La necesidad de cambiar

En los últimos 30 años, el gasto necesario para que el Estado cumpla sus funciones básicas (seguridad, justicia, defensa, etc.) ha representado entre 5% y 7% del PBI. El resto consiste mayormente en salarios, jubilaciones, subsidios sociales y subsidios económicos. Los empleados del sector público representan el 20% de la fuerza laboral y su remuneración asciende a 14% del PBI, la mas alta de América Latina.

ECONOMIA

Un estudio del BID sobre gasto público en América Latina reveló que la Argentina no solo tiene los niveles mas altos de gasto, tanto a nivel nacional como provincial, sino que además tiene las pérdidas mas altas por despilfarro e ineficiencia (7,2% del PIB en comparación con un promedio de 4,4% para América Latina, 3,7% para Uruguay y 1,8% para Chile). 


Según un estudio de la CEPAL, entre los países del del Cono Sur, la Argentina es el único en el que la incidencia de la pobreza aumentó en el período 2002-2019, a pesar de tener el gasto social más alto de América Latina.


Esta claro que el gasto público excesivo e ineficiente contribuye al estancamiento, además genera incertidumbre y lo que es peor no disminuye la pobreza, sino que al contrario la aumenta. Debemos ahorrar mucho y gastar bien, desarrollar la cultura del trabajo, que hemos perdido, lo mismo que el esfuerzo propio y la iniciativa privada. 


Otra característica del sistema político argentino es su resistencia al cambio, hace casi 8 décadas que venimos de fracaso en fracaso o de crisis en crisis y no nos animamos a cambiar. Y no es que podamos afirmar que nuestra zona sea de confort y que el cambio sea innecesario. No, hace mucho que dejamos de ser una promesa, casi cien años se están por cumplir del gobierno de Marcelo T. de Alvear, signado por el crecimiento y el progreso que nos había convertido en una potencia mundial. Hemos transitado un siglo y seguimos estancados. Es hora de intentar algo distinto. 


La fase alcista del ciclo de los precios de los commodities permite a los gobiernos expandir el gasto público excesivamente sin generar inflación de inmediato. La fase bajista deja al desnudo la inviabilidad financiera de este esquema, la inflación reaparece de manera virulenta y se estanca la economía. 


Esto que pasa hace años en nuestro país y en la provincia, es la explicación breve de nuestras penurias. Es por eso, que es necesario que nos animemos a cambiar, porque de seguir así, usando los mismos métodos, seguiremos obteniendo los mismos resultados y por ende seremos cada vez mas pobres. Solo habrá una elite cada vez mas reducida de beneficiados por este injusto sistema.

Los números y las estadísticas no mienten, es una falacia que el Estado sobre protector nos vaya a salvar y nos saque de la pobreza. El asistencialismo populista y las dadivas son una verdadera trampa, que hunden cada vez mas a los más pobres y lo peor es que la brecha se agranda ante cada fracaso. Por esa razón, se encuentras reunidas las condiciones socio económicas para intentar ir por otro camino, diametralmente opuesto al actual, que nos está llevando a la ruina como Nación. Y como dije en anteriores ocasiones, en este mismo espacio, sin encerrarnos en ideologías, que nos atrapan y hacen perder el sentido práctico de la gestión.  


Necesitamos un Estado que ayude a generar las condiciones para el desarrollo de la sociedad, nuestra provincia por sus riquezas se ve enormemente beneficiada por el “boom” del litio a nivel mundial. Somos dueños del “oro blanco” pero por nuestra mala organización, veremos pasar nuevamente una oportunidad para convertirnos en una provincia prospera. Estamos a tiempo de cambiar, pero eso dependerá exclusivamente de nosotros, no de la elite gobernante. 

Fernando Capdevila

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