Garbanzos del NOA ya se consumen en toda Italia

Marcelo Vega es un productor cordobés que aprovechó las ventajas de la infraestructura puntana.

ECONOMIA

El corredor productivo que une Quines con Candelaria (en San Luis) es un claro ejemplo de diversificación productiva. Apoyadas por la posibilidad de tener riego artificial y por un clima amigable para todo tipo de cultivos, a lo que hay que sumar la infraestructura que instaló el gobierno provincial, son varias las empresas que se instalaron y trabajan esas tierras con diferentes siembras que aportan colorido y dan un aspecto distintivo.

A lo largo de la ruta 79, ingresa al Noroeste argentino (NOA) por La Rioja, donde ya el paisaje es mucho más árido y menos trabajado, se instalaron firmas que más allá de los cultivos tradicionales de verano como la soja y el maíz, hacen algodón, pusieron algún que otro tambo, crían ganado de manera intensiva o, como Marcelo Vega, apostaron por las legumbres, en su caso el garbanzo, que no está muy desarrollado en la zona.

Vega es de aquellos que decidió un cambio radical en su vida. Primero dejó la locura de Buenos Aires para instalarse en Córdoba cuando tuvo la oportunidad, ya que trabajaba en la empresa Fiat, que justo había abierto una nueva planta de ensamblado de sus autos en la localidad de Ferreira. Como ingeniero químico, hizo carrera en la automotriz italiana hasta que un día dijo basta. Fue allí cuando el campo lo recibió con los brazos abiertos, como suele hacer con aquellos que demuestran ganas de aprender, invertir y progresar.

Junto con un compañero de trabajo en fábrica Fiat en Córdoba, Julio Páez, dejó la empresa y acometió una mucho más complicada para un neófito en la producción: cultivar garbanzos para venderlos en Europa, donde sabía que había un mercado ávido por las legumbres. Aprovechó los contactos italianos que le dejó su paso por la automotriz de Turín, sobre todo cuando estuvo en la línea de tractores New Holland, y comenzó con un negocio que, como todo lo que se hace al aire libre y al imperio del clima, tiene sus riesgos. Pero ambos estuvieron dispuestos a correrlos.

“Siempre estoy en busca de cosas nuevas, basta de soja, maíz y trigo, de eso ya hay bastante en la Argentina. Los garbanzos abren un abanico de posibilidades y hay poca competencia para exportar. Por eso nos jugamos a hacerlo en dos zonas poco tradicionales como San Luis y Catamarca”, cuenta el productor desde su casa en Villa Allende, Córdoba, donde vive con su esposa Mariana y sus cuatro hijos. Está agradecido de haberse decidido a arrendar campos en San Luis, ya que a Córdoba le fue muy mal este año con la legumbre debido a la sequía y los problemas que trajo el fuego.

Así fue que crearon la firma Cosechas del Sol, con la que buscan la diversificación agrícola y sumar exportaciones a los números que maneja San Luis. “En esta campaña, que estamos a punto de levantar, hicimos 300 hectáreas en Candelaria y otras 300 en Frías (Santiago del Estero, justo en el límite entre Catamarca.

Todo con riego artificial, por supuesto, si no fuera así sería más costoso cosecharlo que dejarlo en el campo tirado. El año pasado fue de precios bastante bajos, pero al revés de lo que pasó con otras actividades, la pandemia resultó beneficiosa para las legumbres”, cuenta Vega. El garbanzo se siembra en mayo y se cosecha a fines de noviembre porque así escapa a las heladas de mayo y a las lluvias de diciembre, que pueden llegar a "lavar" los granos y dejarlos blancos, lo que los hace inviables para la exportación.

Claro, la aparición del coronavirus obligó a las sociedades a encerrarse en su casa y planteó la necesidad de tener una alacena completa con productos secos. Y allí las legumbres tallaron fuerte. “Y no solo por una cuestión de acaparar alimentos, también porque hay una tendencia muy marcada a comer más sano, sobre todo en las sociedades desarrolladas y en las capas jóvenes. En el caso de los garbanzos, había un año de stock en el mundo y se agotó en solo nueve meses, eso elevó los precios y lo volvió un negocio muy rentable. Y esto no termina acá: en cinco años la demanda de proteína natural va a ser enorme”, analizó.

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