Lula y Milei ante el acuerdo Mercosur-UE y un nuevo escenario de tensiones regionales

Mientras aún se esperan definiciones sobre la visita a China de una delegación de diputados libertarios, del PRO y exradicales —todos alineados con el oficialismo— encabezada por la diputada Juliana Santillán, la atención política y diplomática de la región se concentra en un hecho clave: la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, prevista para este sábado en Asunción.

POLITICA

Mientras aún se esperan definiciones sobre la visita a China de una delegación de diputados libertarios, del PRO y exradicales —todos alineados con el oficialismo— encabezada por la diputada Juliana Santillán, la atención política y diplomática de la región se concentra en un hecho clave: la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, prevista para este sábado en Asunción.

Las máximas autoridades del bloque europeo llegarán este viernes a Brasilia, donde serán recibidas por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien, sin embargo, no asistirá a Paraguay para la rúbrica formal del tratado. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, actual titular del Consejo Europeo, mantendrán un encuentro con Lula antes de continuar viaje hacia la capital paraguaya. Se trata de un gesto político significativo, previo a la concreción formal del acuerdo.

Lula aspiraba a firmar el tratado durante la cumbre de jefes de Estado en Foz de Iguazú, el pasado 20 de diciembre, cuando Brasil aún ejercía la presidencia pro tempore del Mercosur, cargo que ese mismo día fue traspasado a Paraguay. Esa intención fue comunicada a Bruselas, pero la Unión Europea no había completado entonces los consensos internos necesarios. Recién el 9 de enero, el acuerdo obtuvo el respaldo mínimo requerido: el voto favorable de al menos 15 Estados miembros, que representan el 65% de la población total del bloque.

Aun así, persisten resistencias. Países como Francia, Polonia, Bélgica, Hungría e Irlanda se opusieron a la ratificación por el impacto que la mayor competitividad de los productos sudamericanos podría generar sobre sus sectores agropecuarios. Se trata de un tratado cuya negociación se inició a comienzos de siglo y que, si bien superó su instancia política, todavía deberá atravesar la aprobación parlamentaria en cada uno de los países que integran ambos bloques. Con la fuerte resistencia de los productores franceses, el camino aún promete nuevos capítulos.

En Brasil, el acuerdo fue recibido con entusiasmo por el sector industrial. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) lo celebró como un paso decisivo para la inserción internacional del país, el fortalecimiento de la competitividad y la atracción de inversiones, además de una oportunidad para modernizar infraestructura y revertir procesos de desindustrialización. El agro brasileño, en tanto, aparece como uno de los grandes beneficiados.

En Argentina, el respaldo industrial fue más medido. Desde la UIA, Martín Rapallini sostuvo que el acuerdo abre la posibilidad de que el país cuente con la Unión Europea como “un inversor global”. La agroindustria también se perfila como ganadora, mientras que sectores como el automotriz y el metalmecánico expresaron cautela y reclamaron períodos de adaptación para competir con las economías europeas.

Asunción y las ausencias

Tal como fue confirmado, Lula no participará de la firma en Asunción. Desde el Palacio del Planalto argumentaron que el encuentro estaba inicialmente previsto para cancilleres del Mercosur y que la invitación a los presidentes habría llegado de manera tardía, según informó la agencia AFP. En la capital paraguaya sí estarán el anfitrión Santiago Peña, el presidente de Uruguay Yamandú Orsi y el mandatario argentino Javier Milei.

El contexto político brasileño es singular. Una encuesta reciente posiciona a Lula como favorito para las elecciones de octubre, en las que buscará la reelección y un cuarto mandato, superando a Flavio Bolsonaro y al gobernador paulista Tarcísio de Freitas. La economía también acompaña: en 2025 el crecimiento habría oscilado entre 2,2% y 2,5%, mientras que el desempleo cayó al 5,2%, el nivel más bajo desde 2012.

Sin embargo, el liderazgo regional de Brasil aparece tensionado. Pese a haber mantenido autonomía frente al avance de Donald Trump —incluso en la discusión por aranceles— y a impulsar el acuerdo con la UE para conformar el mayor mercado de libre comercio del mundo, la crisis venezolana erosionó la gravitación de Brasil en la región. La intervención de Estados Unidos en Caracas y el desenlace del conflicto expusieron los límites de la diplomacia regional, con Brasil entre los principales responsables de un fracaso compartido.

En ese escenario, Javier Milei busca proyectar su propio liderazgo regional, con gestos explícitos de alineamiento con Washington. Como señaló el periodista Jorge Fontevecchia, el presidente argentino difundió en redes un video editado de la cumbre de Foz de Iguazú, interpretado como un mensaje directo a Lula. A esto se sumó la decisión de Brasil de dejar de representar los intereses argentinos en Venezuela, tras lo que Carlos Pagni calificó como una provocación del mandatario argentino.

Lula hubiera querido que la firma del acuerdo con la Unión Europea funcionara como una doble señal: consolidar su liderazgo regional y establecer un contrapeso estratégico frente a las ambiciones de Trump en América Latina. Pero Europa no llegó a tiempo y el calendario —caprichoso— alteró los planes. Su ausencia en Asunción parece responder menos a la presencia de Milei que a una decepción política marcada por los tiempos y por un escenario internacional que se redefinió demasiado rápido.

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