La Iglesia tiene tres nuevos lectores y un acólito
Fue durante una ceremonia concretada el sábado 23 de julio presidida por el Obispo Luis UrbanÄ, y concelebrada por el Obispo Emérito, monseñor Elmer Miani. Participó un gran cantidad de fieles.
Durante una ceremonia concretada el sábado 23 de julio, el Obispo Diocesano, Mons. Luis UrbanÄ, instituyó como acólito al joven Facundo Ariel Brizuela, perteneciente a la parroquia Inmaculado Corazón de María (Capital); y ministros Lectores a Juan de Dios Gutiérrez, de la Parroquia Nuestra Señora de Belén; Martín Melo, de la parroquia San José Obrero (Capital); Diego Manzaraz, de la parroquia Santa Rosa de Lima (Capital); y Eduardo Navarro, de la parroquia San Juan Bautista (Tinogasta).
La Santa Misa estuvo presidida por Mons. Luis UrbanÄ, y concelebrada por el Obispo Emérito, Mons. Elmer Miani; el Vicario de Pastoral, Pbro. José Antonio Díaz, el párroco anfitrión, Pbro. Héctor Salas, y sacerdotes del clero catamarqueño y de la Arquidiócesis de Tucumán.
Una gran cantidad de fieles, entre quienes se encontraban familiares, amigos y miembros de las comunidades parroquiales a las que pertenecen los flamantes lectores y acólito, colmó el templo parroquial de San José Obrero, ubicado en el barrio La Tablada, en la ciudad capital, para participar con mucha emoción y recogimiento de la celebración y elevaron súplicas por estos jóvenes, quienes actualmente realizan su etapa de formación en el Seminario Mayor Arquidiocesano Nuestra Señora de la Merced y San José, de Tucumán. Luego de la celebración litúrgica, los presentes compartieron un brindis fraterno.
Acolitado y Lectorado
El Acolitado es el ministerio a través del cual, quienes transitan hacia la consagración sacerdotal deben cuidar del servicio del altar. Ayudar al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa, entre otros servicios.
En tanto, el Lectorado es el primer ministerio recibido en el camino al orden sagrado. La función del lector es leer la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, a excepción del Evangelio, y acercarla y difundirla a todos los fieles para su respuesta en la fe, entre otras funciones.