Faltas de respeto hacia el idioma

Aparecen cada tanto a caballo de expresiones que se prestan para la modificación de una palabra determinada cuando es pronunciada pero no cuando se la escribe.

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Lo apuntado viene a cuento con motivo del acceso a un plano importante de la información de una cuestión vinculada con un ciudadano de apellido Angelina a quien algunos locutores e informativistas de radio y TV le dicen “Anyelina”.

Si al apellido de esta persona lo escribiéramos con j –Anjelina-, sonaría exactamente igual que en su grafía habitual y original en idioma castellano. No descartamos la posibilidad que ese apellido tenga su origen en otro idioma cuya cuna haya sido el latín.

Según nuestro archivo, este cambio en la pronunciación tuvo comienzo hace un cuarto de siglo cuando se popularizó el apellido del gobernador de Córdoba, Dr. Eduardo César Angelóz a quien le “inventaron” “Anyelóz”.

En una ocasión consulté sobre este “fenómeno” con el desaparecido hombre de radio y TV Carlos Javier Bravo. Fue lapidario en su respuesta: “Lo hacen para llamar la atención o por tilinguería; es una falta de respeto por el idioma y hacia el apellido”. Huelgan los comentarios.

Otro error muy frecuente es el que ocurre con los laureados por los suecos del Premio Nobel. Son pocos los que pronuncian correctamente este apellido, que no lleva acento.

Y tal vez lo más llamativo escuchado en estos últimos tiempos fue en el transcurso de un informativo cuando el locutor dijo que “…se desarrolló una importante reunión con las altas  ésferas del gobierno…”.

 

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