estos inadaptados continúan actuando con toda impunidad.
Afortunadamente, estos elementos antisociales forman grupos poco numerosos. No todos los jóvenes que concurren a los boliches bailables exhiben esta clase de conductas dado que no todos consumen alcohol y drogas.
Pero es de urgente e imprescindible necesidad que los grupúsculos de vándalos juveniles sean objeto de un efectivo control que ponga fin a sus andanzas dañinas, totalmente impropias de personas civilizadas y dotadas de un mínimo de respeto por lo ajeno y por su propia persona.
Y si los recursos policiales no son suficientes para obtener un accionar exitoso que elimine el cuadro de inseguridad que generan estos elementos, será cuestión de reforzar el patrullaje habitual y colocarse al acecho de esas reducidas bandas de potenciales delincuentes y proceder a su aprehensión inmediata.
Una vez colocados bajo área judicial, será cuestión de interrogar a los padres y madres de estos sujetos en procura de hallar la causa por la cual su educación adolece de semejantes fallas.
Será ése el momento y la circunstancia para que los responsables adopten las medidas conducentes que pongan fin a un estado de cosas singularmente peligroso habida cuenta de posibles reacciones protagonizadas por los afectados por los actos de vandalismo. Nadie está en condiciones de adivinar lo que puede ocurrir en el supuesto de que una víctima reaccione en forma violenta.
“Más vale prevenir que curar” sostiene el refrán y de eso se trata. Concretar acciones en forma urgente, antes que estas cosas pasen a mayores y haya que lamentar hechos irreparables, haciendo constar que no estamos fogoneando la violencia sino, simplemente, formular una advertencia.