Lo que somos cuando cantamos: el patrimonio inmaterial que identifica a Catamarca ante el mundo
Existen canciones que nos recuerdan que pertenecemos a una historia mucho más grande. Llena de coplas, cajas, guitarras, telares, sabores y voces que se niegan a desaparecer. Ante el fallecimiento de uno de los más grandes compositores catamarqueños, Luis “Pato” Gentilini, vale la intención reflexionar acerca del patrimonio cultural que no solo heredamos sino que elegimos mantener vivo.
Hay cosas que no caben en un museo. No pueden guardarse detrás de una vitrina ni encerrarse en una sala para contemplarlas en silencio. Viven en otro lugar. En la voz de una abuela que repite una copla aprendida de niña. En las manos curtidas de un artesano que transforma la lana en poncho. En una receta que pasa de generación en generación. En el golpe profundo de una caja que resuena desde los cerros y parece venir desde el comienzo de los tiempos. Eso es el patrimonio cultural inmaterial.
No son objetos. Son recuerdos vivos. Son las historias, las canciones, los saberes y las costumbres que heredamos sin darnos cuenta y que, sin embargo, nos habitan todos los días. Son las raíces invisibles que sostienen nuestra identidad.
Durante una de las conferencias del ciclo Compartiendo Saberes, el investigador, arquitecto y cantautor Rafael Toledo invitó a reflexionar sobre esa herencia que muchas veces damos por sentada.
"El patrimonio cultural inmaterial es la herencia viva de un pueblo", sostienen los especialistas.
Las canciones, los relatos, las recetas ancestrales, las técnicas artesanales, los juegos tradicionales, las formas de celebrar y los conocimientos transmitidos de generación en generación conforman ese patrimonio invisible que da sentido de pertenencia a una comunidad y la diferencia de las demás.
Para Catamarca, este patrimonio adquiere una relevancia especial. No solo porque define quiénes somos, sino también porque constituye uno de los principales atractivos para quienes visitan la provincia. El turista actual ya no busca únicamente paisajes; busca experiencias auténticas, historias que contar, sabores únicos y expresiones culturales genuinas.
El canto con caja: una voz que viene de lejos
Existe un lenguaje capaz de guardar la memoria de los pueblos: la música. Y Catamarca tiene una voz propia para transmitirla. Una voz antigua que nace en los cerros, que se hace vidala, baguala y canto con caja. Una voz que aprendió a hablar con el viento y a dialogar con la tierra. Cada vez que una caja retumba en una rueda de copleros, no sólo escuchamos una melodía, sino siglos de historia y el legado de quienes estuvieron antes y dejaron en esas coplas sus penas, sus alegrías, sus luchas y sus sueños. Junto a ellas, la zamba, la chacarera, la cueca y el gato forman parte del repertorio tradicional que identifica a la provincia dentro del folclore del Noroeste Argentino. “Creo que la vidala La Flor del Cardón dentro de sus simpleza representa mucho de nuestra identidad, porque al canto con caja se suma la devoción por la Virgen del Valle”, indica Rafael Toledo. Y como anécdota basta recordar que cada año, cuando los pañuelos de todos los rincones del país arriban a Catamarca a saludar a la Madre Morena en procesión, arriba incondicionalmente una delegación de catamarqueños que hace más de 50 años fueron a vivir a Comodoro Rivadia y Caleta Olivia en busca de trabajo. Y siempre, como un ritual, a kilometros de ingresar a la ciudad y cuando las montañas anuncian que el encuentro se acerca, todos los pasajeros cantan llorando la Flor del Cardón.
Los patriarcas que hicieron cantar a Catamarca
A pocos días de una nueva edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, resulta inevitable recordar a los grandes autores y compositores que construyeron la banda sonora de nuestra identidad. Ellos son guardianes de la memoria y según Rafael Toledo: Patriarcas del folklore.
Gracias al legado de Luis Víctor Gentilini, - fallecido hace unos días en Tucumán donde residía- Manuel y Carlos Acosta Villafañe, Margarita Palacios, Rodolfo Polo Giménez, Atuto Mercau Soria, Selva Gigena, Carlos Bazán, Tono Aybar, Carlos Martínez, Ángel "Lalo" Herrera, Jorge "Negro" Rojas, Raúl Uribio y René Vargas Vera, entre muchos otros, Catamarca posee un cancionero que trasciende fronteras y generaciones.
Temas como Paisaje de Catamarca,Poncho Catamarqueño, Llévame pa' Andalgalá, Recuerdo de mis Valles, Chaya del Poncho, Cantale chango a mi tierra, Porque soy catamarqueño o Mi madre provinciana, continúan sonando en peñas, festivales y reuniones familiares, recordándonos quiénes somos y de dónde venimos. El investigador confirma que los consagrados del folklore nacional eligieron entre sus ídolos a autores catamarqueños.
“Los hermanos Manuel y Carlos Acosta Villafañe llegaron a Buenos Aires en 1926 con su mensaje autenticamente catamarqueño y había que animarse en una ciudad donde solo se escuchaba tango y jazz. Ellos se hicieron muy famosos en las transmisiones radiales de la época y tuvieron que ir sumando músicos. Un joven Atahualpa Yupanqui fue guitarrista del dúo y no dudó en revalorizar hasta su muerte la figura de Don Manuel. Cuando en 1972 decidieron ponerle su nombre al escenario de Cosquín, Atahualpa señaló con profunda humildad que era un honor demasiado grande para él y que podía llamarse Acosta Villafañe”,contó. Los hermanos dejaron un valioso tesoro de más de 400 obras de todos los ritmos e inclusive música de película.
Margarita Palacios fue otra catamarqueña que defendió con su aspecto de mujer costumbrista y una tonada un tanto exagerada, la identidad local. “La llamaban “la hermosa flor de Catamarca” tenía una casa de comidas y una peña en el barrio de Flores, donde en ocasión de grabar una película recibió a Mirta Legrand y Alfredo Halcón”, relató. “Y precisamente en ese mismo lugar, una noche Polo Giménez - creador de la zamba Paisaje de Catamarca- ya con una trayectoria de 50 años, presentó su libro autobiográfico y un disco que incluía entre otros temas: Viejo Corazón. “Te cansó la mentira, la traición....A vos se te cansó tu viejo corazón” decía la letra y minutos después, Pólo Gimenez sufrió un infarto y murió, en ese escenario”.
Una herencia que sigue viva
El filósofo español Miguel de Unamuno afirmaba que "la memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición es la base de la personalidad colectiva de un pueblo".
Quizás allí resida el verdadero valor del patrimonio cultural inmaterial: en su capacidad para mantener viva la memoria de una comunidad.
Cuando en julio los escenarios de la Fiesta del Poncho vuelvan a llenarse de vidalas, chacareras y zambas; cuando los artesanos compartan saberes heredados y las familias se reúnan alrededor de las tradiciones que nos identifican, no estaremos simplemente disfrutando de espectáculos o costumbres populares. Estaremos celebrando aquello que nos hace únicos.
Porque el patrimonio cultural inmaterial no pertenece al pasado. Vive en el presente, se proyecta hacia el futuro y constituye el sello distintivo con el que Catamarca se muestra al mundo. Un legado que se escucha, se baila, se comparte y, sobre todo, se siente en las venas profundas de nuestra historia.