Una fuerte correntada afectó el puente de acceso al Barrio CGT
Como resultado de la abundante lluvia caída sobre el sector Sur de la ciudad, el puente de acceso al Barrio 50 Viviendas CGT resultó afectado por la fuerte correntada de agua proveniente de la zona alta que forman las primeras estribaciones de la sierra de Ambato.
La fuerte precipitación motivó que algunas calles del Barrio se convirtieran en verdaderos arroyos cubriendo la calzada de vereda a vereda y medio metro de altura circulando velozmente en busca de históricos drenajes a través de los cuales toda esa agua llegaba al Río del Valle.
Ocurre que esos “históricos drenajes” ya no existen, la ignorancia, la imprudencia y la desidia de la gente los ha ido cubriendo de escombros, chatarra y basura de toda naturaleza,
Pero el agua –tozudamente- persiste en buscar el Río del Valle y es por ello que descubre nuevos cauces en reemplazo de los que funcionaron durante milenios,
En esa búsqueda y al cabo de varias horas el agua se llevó por delante el puente de acceso al Barrio 50 Viviendas CGT y lo dejo intransitable.
Posteriormente, personal de Vialidad de la Provincia procedió a reparar los daños causados por la fuerte correntada y el puente de marras recuperó sus funciones.
Resulta oportuno destacar que este puente fue construido como un elemento provisorio para permitir el ingreso al Barrio en forma un tanto precaria y con la advertencia de que no está habilitado para el tránsito de vehículos que superen los 3.500 kilos de peso.
No obstante y al no existir ningún cartel que indique la susodicha limitación, el puente es transitado a toda hora por camiones cargados y colectivos del transporte automotor de pasajeros.
Es evidente que la irresponsabilidad de la gente ha modificado sustancialmente la topografía de la zona y con ello también ha cambiado el trazado y la ubicación de los ya señalados “históricos drenajes” que se pueden advertir a partir de la observación –en el terreno-, de los antiguos puentes del ferrocarril que han sobrevivido al saqueo y destrucción del terraplén, los rieles y los durmientes.
La luz (o tamaño) de esos puentes dan la pauta de los caudales de agua que fueron oportunamente calculados a partir de los registros pluviométricos que organizaron los ingleses a partir del año 1825, quince años después de la Revolución de Mayo y un lustro después que George Stephenson y su hijo Robert pusieran en marcha una locomotora relativamente confiable para arrastrar los vagones de un tren a principios del Siglo XIX.
Fue entonces que los ingleses supieron que le iban a vender tecnología ferrocarrilera al resto del mundo y para ello era menester conocer qué pasaba con los ríos y arroyos de todo el planeta, dato éste obtenible mediante registros pluviométricos. “Visión de futuro”, como suelen decir, propia de nuestros ancestros los anglosajones.
Uno de los primeros en repartir pluviómetros en el Centro y Norte del país fue el doctor Eduardo Schrivever, un joven médico inglés que recorrió vastas zonas de Argentina haciendo estudios climatológicos.
Con esos datos y a partir del año 1850 se iniciaría la construcción de ferrocarriles hacia todos los rumbos a partir del puerto porteño y podremos advertir que es muy raro que un puente ferroviario o un terraplén sean cubiertos o afectados por las aguas de ríos y arroyos.
Pero la mano del hombre, en ese sector sureño de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, cometió la torpeza de obstruir un drenaje natural sin advertir que el agua volverá, indefectiblemente siempre, a buscar ese viejo camino y en tanto y en cuanto no lo encuentre, podrán registrarse problemas y daños como los que motivaron esta nota.
La Naturaleza nos ha enviado un mensaje. Los funcionarios de Medio Ambiente tienen la obligación de descifrarlo a la mayor brevedad. Antes que el agua en busca del río provoque una tragedia.