Madre modelo…de irresponsabilidad

Debemos confesar que nos pegó fuerte. Nos atropelló feo. El curtido que se produjo a lo largo de más de siete décadas de ejercer el periodismo no alcanza –a veces -, para mitigar los impactos provenientes del diario acontecer.  

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Y se hace una mezcla de bronca, impotencia, dolor y oraciones pidiendo a Dios y a la Virgen Morena que ilumine a los  médicos y proteja a esa nena que se halla en terapia intensiva del hospital Eva Perón con traumatismo de cráneo.

La menor, de dos años de edad, junto a otros dos chicos se conducía en una moto al mando de  una joven madre y chocaron con un remís. La nena golpeó su cabeza contra el pavimento.

Entonces surgen “los grandes interrogantes”. ¿A qué se dedican los inspectores municipales de Tránsito? Si piensan que la cosa pasa por mandar –los fines de semana- dos o tres docenas de motos al corralón municipal junto con un par de autos o sancionar algún borrachito que no pasó el test de alcoholemia, están equivocados.

Lo prueban los accidentes como el que motiva estas líneas. Resulta un tanto inadmisible que nunca observen una moto circulando con tres o cuatro personas, en una más que clara infracción a las normas de transito vehicular ¿Qué veinte inspectores en la calle no alcanzan para frenar los accidentes ocasionados por la imprudencia de los motociclistas? Pongan cuarenta.

O sesenta una fuertes reducciones de siniestros es posible en tanto y en cuanto se actúe con decisión, con “tolerancia cero”, sin amiguismos ni “arreglos”. Con absoluta seriedad corriendo pareja con la gravedad del problema. Prolijos operativos “cerrojo” son posibles y permitirían sancionar a decenas de motociclistas infractores. Pero deberá encararse como algo de “acción sostenida” a distintas horas, en diversos lugares de la ciudad y sin solución de continuidad.

Por cierto, será necesario que los munícipes se propongan actuar sin desmayo, “a cara de perro”, “sin asco”.

¿Qué hay con la madre-motociclista? Según cómo se mire, podría estar incursa en el delito de “de lesiones graves, agravadas por el vínculo”.

¿Y el remisero?  “Se come un garrón de aquéllos” diría el chusco. Cabe imaginar la situación de un trabajador del volante que sale a ganarse el pan y se ve envuelto en un siniestro de semejante magnitud, al margen de quién sea el culpable del choque.

Cabe esperar que se implementen dispositivos que funcionen con efectividad para combatir esta verdadera lacra que son los accidentes protagonizados por los motociclistas. Habrá que buscar otras formas de sancionar a los infractores. Mientas estos asuntos se arreglen con plata, todo seguirá igual.

Mientra tanto, recemos. Una nena de dos añitos está en manos de los médicos, de Dios y de la Virgen del Valle. Apostamos a su pronta recuperación.  

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