Mensaje del Obispo por el Día del Maestro
Estimados docentes (maestros y profesores):
Para nuestro quehacer de cada día, en nuestra vocación de
enseñar leemos en las obras de misericordia espirituales: Enseñar al que no
sabe; Dar buen consejo al que lo necesita; Corregir al que se equivoca… son las
tres primeras obras de misericordia, casi como pensadas y dirigidas de manera
especial a nosotros, que hemos puesto nuestra vida en un niño, en un
adolescente, en un joven, en un adulto, en muchos que necesitan de un sí generoso
y lleno de amor cada día para enseñar, para dar amor en cada consejo, para dar
todo de nosotros en este hermoso arte de enseñar amando, y amando enseñar.
El Año Santo de la Misericordia nos alerta en este piadoso
ejercicio de cada día, de todos los días: poner nuestras acciones de cada
jornada en clave de misericordia.
"Hemos deformado el instrumento de educar que es el amor
-dice el presbítero José Álvarez, presidente del Consejo Superior de Educación
Católica (Consudec)- y lo suplimos por exigencias que hacen fastidiosa la vida
a nuestros alumnos, generalizaciones que no tienen en cuenta las posibilidades
y límites de cada uno, las ofertas de premios, consideraciones, honores o
calificaciones que crean discordia, celos, envidias y marginación”. "Qué lejos
estos criterios de un amor verdadero en el que cada uno tiene su oportunidad
según sus capacidades y puede estar feliz con los dones que Dios le dio; donde
los maestros descubren un desafío en cada límite de sus alumnos y no un
fastidio. Porque miramos al otro como lo mira Dios”. He aquí la clave de toda
acción hecha con misericordia: mirar como nos mira Dios; tener esta misma
mirada cada vez que me acerco a un hermano para unirme a él en este acto de
misericordia.
Que nuestro trabajo cotidiano, nuestro renovado fervor de
enseñar, no se vea opacado por los conflictos humanos que experimentamos en
nuestra carne diariamente, al contrario, que nos dé fortaleza para no
desfallecer en nuestra renovada entrega vocacional. Que el desgano, la pereza,
la desidia, no nos gane; por el contrario, el pensar en quien me está esperando
en el aula con sus ojitos llenos de alegría o tristes, con sus travesuras, con
sus picardías, con sus conflictos de edad, con sus tristezas de ir creciendo,
con sus conflictos de familia, con tantas cosas que nuestros jóvenes llevan al
aula, sean los renovados desafíos que nos lleven a decir cada día: "Aquí estoy,
porque me has llamado, Señor, para hacer tu voluntad” (1 Sm 3,5)… y poder
ayudar en la transformación de una sociedad más justa y más fraterna; para
hacer de nuestra Patria la "Casa de todos”, para hacer de cada hombre y de cada
mujer los protagonistas de una renovada Argentina que quiere "levantarse para
cantar” un renovado canto de amor y esperanza para todos.
Feliz y bendecido día para todos.
Que nuestra Madre del Valle nos acompañe, y que su ejemplo
de ir a ayudar a su prima Isabel, sea el motorcito espiritual que nos haga
descubrir las pobrezas del que más nos necesita.
Mons. Luis Urbanč
8° Obispo de Catamarca
SFV de Catamarca 8 de
Septiembre de 2016
Año Diocesano del
Compromiso Cívico y Social
Bicentenario de la
Declaración de la Independencia de la Patria
Año Jubilar de la
Misericordia