Fabio “Buyú” Oliva está pidiendo ayuda
Fabio “Buyú” Oliva volvió a ser noticia (en ”policiales”) a raíz de un incidente que protagonizara en la Peatonal Rivadavia cuando agredió a una persona propinándole golpes de puño y causándole lesiones. Según pudo saberse, el boxeador fue detenido y alojado en una dependencia policial.
Resulta doloroso consignar esta clase de noticias que en el caso de “Buyú” –lamentablemente-, se han vuelto reiterativas dado que no es la primera vez que el ex campeón protagoniza esta clase de episodios.
La conducta de quien fuera motivo de orgullo para los catamarqueños se ha transformado de manera notable y hay se lo ubica entre los individuos violentos capaces de incurrir en toda clase de excesos.
Como no somos doctos en estas cuestiones que tienen que ver con la conducta de las personas, nos tomamos la libertad e incursionar en el campo de las divagaciones y en ese tren suponemos que lo de Oliva no se arregla metiéndolo preso.
Ningún juez está en condiciones de aplicarle –al Buyú”-,el tratamiento que necesita.
Nadie advierte, hasta el momento, que este hombre está asustado. Muy asustado. Porque percibe que hay algo en su interior que escapa a sus posibilidades de control. Y eso le provoca miedo, La agresividad que evidencia periódicamente este comprovinciano es una forma (tal vez patológica) de pedir ayuda y como le parece que nadie se da cuenta, insiste en sus ocasionales atropellos de los cuales, posiblemente, se sienta avergonzado cuando recobra una relativa normalidad y pone distancia con el estado de confusión en el cual se debate.
Pero –insistimos-, la cura (si existe) no está en dependencias policiales ni en los estrados judiciales. Tal vez resulte chocante pero el ex campeón necesita la intervención de psiquiatras capacitados para aplicar la terapia adecuada para el cuadro que presenta Oliva.
En términos generales no es aventurado suponer que los desórdenes que se advierten en la in-conducta de Oliva obedezcan al consumo de drogas y alcohol, funcionando en un medio que no es el más indicado para un supuesto deportista que llega a la cúspide de su carrera a fuerza de puñetazos, rotación de torso y juego de piernas. Y mucho, muchísimo gimnasio y vida ordenada.
El “Buyú” tuvo todo eso y supo del éxito. Pero la contratara de su carrera no lo acompañó. En lugar de ello Oliva estuvo rodeado de gente que no contribuyó en absoluto para que su comportamiento fuera el que corresponde a un sujeto que se gana la vida en un cuadrilátero protagonizando agresiones controladas y reglamentadas, con la presencia de un árbitro y un público que paga para ver un espectáculo que no siempre resulta agradable o edificante pese a ser considerado como “el deporte de los puños” y figurar en los torneos olímpicos.
Tal vez sin proponérselo, “el entorno” no le resultó favorable a este boxeador. No lo contuvo ni lo asesoró convenientemente y a la hora de los incidentes no atinaron a ponerlo bajo el cuidado de especialistas.
El “Buyú” necesita ayuda en forma urgente y a esta altura de los acontecimientos el único en condiciones de brindar esa ayuda es el Estado. Y autoridades conscientes de lo que significa un individuo cuya peligrosidad parece ir en aumento en un clima de descontrol verdaderamente alarmante.
Parafraseando a Perogrullo, vale recordar que Fabio “Buyú” Oliva es un ser humano digno de ser asistido en procura de salvarlo de incidentes más graves que lo podrían tener –en el futuro-, como protagonista.
Dios ha de querer que la ayuda no se demore demasiado. El tiempo apremia. Y “Buyú” está solo, asustado y pidiendo ayuda.. Aunque no lo parezca.