Las heroínas olvidadas de Malvinas

A 36 años de la guerra, esta entrevista con Ester Algañaraz y Ramona Nieto, describe las vivencias de las enfermeras civiles durante la fatídica conflagración del Atlántico Sur.

Ramona Nieto y Ester Algañaraz forman parte del dolor por Malvinas.
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Como cada 2 de abril, hoy recordamos aquella jornada de 1982 en la que las tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas con el objetivo de recuperar la soberanía que, en 1833, había sido arrebatada por las fuerzas armadas de Gran Bretaña. Desde el fin de esa guerra devastadora e insensata, en cada nuevo Día del Veterano de Guerra y los Caídos en Malvinas los recordatorios repiten un sentido similar: honramos a los que volvieron del frente de batalla, a los muertos, a los caídos, a los soldados cuyos cuerpos descansan en las profundidades del mar y las islas del Atlántico Sur.

Pero como todos los años, la reivindicación deja de lado a muchos protagonistas de aquella que, más allá de los desaciertos, fue una verdadera gesta heroica de miles de argentinos y argentinas que defendieron nuestra Patria con sus vidas.

En Catamarca tenemos la grandeza de contar con la presencia de una de las tantas heroínas olvidadas de Malvinas, Ester Algañaraz, quien junto a un grupo de enfermeras civiles del Hospital Naval Puerto Belgrano vienen realizando una tarea reivindicatoria de largos años, pero que cobró fuerzas cuando el ninguneo de las Fuerzas Armadas llegó a un punto inaceptable el 2 de abril de 2012.

El ninguneo militar

Ese día Algañaraz, que había sido invitada por la gobernadora Lucía Corpacci para recibir un reconocimiento por sus tareas en el mencionado hospital militar, sufrió en carne propia las ineptitudes de la burocracia militar, cuando el presidente del Centro de Excombatientes de Malvinas, Francisco Cardozo, dio la orden de que la sacaran del lugar. ¿Las “razones”? No ser catamarqueña y no tener “los papeles” que reconocieran su labor. Gracias al respaldo de su marido, el periodista Luis Rodríguez, aquel día ese incidente quedó en un “plano menor”, pero la invisibilización de las 150 enfermeras civiles que formaron parte del conflicto bélico con la tarea gigantesca de sanar corporal, espiritual y anímicamente a los soldados heridos, sigue vigente.

Lo vimos hoy mismo, en el acto que tuvo lugar esta mañana en el flamante monumento a la Gesta de Malvinas: las mujeres no sólo están ausentes en la nueva estatua (representada por un soldado) que se erigió con rapidez en las últimas semanas. Hoy tampoco hubo mención para las enfermeras, ni tampoco para los combatientes “continentales”, aquellos soldados, igual de jóvenes y valerosos, que mantuvieron a buen resguardo nuestras costas durante la campaña bélica.

La Gesta es de todos los argentinos

 “Vimos el nuevo monumento y eso pertenece al Ejército, y la guerra no pertenece sólo al Ejército, es de todos los argentinos”, explicó Ester durante una larga charla que mantuvo con Catamarca Online días atrás. La mujer nos recibió en su hogar junto a Ramona Nieto, otra de las enfermeras civiles que curaron a cientos y cientos de heridos de guerra que llegaban al Hospital Naval en plena conflagración, cuando los horarios de doce horas –de por sí extenuantes– se hicieron de veinticuatro por la incontable llegada de nuevos magullados por balas, esquirlas de torpedos, fuego y frío brutal. 

Durante esa charla en el chacarero barrio de La Antena, las mujeres fueron reconstruyendo el camino de sus reivindicaciones, y fue Ramona la que plantó bandera rápidamente: “hay que remarcar que las enfermeras no figuramos en ningún lado en los registros del hospital, porque como éramos civiles nosotras fuimos ubicados en un rango menor, y no figuramos. Formamos parte de la fuerza, pero de la pirámide somos el último eslabón, y por eso no nos tuvieron nunca en cuenta”.

El forzado “olvido” de sus tareas tiene una razón muy evidente, como lo explicó Ramona: “hablamos de una institución militar, con jefe militar, subjefe militar… y nosotras no teníamos ningún tipo de rango. Dentro del personal civil sí, estábamos jerarquizadas, pero entre nosotras, no para los militares. Hasta el personal subalterno, de menor categoría, tenía más reconocimiento jerárquico que nosotras. Lo que nosotras necesitamos es que la institución, la Armada, en algún momento, reconozca nuestra labor. Nuestra lucha es de las enfermeras, porque nació de una enfermera que es nuestra mentora, Ester”.

La conexión entre Ramona y Ester viene estrechándose desde aquellos días en los que pasaban sus días consolando heridos, cambiándoles los vendajes, limpiándolos, alimentándolos, dándoles palabras de aliento en un contexto terrorífico que mostraba, con el avance de aquel abril lejano, lo insostenible de ese intento dictatorial por ganar la voluntad de un pueblo que ya había agotado sus esperanzas en la cúpula militar imperante.

“Fue algo inútil”

El diálogo fue extenso, mucho más de lo que aquí se refleja. Las lágrimas de Ester y Ramona por sus propios hijos formaron parte del encuentro tanto como la integridad de sus declaraciones. Pero si hablamos con ellas no es sólo para tratar de visibilizar su lucha, sino también, para seguir buscando entender, 36 años después, las sinrazones que nos llevaron al combate: “Fue algo inútil. Fue una ambición desmedida de poder, porque esto se podría haber arreglado por la vía diplomática, como se está trabajando hoy. Si se hubiera pensado mejor en ese momento, por estos días no hubiéramos visto todos los programas que hoy vemos de los caídos en Malvinas: ésos son los verdaderos héroes, las 649 víctimas de ese proceso militar”.

Hay más, muchos más protagonistas por recordar, incluso más invisibilizados. Sin ir más lejos, más de 1000 excombatientes se suicidaron en el transcurso de estos años a partir del daño psicológico que les provocó la Gesta de Malvinas. Prestar atención a estos protagonistas olvidados quizás sea la mejor manera de rumiar ese pasado que, de tan oscuro, se nos escapa de las manos.

Por Juan Francisco Uriarte para Catamarcaonline

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