Huracán profundizó la crisis de Boca: 1 a 0

Con un golazo de Matko Miljevich, Huracán venció a Boca por 1-0 en la continuidad de la fecha 3 del torneo Clausura de la Liga Profesional y volvió a ganarle en el Ducó después de 30 años. De esta forma, el “Xeneize” llegó a la peor racha de su historia con 11 partidos sin poder conseguir una victoria.

MILJEVIC festeja su golazo para el triunfo de Huracán sobre Boca, por el torneo Clausura.
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El Xeneize, que venía de ser eliminado en Copa Argentina ante Atlético Tucumán, pudo haber sido goleado de no ser por Agustín Marchesín El Xeneize, que sumaba dos empates, recibirá en la próxima a Racing y el Globo visitará a Tigre.

Tal vez a esta altura los jugadores de Boca, sumidos en una profunda crisis futbolística que excede cualquier clima ajeno a la pelota, no sepan que si dejan fluir sus intenciones y su talento natural -sin agregarle trabajo ni ideas- tendrían mejores rendimientos de los que vienen teniendo en su actual camino en picada rumbo a quién sabe qué. Y que se repitieron en el lapidario y hasta corto 0-1 que se trajo de su visita a la cancha de Huracán.

El asunto se agrava con decisiones inexplicables desde el banco de suplentes y hasta la exposición de situaciones insólitas como la del cambio mal ejecutado en el inicio del complemento.

Esa imagen, la de Miguel Merentiel (el único capaz de salvarse del aplazo en la primera parte) dejando la cancha rumbo al vestuario cuando desde el costado opuesto le mostraron la chapa de salida para el ingreso de Milton Giménez, dio una idea de cómo explicar el momento de un Boca tomado por el desconcepto.

Una falta de principios básicos que no deja fuera del papelón ni siquiera al recién llegado Leandro Paredes. Porque en Boca nadie puede salvarse solo, y ya no parecen quedar espacios para que un arresto individual termine resolviendo los problemas del conjunto.

Ese desconcepto que parte desde el cuerpo técnico (con el propio Miguel Ángel Russo sosteniendo que le gustó el equipo que perdió entresemana ante Atlético Tucumán), se vio reflejado en múltiples detalles del partido en el Ducó.

Por ejemplo, cuando de movida el equipo salió disparado al ataque y uno de sus hombres plantados para el desborde era el reaparecido Milton Delgado. O cada vez que Agustín Marchesin (mal que mal, quien evitó una goleada histórica en contra) ensayaba amagues a los delanteros rivales quedando siempre al borde del ridículo.

También cuando antes del cuarto de hora Luis Advíncula le bajó con el taco una pelota perfecta a Rodrigo Cabral que casi abre el marcador.

O cada vez que Edinson Cavani bajaba hasta su propia área. O ante las reiteradas veces en las que Alan Velasco frenaba su marcha para sacarle peligro a una contra en velocidad.

O (hay ejemplos de sobra) tras ver a Tomás Belmonte ensayar una chilena inofensiva como si fuera ese volante con llegada que estuvo en el radar pero nunca terminó llegando.

En ese contexto, contar lo que fue el partido puede pasar a un segundo plano, aunque merece sí un párrafo porque Huracán tuvo mucho mérito en reconocer el momento y las falencias de Boca y lo maniató de punta a punta. Fue punzante con sus lanzadores Cabral y Miljevic, tuvo en Gil un pulmón que empardo y les ganó a los tres cincos de Boca, no pudo concretar más porque Tissera falló de más y porque Marchesin tuvo una de sus mejores noches en el club.

Pero su gran virtud fue la paciencia: porque esperó su momento y fue y fue hasta que tuvo premio con una de las tantas veces en las que mientras sus jugadores peleaban un ataque que parecía diluirse, sacaron ventaja ante una defensa xeneize tan pasiva como en el resto del partido. Y -por supuesto- la deliciosa definición del 10 del Globo hizo el resto.

Para Boca, ahora que terminó la semana, hay una certeza y es que está definitivamente en el peor momento en décadas, al punto de haber alcanzado su peor marca histórica de partidos sin triunfos con 11 encuentros, desde aquel 2-0 ante Estudiantes, con Gago y a mediados de abril.

El resto, como quedó planteado y más, son preguntas. Dudas. De cómo salir del encierro en el que quedaron Russo y el equipo, pero más aún de cómo dar un paso en positivo.

Para el final, otra escena del desconcepto. Dos, en realidad. Porque Marchesin y Battaglia casi hacen un papelón en una salida del fondo en los minutos de descuento.

Y -ya con el pitazo final- la decisión de Russo y Cavani (los líderes del grupo, referentes y responsables del momento) yendo a pedirle explicaciones al árbitro en lugar de encabezar la marcha a un vestuario perdedor. Que los necesita con la cabeza en alto, pero asumiendo la carga negativa de un momento que necesita mucho más de ellos dos.

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