Incendios forestales versus Brigadistas en una lucha desigual y peligrosa
Con motivo de un incendio desatado en inmediaciones de Londres pudo saberse que los brigadistas tuvieron que esperar a que un camión cedido por la comuna los trasladara hasta el escenario. Vale decir; carecen de movilidad propia y quedan a merced de una burocracia que actúa negativamente ante la emergencia.
Como algo aparentemente invariable, al llegar cierta época del año los incendios forestales se convierten en noticia de primera plana y de tiempo completo.
Por las experiencias recogidas a lo largo de los años, se sabe que muchos de estos incendios son provocados por pobladores que ignoran el peligro que representan esos fuegos cuando se salen de control como ocurre habitualmente.
Es entonces cuando quedan al descubierto por una parte el coraje y la vocación de servicio de los Brigadistas y de todos los que se atreven a combatir las llamas y por el otro, la ostensible imprevisión del Estado en lo tocante a proporcionar todos los elementos que se necesitan para enfrentar un adversario que cuenta –invariablemente-, con el auxilio de fuertes vientos que avivan espectacularmente las llamas tornándolas, por momentos, imposibles de apagar.
En las últimas horas se supo de la posible colaboración del Gobierno riojano traducida en el envío de un avión hidrante. Lamentablemente se trata de una alternativa imposible de utilizar pues los fuegos instalados a dos mil metros de altura en zona montañosa y con vientos que superan los cuarenta kilómetros por hora impiden la operación aérea. Intentarla sería un acto de irresponsabilidad.
Con motivo de un incendio desatado en inmediaciones de Londres pudo saberse que los brigadistas tuvieron que esperar a que un camión cedido por la comuna los trasladara hasta el escenario. Vale decir; carecen de movilidad propia y quedan a merced de una burocracia que actúa negativamente ante la emergencia.
Por cierto, cada vez que se producen estos siniestros nos acordamos que una vez, “allá lejos en el tiempo” hubo una licitación para comprar un helicóptero que estaría configurado para trabajar como sanitario trasladando enfermos y como hidrante colaborando con los Brigadistas apagando incendios. ¿En qué quedó esa compra? No es aventurado sospechar que se trata de un “expediente extraviado” en la inmensidad de una burocracia singularmente espesa y pesada que caracteriza a la administración pública que también oculta, muchas veces, el hecho de que la plata destinada a un objetivo es derivada a otro, por eso de las “partidas presupuestarias”.
No es fácil calcular el costo de miles de hectáreas arrasadas por el fuego y la vegetación convertida en cenizas a lo que hay que sumar los gastos que se originan combatiendo el fuego. Lo cierto es que se tiene una cierta sensación de indefensión ante estos siniestros de la cual nos sacan, a veces, los valerosos y sacrificados Brigadistas que trabajan en evidente desventaja y se imponen, finalmente, a fuerza de coraje y persistencia, arriesgando la vida sin que el Estado aporte efectivamente con los elementos adecuados y necesarios.