Falleció Monseñor Elmer Osmar Miani
Este domingo 25 de mayo, a las 18.05, en la provincia de Córdoba, falleció el Obispo Emérito de Catamarca, Elmer Osmar Ramón Miani, quien gobernó la diócesis catamarqueña durante 17 años. Sus restos mortales arribarán este lunes 26, alrededor de las 9.00, para ser velados en la Catedral Basílica.
Por su parte, el martes 27 a las 11.00 será la misa de cuerpo presente, presidida por el Obispo Diocesano, Monseñor Luis Urbanc, y concelebrada por sacerdotes del clero catamarqueño. Posteriormente recibirá cristiana sepultura en el mismo Santuario Mariano.
Monseñor Miani tenía 81 años de edad, cumplidos el pasado 23 de abril, ocasión en que un grupo de sacerdotes de Catamarca viajó expresamente para compartir con él este acontecimiento en su lugar de residencia, el Hogar San Camilo de Lelis, ubicado en la localidad de Argüello, de la provincia de Córdoba.
El Obispo Emérito había nacido en Villa Concepción del Tío,
provincia de Córdoba, el 23 de abril de 1933. Fue ordenado sacerdote el 20 de
setiembre de 1958; elegido Obispo Titular de Ceciri y Auxiliar de Córdoba, el 7
de noviembre de 1983 por Juan Pablo II; ordenado obispo el 12 de diciembre de
1983 en Córdoba por el cardenal Raúl Francisco Primatesta, Arzobispo de Córdoba
(co-consagrantes: Mons. Cándido Genaro Rubiolo, Arzobispo de Mendoza y Mons.
Jesús Arturo Roldán, Obispo Auxiliar de Córdoba; trasladado como Obispo
Diocesano de Catamarca el 19 de diciembre de 1989, tomó posesión el 3 de marzo
de 1990; renunció por edad el 27 de diciembre de 2007.
Misa en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
La Iglesia de Catamarca, agradecida por su intensa acción
pastoral durante su episcopado, eleva súplicas al Padre por el eterno descanso
de su alma en todas las misas que se celebran en la Catedral Basílica de
Nuestra Señora del Valle y los templos del territorio diocesano.
Esta noche, a las 20, en la parroquia del Sagrado Corazón de
Jesús, donde se encuentra finalizando su visita pastoral, el Obispo de Catamarca,
Mons. Luis Urbanc, preside la Santa Misa rogando por el alma de su antecesor.
Su despedida: "Mi corazón y mi oración no tienen otra meta
que la Iglesia de Catamarca”
El lunes 28 de mayo de 2012, al día siguiente de la fiesta
de Pentecostés, el Obispo Emérito de Catamarca, Mons. Elmer Osmar Miani, se
despidió de la diócesis, luego de permanecer en la tierra de la Virgen del
Valle durante 22 años y 17 en el gobierno eclesiástico, al que renunció debido
a problemas de salud.
Desde el ambón dio su mensaje
El día anterior, celebró la Santa Misa en cuya homilía,
Mons. Miani dijo: "Mi despedida transitoria de Catamarca la quiero hacer desde
la perspectiva de Pentecostés. Después de 22 años de compartir con ustedes, en
este momento, mis fuerzas me dicen que tengo que buscar otra posibilidad de
vida. Lo que hice, lo hice, y el Espíritu de Dios sabrá discernir si lo hice
bien o mal. Espero que la misericordia del Señor juzgue bondadosamente lo que
hice. De ustedes me quiero despedir simplemente con un ‘muchas gracias’, y un
‘perdón’ por todo lo malo que he hecho”.
El aplauso de los presentes
Luego recalcó emocionado: "Yo no estaré aquí, pero yo soy
obispo de aquí. No soy el obispo que
ejerce la responsabilidad pastoral, pero cuando me ordené obispo y cuando
llegué a Catamarca, me dieron un anillo, que me decía que ésta era mi esposa
muy amada. No estaré aquí, sin embargo, seguiré caminando con la Diócesis de
Catamarca. Mi corazón y mi oración no tienen otra meta, no tienen otro destino,
no tienen tampoco otras expectativas. Lo único que me queda como expectativa es
simplemente que la Iglesia de Catamarca crezca como cuerpo de Cristo en la
línea que nos mostró hoy la Carta de Pablo a los Corintios sobre el cuerpo
místico de Jesucristo. Es lo único que tiene sentido, y esto es también lo
único que le da sentido a mi vida ahora. Con mi gratitud, mi cariño, les dejo
mis saludos, a todos, mis ‘muchas gracias’ y a todos pido perdón”.
Hacia el final imploró: "Que la Virgen del Valle sostenga,
alimente, anime con los apóstoles pidiendo a Jesús la gracia del Espíritu para
que ésta sea la Iglesia de Jesús ahora, aquí en la tierra, y para siempre
gloriosa en el cielo, donde estaremos todos juntos con la ayuda de Dios”.
Sus palabras fueron cerradas con un fuerte y sostenido
aplauso de la asamblea, que inundó el recinto sagrado.