La Santa Misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y
concelebrada por el Delegado Episcopal para
la Pastoral Familiar,
Pbro. Eduardo López Márquez, en el Paseo de
la Fe, donde se dio cita una gran cantidad de fieles
y peregrinos que arribaron a nuestra ciudad para honrar a
la Reina del Valle.
Durante la ceremonia, los matrimonios presentes renovaron
sus promesas matrimoniales, y al finalizar la celebración eucarística se llevó
a cabo
la Serenataa
la Santísima Virgen,
con la presencia de los hermanos peregrinos.
TEXTO COMPLETO DE
LA HOMILIA
Queridos Devotos y Peregrinos:
En este noveno día de la novena en honor a nuestra Santísima
Madre del Valle,
la Iglesiarecuerda la memoria del obispo san Ambrosio, arzobispo de Milán; y rinden su
homenaje
la Pastoral
Familiar diocesana, el Movimiento Familiar Cristiano, Grávida, el Equipo de acompañamiento a
Embarazadas, Renacer y Familiares de víctimas de accidentes automovilísticos.
Bienvenidos a esta celebración.
La temática que se propuso para este último día de la novena
consiste en proclamar las maravillas de
la Misericordia del
Señor; y quién más idónea para enseñárnoslo que
la Virgen María que, con
su Magnificat, nos dejó un poema magistral sobre
la Misericordia de Dios,
de la que fue particularmente beneficiaria y por medio de Ella toda la
humanidad.
El Papa Francisco, para invitarnos a vivir el Jubileo
extraordinario de
la
Misericordia, se hace eco de la enseñanza de san Juan XXIII,
quien decía que: «En nuestro tiempo,
la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de
la Misericordia y no
empuñar las armas de la severidad…
La Iglesia Católicaquiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de
Misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella». En el mismo
horizonte se colocaba también el beato Pablo VI quien se expresaba de esta
manera: «Queremos hacer notar que el Espíritu que animó al Concilio ha sido
principalmente la caridad, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano. Una
corriente de afecto y admiración se tuvo desde el Concilio hacia el mundo
moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que
la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor».
Jesucristo es el rostro de
la Misericordia del
Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta
palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de
Nazaret. El Padre, «rico de Misericordia» (Ef 2,4), después de haber revelado
su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y
pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios
modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud
del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación,
Él envió a su Hijo nacido de
la
Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor.
Quien lo ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra,
con sus gestos y con toda su persona revela
la Misericordia de Dios.
Por ende, siempre necesitamos contemplar el misterio de
la Misericordia. Esfuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación
(MV n° 2).
Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos
llamados a tener la mirada fija en
la Misericordia para poder ser también nosotros
mismos signo eficaz del obrar del Padre (MV n° 3).
Uno de los males endémicos de nuestra sociedad es la
corrupción a todos los niveles. Esta situación que, lamentablemente, se
connaturalizó, necesita muchísimo de
la Misericordia de Dios. De allí que el Papa, en el
n° 19, hace un firme llamado contra la violencia organizada y contra las
personas ''promotoras o cómplices'' de la corrupción, a la que denomina
"llaga putrefacta"; e insiste que en este Año Santo haya una
verdadera conversión: "¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida!
Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante a tantos crímenes
cometidos, escuchen el llanto de todas las personas depredadas de la vida, de
la familia, de los afectos y de la dignidad. Seguir como están es sólo fuente
de arrogancia, de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien
distinto de lo que ahora piensan. El Papa les tiende la mano. Está dispuesto a
escucharlos. Basta solamente que acojan la llamada a la conversión y se sometan
a la justicia mientras
la
Iglesia les ofrece misericordia”.
Una hermosa síntesis nos ofrece el Salmo 84 que hemos
meditado: "Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya
cerca de sus fieles, y su gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y
la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota
de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y
la tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus
pasos” (Sal 84,10.11-14).
El relato del evangelio, Lc 5,17-26, describe la feliz
conjunción entre el esfuerzo humano, los amigos que son capaces de perforar el
techo de la casa para colocar al paralítico delante de Jesús, y del obrar de
Jesús, el testigo de
la
Misericordia de Dios para con nosotros, capaz de transformar
la realidad de una forma inesperada y nueva. Jesús perdona los pecados, y Jesús
cura. El paralítico es ahora un hombre nuevo en todos los sentidos.
Posiblemente los amigos se habrían conformado con que hubiese vuelto a caminar.
Pero Jesús, Dios, va más allá en su curación, renovando en plenitud el interior
de la persona herida por el pecado y la enfermedad.
Creer es mantener las expectativas abiertas a la acción de
Dios, que rompe nuestros esquemas y abre un futuro nuevo para nosotros. Creer
es situar nuestra esperanza, nuestra acción y nuestra forma de comportarnos
ahora mismo, más allá de lo que la razón nos dice que es posible. Creer es
comprometerse ya por una vida honrada, servicial, inclusiva, cordial, solidaria
y pacifista, aunque eso nos cueste la vida y no veamos los resultados en mucho
tiempo.
Que
la
Santísima Virgen nos ayude a abrir los corazones de nuestros
hermanos para colocarlos ante el trono de
la Misericordia de Dios
que siempre perdona y sana.
¡¡¡Viva
la
Virgen del Valle!!! ¡¡¡Viva
la Madrede las Familias!!!