La espantada, un caso poltergeist en un sanatorio de Catamarca

La profesional de la medicina que cumplía funciones de guardia nocturna en un sanatorio privado de la ciudad capital de Catamarca jamás se imaginó lo que iba a pasar durante una jornada laboral.

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El caso ocurrió el año pasado y por la imposibilidad de cambiar el horario por uno diurno dejó de trabajar en la clínica. Es que a las pocas semanas de la traumática experiencia aún le quedaban secuelas de aquella terrorífica noche.

Recuerda que desde la primera guardia nocturna que le tocó hacer escuchó ruidos extraños como puertas que se abren, pasos, golpes, aunque los atribuyo a ruidos provenientes de edificios vecinos y a los pisos de abajo ya que ella se encontraba en el tercero, antes de la azotea y la sala de máquina.
En la sexta noche laboral llegó como siempre, saludó a sus compañeros, no más de 4 personas que cumplían tareas diversas propias de un centro de salud. Tras permanecer en el primer piso junto a sus compañeros durante un par de horas, se dirigió a su oficina en el piso de arriba para descansar en una camilla a la espera de algún llamado de urgencia. Se durmió profundamente. Habrán sido las 4 de la mañana, calculó, cuando sintió un terrible sacudón y ardor en su cintura, como si le hubieran asentado un hierro caliente en la piel. El salto que dio fue instantáneo y se incorporó al lado de la camilla. Fue entonces que observó una figura fantasmagórica de una mujer de largos cabellos salir por la puerta que estaba semiabierta. Aterrorizada caminó raudamente hacia las escaleras y se dirigió hacia la planta baja en busca de sus colegas y el guardia de seguridad. Les contó lo sucedido y fue entonces que uno de ellos, le confesó que en ese piso, durante la noche, ocurren fenómenos extraños y que la figura fantasmal de la mujer ya fue vista en otras ocasiones. Al paso de los minutos y ya en compañía fue tranquilizándose aunque el ardor en su cintura y panza continuaba. Fue una compañera que se ofreció a revisar la zona donde sintió la quemazón y es así que se dirigieron al pequeño consultorio contiguo. Al sacarse la ropa la otra mujer empalideció por lo que vio: una mano marcada en la piel. Se distinguían claramente los dedos y la palma de la mano.

Ante el estupor y las expresiones guturales de terror, los demás llegaron y también observaron las huellas que había dejado el fantasma. Alguien sacó una foto con su celular.

Con el correr de los días, el caso fue pasando al olvido y entre los trabajadores con mayor antigüedad rememoran que el fantasma sería el de una mujer de unos 40  años que falleció en el tercer piso tras perder un embarazo.

La espantada jamás regresó por el lugar.

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