Los Uriarte somos vascos

Ratifique esa certeza en un reciente viaje a Antofagasta de la Sierra, cuando en el ingreso al Campo de Piedra Pómez, encontramos a cuatro motoqueros, que en portentosas Yamaha Teneré, salían del lugar, después de haberlo transitado -no sin sacrificio- aun con la potencia de sus motos.

POR ESAS INMENSIDADES caminamos unas 8 horas, para visitar el Campo de Piedra Pómez, en El Peñón, Antofagasta de la Sierra, Catamarca.
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Al escucharlos hablar les pregunté si eran catalanes. Me respondieron, que “sí”, preguntándome: “por qué lo sabía?”, a lo que respondí que yo era descendiente de catalanes, porque mi madre era hija de inmigrantes oriundos de Lérida o Lleida (como llaman ellos), de apellido Castells. Y porque entre 1980 y 1982 pasé algún tiempo en Barcelona, aunque con el mal recuerdo del Mundial de Fútbol de aquel año.

Pero que, además, tenía sangre de vascos, porque mi padre, de apellido Uriarte, era hijo de emigrados de Bakio, un caserío vecino a Bilbao.

Entonces volvieron a preguntarme: “¿Pero tú, donde naciste?”. “En la Argentina”, respondí; contestándome, al toque, que “entonces, eres vasco…”. Y cuando curiosamente les interrogué “por qué…”, uno de ellos no dudó en decir: “porque los vascos nacen donde se le cantan los cojones…”, motivando generalizadas risas por la simpática descripción que me habían dado.

Y lo de mi origen vasco pude corroborarlo al día siguiente, cuando nos dispusimos a visitar el Campo de Piedra Pómez, que iniciamos tomando en cuenta el consejo de los catalanes, advirtiéndonos que no podríamos llegar en un vehículo de tracción simple, como en el que andábamos.

Así que llegamos al acceso del sitio, y después de una breve introducción en auto, nos detuvimos a un costado de la senda, a unos 6 Km. de lo que avistábamos como un maravilloso escenario, sin poder resistirnos al desafío y la ansiedad por conocerlo.

Los carteles indicaban que “Ud. está ingresando al Área natural Protegida Campo de Piedra Pómez”, con las únicas advertencias de que “no circule por fuera de los caminos” y “proteja la fauna autóctona”, como toda referencia del lugar, sin presencia de persona o responsable alguno que identifique y/o informe a los visitantes.

Caminando unas ocho (8) horas -cuatro de ida y otras tantas de regreso-, llegamos al majestuoso Campo de Piedra Pómez, que en sus más de 75 mil hectáreas nos ponía ante el colosal espectáculo de sus caprichosas formaciones de imperturbable tono blanco/grisáceo, en toda su porosa y extensísima superficie.

Al volver a El Peñón, cansados, pero felices por la travesía cumplida, me acordé de los catalanes que, en su definición sobre mis antepasados, me llevaron a asociar, también, “a la condición de guerrero; sencillo, tranquilo y hospitalario, que saben sacar sus energías en los trances amargos…”, como -segúnl Wilkipedia- se identifica a los vascos.

Víctor Hugo Uriarte Castells (Paco).

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