A pesar la jornada lluviosa, una gran cantidad de fieles
devotos y peregrinos colmó
la Catedral Basílica y principal Santuario Mariano
de la diócesis local, para participar de la celebración eucarística, transmitida
en vivo por Radio María Argentina.
En el inicio de su predicación, Mons. Urbanc agradeció al
Señor y a
la Madre Morenadel Valle "por
la
Exhortación Apostólica Postsinodal "Amoris Laetitia”, que el
Papa Francisco nos dio a conocer el pasado 8 de abril de 2016. Ésta es fruto de
dos Sínodos que él convocó para tratar el delicado tema del sacramento del
Matrimonio y
la
Familia. Mucho hemos rezado y mucho se ha hablado acerca de
esta realidad tan humana. Ahora nos queda trabajar y seguir orando para que el
Señor del Amor y
la Vidanos ilumine, guíe y acompañe”, expresó.
Luego se refirió a los textos de
la Palabra de Dios escuchado,
que ayudan a descubrir el rol de
la Virgen María en la vida de todo discípulo de
Jesucristo, haciendo hincapié en el sentido de la maternidad.
En otro tramo, agregó que "en este Jubileo de
la Misericordia el Papa
Francisco nos confía el fruto de los dos últimos Sínodos que abordaron la
problemática del Matrimonio y
la
Familia, tan vapuleados desde todos los ángulos de la vida,
curiosamente hasta desde los mismos esposos como de las mismas familias. No hay
realidad que sea más combatida por el demonio y sus secuaces que la familia,
puesto que ella es la célula básica de la sociedad y de
la Iglesia. La familia es
la caja de resonancia por antonomasia de todo lo que sucede en su entorno. Si
bien la familia es la realidad más resistente, por lo mismo es también la más
frágil y quebradiza. De allí que exige mucho cuidado, paciente dedicación y
sólida educación de todos sus miembros”.
Aporte a campaña por un tomógrafo para el Hospital de Niños
Habiendo tomado conocimiento de la realización de una
colecta para la compra de un tomógrafo para el Hospital de Niños Eva Perón,
Mons. Luis Urbanc decidió contribuir para tal fin con $ 10.000 de los fondos de
la Colecta AnualMás por Menos, que se realiza en todo el territorio nacional, Catamarca y de la
que recibe un porcentaje que tiene dos fines: uno pastoral y el otro social.
De allí que en el momento de las ofrendas, el Pastor
Diocesano, luego de felicitar a quienes están llevando adelante esta
iniciativa, entregó a
la
Sra. María Elizaberth Ovejero y demás personas que realizan
esta campaña solidaria, la constancia de la transferencia de los fondos
aportados.
TEXTO COMPLETO DE
LA HOMILIA
Queridos Devotos y Peregrinos:
Hoy nos congrega una vez más nuestro amor y gratitud a
la Madre Celestial,
Patrona de nuestra Diócesis, en su advocación de "Virgen del Valle”; en el
marco de los 125 años de la coronación pontificia de su sagrada imagen, un
lejano 12-4-1891.
¡¡¡Viva
la
Virgen del Valle!!!
En esta Santa Eucaristía daremos gracias al Señor y a
la Madre Morena del
Valle por
la
Exhortación Apostólica Postsinodal "Amoris Laetitia”, que el
Papa Francisco nos dio a conocer el pasado 8 de abril de 2016. Ésta es fruto de
dos Sínodos que él convocó para tratar el delicado tema del sacramento del
Matrimonio y
la
Familia. Mucho hemos rezado y mucho se ha hablado acerca de
esta realidad tan humana. Ahora nos queda trabajar y seguir orando para que el
Señor del Amor y
la Vidanos ilumine, guíe y acompañe.
Los textos de
la
Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos ayudan a
descubrir el rol de
la
Virgen María en la vida de todo discípulo de Jesucristo.
El profeta Isaías, unos 600 años aC, anticipó la llegada a
este mundo de esa mujer creada por Dios para ser
la Madre de su Hijo, por eso el
nombre ‘Emmanuel’, a quien enviaría para salvar a toda la humanidad. El anuncio
se da en un contexto de mucho miedo frente a las potencias extranjeras, a tal
punto que el rey Ajaz se resiste a recibir algún mensaje de parte de Dios, pero
con todo, el anuncio se hace de un modo enigmático. Recién cuando el Hijo de
Dios viene a este mundo y concluye su misericordiosa misión de salvarnos del
pecado y la muerte eterna, la profecía se comprende.
La Virgen María tuvo la misión de reparar la relación con Dios, al que Adán
y Eva rechazaron con su desobediencia. Ella, con su humilde sumisión y
disponibilidad, hizo que Dios volviera a estar con nosotros= Emmanuel.
Por eso, Ella pudo decir, siempre y con toda convicción: "Mi
corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta en Dios, mi salvador” (1
Sam 2,1); también a nosotros tiene que llegar esta certeza y ser coherentes con
ella.
En el relato del libro de los Hechos de los Apóstoles, que
nos presenta los avatares de
la
Iglesia naciente, constatamos la presencia comprometida de
la Virgen Maríasosteniendo con su fe, esperanza y amor la llegada del Espíritu Santo
prometido, quien debía hacer cuajar en los corazones de los discípulos el poder
y la soberanía de Jesús Resucitado: "Todos ellos se dedicaban a la oración en
común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con
sus hermanos” (Hch 1,14).
El oficio de madre es ‘estar’. Para una madre que ama, el
tiempo no cuenta, el cansancio tampoco, lo que importa es el otro, el que la
necesita, sea quien fuere. Ésta es la veta de divinidad que tiene una mujer.
La Virgen inmaculada tenía
mucho de divino y lo ejercía. ¡Qué bueno recordar algunas de las aclamaciones
que se le dirigen en las letanías: Madre amable, Madre admirable, Madre del
buen consejo, Madre purísima, Madre castísima, Madre de Misericordia, Virgen
prudente, Virgen fiel, Virgen clemente, Espejo de justicia, Causa de nuestra alegría, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores,
Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de la paz!
Es interesante constatar que jamás Jesús llama a
la Virgen ‘madre’, sino que se
refiere a ella con el término genérico de ‘mujer’.
En el pasaje de Mateo que hoy se nos proclamó le informan a
Jesús que "su madre y sus hermanos quieren hablar con Él” (Mt 12,47). A lo que
Él da una respuesta un tanto desconcertante: "¿Quién es mi madre y quiénes son
mis hermanos? Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: Éstos son mi
madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es
mi hermano, y mi hermana, y mi madre” (Mt 12,48-50).
Jesús va superando los lazos biológicos, por otros más
profundos y orientados a lo definitivo que dependen de la libertad humana
ejercida e iluminada por la fe.
En efecto
la
Virgen María vivía en este plano la relación con su hijo, no
así los otros parientes que pretendían manejarle la vida.
La
Virgennos da un claro ejemplo de madurez, lo que no significa falta de sentimientos,
sino un correcto uso de ellos en orden a forjar relaciones más profundas y
duraderas con los demás, evitando todo tipo de dominio.
En este Jubileo de
la Misericordia el Papa
Francisco nos confía el fruto de los dos últimos Sínodos que abordaron la
problemática del Matrimonio y
la
Familia, tan vapuleados desde todos los ángulos de la vida,
curiosamente hasta desde los mismos esposos como de las mismas familias. No hay
realidad que sea más combatida por el demonio y sus secuaces que la familia,
puesto que ella es la célula básica de la sociedad y de
la Iglesia. La familia es
la caja de resonancia por antonomasia de todo lo que sucede en su entorno. Si
bien la familia es la realidad más resistente, por lo mismo es también la más
frágil y quebradiza. De allí que exige mucho cuidado, paciente dedicación y
sólida educación de todos sus miembros.
Por eso, para concluir esta reflexión transcribo un texto
tomado al azar de
la
Exhortación: "las madres son el antídoto más fuerte ante la
difusión del individualismo egoísta. Son ellas quienes testimonian la belleza
de la vida. Sin duda, una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana,
porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la
ternura, la entrega, la fuerza moral. Las madres transmiten a menudo también el
sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en
los primeros gestos de devoción que aprende un niño. Sin las madres, no sólo no
habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo
y profundo. Queridísimas mamás, gracias, gracias por lo que son en la familia y
por lo que dan a
la Iglesiay al mundo. La madre, que ampara al niño con su ternura y su compasión, le
ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno
que lo recibe, y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la
capacidad de intimidad y la empatía. La figura paterna, por otra parte, ayuda a
percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación,
por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al
esfuerzo y a la lucha. Un padre con una clara y feliz identidad masculina, que
a su vez combine en su trato con la mujer el afecto y la protección, es tan
necesario como los cuidados maternos. Hay roles y tareas flexibles, que se
adaptan a las circunstancias concretas de cada familia, pero la presencia clara
y bien definida de las dos figuras, femenina y masculina, crea el ámbito más
adecuado para la maduración del niño” (AL, nn° 174-175).
¡¡¡Nuestra Madre del Valle¡¡¡ ¡Ruega por nosotros!!!