Mansedumbre y resignación

Andalgalá © Hace algunos días, cuando apenas se rumoreaba que por decisión de Páez y Cativa, se daría de baja en el sistema de becas del Municipio de Andalgalá a unas 500 personas, muchos de los afectados chillaba, vociferaba y amenazaba que harían tal o cual cosa truculenta para defender el beneficio que, aunque efímero, ya consideran como derecho adquirido, por lo tanto inamovible.

POLITICA

Llegó el día de "la guillotina” (sic), fatídico día para muchas personas que se quedaban si el sustento diario para sus hogares.

Los funcionarios municipales esperaron el descontrol producido por la bronca y llamaron a la policía –incluso se mencionó que habría gendarmes armados – para custodiar el palacio municipal y, salvo uno que otro berrinche, no pasó nada y sobre todo las mujeres desafectadas prorrumpieron a llorar desconsoladamente, y casi en silencio ante los hechos consumados y sin posibilidades de marcha atrás alguno.

La mayoría, en una actitud de mansedumbre bovina y mucho de resignación, decidieron esperar calmadamente, a la espera de que el "cruel” Páez y el "insensible” Cativa, al menos dieran la cara para explicarles los por qué de tamaña decisión. Claro que esa pobre gente no conoce que es técnicamente imposible para el presupuesto municipal, mantener esa enorme estructura de personal absolutamente improductivo e inútil.

Entonces, los becados despedidos tomaron conciencia de que habían sido inescrupulosamente utilizados para ganar elecciones y estirar cuatro años más, la irracionalidad en el esquema municipal.

Supieron además que no tenían ni siquiera un elemental legajo que confirme identidades y datos personales, y que ese final ya estaba predeterminado desde el momento en que empezaron a cobrar.

Más cruel aún es que ningún dirigente político o institucional se acercó a esta gente, al menos para expresarle solidaridad.

Triste, lamentable, inadmisible, pero absolutamente real.

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