Microbiota intestinal y corazón: cómo la alimentación puede prevenir infartos y ACV

Un estudio reciente reveló que el consumo de ultraprocesados altera la microbiota y favorece la formación de aterosclerosis, incluso con colesterol normal. La dieta mediterránea se reafirma como clave para proteger el sistema cardiovascular.

INFORMACION-GENERAL

Un reciente hallazgo científico ofrece una nueva perspectiva sobre la aterosclerosis y destaca el papel de la alimentación en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Qué es la aterosclerosis

La aterosclerosis consiste en la pérdida de flexibilidad de las arterias, que se endurecen por la acumulación de lípidos y colesterol en sus paredes.
Entre sus principales factores de riesgo se encuentran el tabaquismo, la hipertensión arterial, el sedentarismo, el estrés y la predisposición genética.

Las consecuencias de esta enfermedad son graves: puede provocar accidentes cerebrovasculares (ACV), infartos agudos de miocardio y, en menor medida, se ha vinculado con el desarrollo de Alzheimer.

El nuevo hallazgo científico

Investigadores identificaron un elemento inesperado en el desarrollo de la aterosclerosis: el estado de la microbiota intestinal.

La microbiota está compuesta por billones de microorganismos que habitan en el intestino y cumplen funciones vitales para la salud general. Sin embargo, cuando la dieta se basa en productos ultraprocesados y se aleja de los alimentos frescos, este equilibrio se altera.

En esas condiciones, la microbiota comienza a producir una sustancia llamada propionato imidazol, que favorece la inflamación de las arterias y contribuye a la formación de placas de aterosclerosis. Lo más relevante es que este proceso puede ocurrir incluso en personas con niveles de colesterol normales.

La dieta mediterránea como aliada

Este descubrimiento refuerza las recomendaciones de adoptar una alimentación inspirada en la dieta mediterránea, que se caracteriza por el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y pescado.

“Hoy más que nunca sabemos que la comida no solo nos nutre, también puede ser una verdadera medicina para proteger el corazón”, señalan los investigadores.

Además, la evidencia abre la posibilidad de que en el futuro se desarrollen medicamentos específicos para bloquear los efectos del propionato imidazol. Sin embargo, la estrategia más efectiva en la actualidad sigue siendo el cambio de hábitos alimentarios hacia lo natural y lo fresco.

Las enfermedades cardiovasculares en el mundo

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, cobrando cada año 17,9 millones de vidas.

Estas patologías afectan al corazón y a las arterias, cuya obstrucción limita el flujo sanguíneo y la llegada de oxígeno a órganos vitales como el cerebro, el corazón y los riñones. Dependiendo de su evolución, pueden desencadenar isquemias, hemorragias o aneurismas, todas con alto riesgo para la vida.

Un llamado a la prevención

El doctor Daniel López Rosetti, médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y especialista en estrés, recordó la importancia de actuar desde lo cotidiano:

“La prevención está en nuestras manos. Comer mejor, movernos más, controlar la presión arterial y evitar el tabaco son medidas tan simples como efectivas para reducir el riesgo”.

Este hallazgo científico vuelve a poner sobre la mesa la importancia de cuidar lo que comemos: no solo para mantener un peso saludable, sino también para proteger las arterias y el corazón de las enfermedades más letales de la actualidad.

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