León XIV revive un gesto histórico en el Vía Crucis del Coliseo y conmueve al Vaticano
El Papa León XIV ha recuperado una tradición que no se veía desde hace décadas en el corazón de la Iglesia Católica: portar la cruz durante las 14 estaciones del Vía Crucis en el Coliseo romano.
Se trata de un gesto de fuerte carga simbólica que remite directamente al pontificado de Juan Pablo II, quien fue el último en sostener la cruz a lo largo de todo el recorrido entre 1979 y 1994.
La decisión del actual Pontífice, de 70 años y con buen estado de salud, fue confirmada previamente en un encuentro informal con periodistas en Castel Gandolfo. Allí, explicó que él mismo asumiría la cruz como una forma de representar el sufrimiento de Cristo en el mundo contemporáneo y de acompañar espiritualmente a quienes atraviesan momentos difíciles.
“Creo que será un signo importante por lo que representa el Papa: un líder espiritual hoy en el mundo, esta voz que dice que Cristo aún sufre. Y yo llevo también todos estos sufrimientos en mis oraciones”, expresó León XIV, en una declaración que anticipaba el carácter profundamente simbólico de su decisión.
El gesto fue recibido como una señal de continuidad histórica, pero también como una reinterpretación pastoral del rol papal. Durante el Vía Crucis celebrado en el Coliseo, el Pontífice sostuvo la cruz en las catorce estaciones, acompañado por dos jóvenes portadores de antorchas. El recorrido incluyó momentos dentro y fuera de la antigua arena, iluminada por velas y focos, en un clima de recogimiento.
Desde el Vaticano, se destacó que la acción del Papa puede leerse como una “catequesis silenciosa”, en la que no solo se representa la Pasión de Cristo, sino que se asume simbólicamente el dolor de la humanidad en un contexto global atravesado por conflictos, tensiones sociales e incertidumbre.
La tradición de portar la cruz en el Vía Crucis del Coliseo tuvo a Juan Pablo II como principal referente durante 15 años. Sin embargo, en 1995, tras una operación de cadera, el pontífice polaco solo pudo hacerlo de manera parcial. Con el paso del tiempo y el deterioro de su salud, dejó de realizar el gesto.
Su sucesor, Benedicto XVI, fue elegido con 78 años y, aunque participó en el Vía Crucis, solo llevó la cruz en la primera estación en 2005 y 2006. El resto del recorrido fue asumido por distintos fieles y representantes religiosos.
En el caso de Francisco, la práctica fue diferente desde el inicio de su pontificado. Nunca llevó la cruz durante el Vía Crucis en el Coliseo, limitándose a presidir la celebración desde una plataforma. En sus últimos años, incluso dejó de asistir físicamente por problemas de salud, siguiendo la ceremonia desde la Casa Santa Marta a través de videoconferencia, mientras un cardenal delegado encabezaba el acto en Roma.
Con esta decisión, León XIV retoma una imagen de gran impacto espiritual y mediático, que busca reforzar el mensaje de cercanía del Papa con el sufrimiento humano. En palabras del propio Pontífice, el llamado es a que “todas las personas de buena voluntad caminen juntas con Cristo, que sufrió por nosotros, para darnos la salvación, y también nosotros tratar de ser portadores de paz”.
El regreso de este gesto marca un punto de inflexión en las tradiciones recientes del Vaticano, devolviendo al Vía Crucis del Coliseo uno de sus símbolos más potentes y reavivando una práctica que había quedado en el recuerdo desde hace más de tres décadas.