La relación de Nacho Fernández con Temperley
El zurdo recaló a préstamo en el Celeste de muy joven, dejó una gran imagen en apenas una temporada y además tuvo un gesto que lo enalteció. Este martes, se reencontrará con su ex club.
El porte físico se mantiene como si la inexorable ley del paso del tiempo no aplicara: flaquito, estilizado y con un corte de pelo clásico. El estereotipo prácticamente opuesto a lo que suele verse en el mundo del fútbol, es decir, sin exhibir grandes tatuajes, ropa extravagante fuera de la cancha o declaraciones grandilocuentes, también sigue intacto. El Ignacio Fernández de hoy es, estéticamente, casi un calco de ese que hace más de 12 años llegaba a Temperley como un pibe con el sueño de sumar minutos tras el descenso en Gimnasia; pero muy diferente en lo intangible: mayor claridad mental, madurez y experiencia. Claro, además de ser un jugador más completo en términos generales.
Este martes, al momento en el que salte al campo del Estadio Malvinas Argentinas con la camiseta de River y del otro lado vea ese celeste que supo representar en sus primeros pasos de carrera, seguramente las emociones serán protagonistas. Su estadía en la institución que por entonces militaba en la B Metropolitana, allí por la temporada 2011/12, fue tan breve como próspera. Y este último aspecto va ligado a los destellos de futbolista de categoría que ya exhibía en esa época, pero también por un gesto que le valió ganarse un lugarcito en el corazón del hincha del Gasolero.
Después de su debut en Gimnasia, el posterior descenso a la B Nacional y el adiós del entrenador Darío Ortiz, el volante recaló a préstamo en Temperley en esa cadena casi natural que siguen la mayoría de los pibes de clubes representativos: bajar un escalón y salir cedido a un club de menor categoría en busca de ese rodaje que todo juvenil necesita para crecer y cerrar el círculo antes de afianzarse en Primera.
Y vaya si sucedió en este caso: un Nacho Fernández que apenas pasaba los 20 años llegó a a portar la casaca del Celeste en 29 partidos y se despachó con 10 goles, sumado a varias asistencias. Una temporada redonda para el Cerebro, con muchos minutos y partidos de destacado nivel que lo pusieron en el radar de varios equipos de mayor renombre. Su estilo, quizás cansino en una primera impresión, hizo prejuzgar a los gasoleros, aunque luego habló en la cancha y logró conquistarlos con esas pinceladas de zurda. Objetivo cumplido.
“La primera práctica quedamos todos sorprendidos porque era flaquito y en la primera jugada que agarra en mitad de cancha gambeteó a todos, pasó al arquero, hizo el gol y siguió corriendo. Todos quedamos sorprendidos y decís: ‘¿este pibe de dónde salió? Le va a ir bien´", rememoró en 2020 Luis López, delantero de Temperley con quien compartió algunas prácticas y el martes se reencontrará en el Malvinas Argentinas.