La imprevisión, un factor que contribuye para aumentar el caos
Fue suficiente que lloviera en forma copiosa y sostenidamente para que toda la provincia se viera incomunicada, con derrumbes interrumpiendo las rutas y viviendas inutilizadas a lo que debe sumarse la falta de energía eléctrica y el colapso de los sistemas de distribución de agua potable.
Por cierto, los que trabajan a tiempo completo y “sacan las castañas del fuego” son los integrantes del Cuerpo de Bomberos y la gente de la Dirección Provincial de Defensa Civil. No es aventurado señalar que están concretando verdaderos milagros con su accionar solidario y altamente profesionalizado.
Pero como sucedió en ocasiones anteriores, un acontecimiento imprevisible como es un sismo o un temporal de agua como los ya ocurridos deja al descubierto la absoluta falta de previsión que campea a nivel oficial.
Guardando las debidas distancias y a riesgo de que parezca una ridiculez, se trata de la situación que existe en la mayoría de los hogares que carecen de un paquete de velas guardado en la heladera y una caja de fósforos fuera del alcance de los niños, Menos todavía tener una linterna ubicada en lugar seguro y un juego de pilas para la radio.
Cuando se produce un corte de energía eléctrica en horas de la noche no siempre se puede correr hasta el almacén del barrio para comprar velas y fósforos. Lo mismo ocurre con el agua denominada “mineral” cuya calidad suele ser más que dudosa pero de la cual no tenemos una pequeña reserva para casos de emergencia como los que suelen darse con demasiada frecuencia.
Funciona – a toda marcha-, la imprevisión. Algo que está instalado en la población y trasciende -obviamente-, a los estamentos oficiales.
El surtido es muy amplio. Desde el funcionario que dispone la compra de los materiales que se utilizan en estos casos, hasta el técnico que abre una calle sin considerar niveles, pendientes y vías de escurrimiento de agua llovida hasta la gente de un dispensario que carece de insumos para atender un chico con diarrea, con un bronco espasmo o con un corte en la cabeza o en una rodilla: el clásico accidente tan común en los chicos.
A partir de la aparición de los teléfonos celulares, un elemento digno de tener en cuenta como valiosa herramienta al servicio de la seguridad de las personas, estos aparatitos pasaron a ser de uso masivo por parte del público en general y de las reparticiones oficiales en particular. Pero sucede que los teléfonos móviles dependen del funcionamiento de las correspondientes antenas y los cortes de energía pueden afectar estos sistemas de comunicaciones que, en el caso de organismos oficiales vinculados a la seguridad, la asistencia médica y en general a los entes destinados a auxiliar a personas en emergencia, la imposibilidad de contactos cobra singular gravedad.
Para solucionar este problema se cuenta con los denominados “teléfonos satelitales”, un servicio más caro que el de los celulares pero que no depende de las famosas antenas, cuestionadas periódicamente por los ecologistas.
Por cierto, los satelitales no son para mandar mensajes de texto a la novia, a los programas de radio ni cosas por el estilo. Si se apela a ellos en forma bien organizada lo indicado podría ser el funcionamiento de uno de estos aparatos en puntos estratégicos de la ciudad, de los pueblos o de la provincia. Con un número reducido de personas que se encarguen de mantener ese servicio durante las 24 horas y. todos los días del año. No hace falta una oficina especial ni un “lugar físico”. Con la sola portación del aparato por parte del o los responsables será suficiente.
La falta de previsión que se advierte en muchos organismos oficiales y el mecanismo que se utiliza cuando surge un problema induce a sospechar de cierta intencionalidad vinculada a la corrupción. No es lo mismo comprar colchones, o chapas o agua mineral o lo que fuere mediante una .licitación pública que salir “plata en mano” (Es un modo de decir) a efectuar compras directas a proveedoras no siempre inscriptos en los registros pertinentes.
“Estamos en emergencia” y en ese estado de cosas, todo vale. Incluso algún sobreprecio justificado por el apuro o por lo que sea. La falta de previsión puede resultar muy interesante para ciertos corruptos.
Y también la imprevisión tiene que ver con la mayor o menor capacidad de gestión y conducción de los funcionarios que son designados al frente de organismos del Estado y no siempre cuentan con los conocimientos y las capacidades necesarias.
Pero esa podría ser otra historia digna de ser contada en otra entrega.