La Misión de Carina

Cuando la miré, ella se detuvo, me miró, una sonrisa casi imperceptible se alcanzó a dibujar en su rostro de buen corte y muy agradable.

santa maria
INFORMACION-GENERAL

No miré a nadie más, ya estaba con ella y sentía que ella estaba conmigo, aunque no nos habíamos saludado siquiera, sentía un fuego disciplinado que deambulaba dentro de mí. Sabía que tenía que buscarla, solo llegar a ella pacificaría mi interior.

Estaba de espaldas cerca de una gran planta que adornaba el interior del local, me acerqué y solo rocé con mi bufanda su brazo izquierdo, que estaba bien abrigado, pues el frío intenso arreciaba en esos momentos.
Cuando sintió el roce, giró rápidamente, y su rostro expresaba disgusto, pero al verme esa expresión cambio de inmediato y una sonrisa ocupó su lugar. Sentí que todo se iluminaba, de modo tal que un brillo emanaba de su expresión, especialmente de la luminosidad de sus ojos.
La saludé con toda la delicadeza que pude expresar en ese momento, instante  difícil, este que me tocaba vivir. Sabía que de este momento dependía lo que sucedería hacia delante, en mi vida. Debía ser galante, caballero y sobre todo muy sincero con las palabras y con expresión de mi rostro y hasta demostrar sinceridad con la expresión corporal.
Nos saludamos y entablamos una conversación, que abarcaba todos los temas, parecía que nos conocíamos desde siempre, no dudamos en hablar, bailar, reírnos y pasar un buen momento.
Creo que los dos entendimos que desde este momento seriamos inseparables, era, según se desprendía de la conversación, como si fuésemos uno para el otro, y sin más trámites, cada uno lo hizo saber al otro. No hubo rodeos, todo fue directo, seguros de que nos estábamos esperando. Así empezamos.
La vida normalmente es eso, sorpresas permanentes. Nada está armado definitivamente, todo lo culminan las circunstancias, aunque nosotros hayamos trazado el camino y creemos manejar todas las situaciones.
Salimos juntos a todos lados, todo fue hermoso, no hay nada que se pueda reprochar hacia ella o ella hacia mi persona y mi actitud. Todos los días compartíamos un momento de nuestras vidas.
Así, cada instante, y de este modo se fue acercando el momento de la unión definitiva, si, al poco tiempo nos casamos, una locura total, pues no avisamos a nadie. Luego de un mes, fui a mi casa paterna y en esa oportunidad comuniqué a mis padres que había contraído enlace matrimonial.
Ellos, mis padres, se miraron, me miraron un tanto desconcertados. Sentí que el pensamiento que ocupaba sus mentes era: “No lo hemos preparado para esto, siempre hemos sido una familia unida”, Pero cuando explique el motivo, pues mi amor o nuestro amor no podía esperar, ni aferrarse a tradiciones, aunque sean llenas de amor y de familia.
Luego de hablar, ellos entendieron y solo desearon, lo que cualquier padre desea a sus hijos, “Que sean felices”. Fue la expresión final.
Pasó el tiempo, ella siempre a mi lado empujando para que estudie y obtenga el título de abogado, me faltaba muy poco. Juntos estudiábamos. Hasta que llegó el gran día, el último examen que debía rendir y ya era abogado, parecía increíble. Con ella todo fue más fácil, nada me costaba, siempre estaba dispuesto a estudiar y demostrar que por amor estaba dispuesto a todo, para que ella sea feliz.
Ya abogado, con título en mano, sentía que gran parte de él, le pertenecía a ella, que tantos desvelos pasó a mi lado cuando tenía que prepararme para rendir.
Tantas horas aconsejándome, tantas horas de amor y futuro, y cuando finalizaba cada jornada de estudio, ella solía despedirme diciendo: “Es por los hijos que vendrán, ellos tienen que ser el depositario final de este sacrificio de ambos, tienen que disfrutar y ser muy buenas personas, de la mano de Dios”
Dios siempre estuvo a nuestro lado, no había momento en el que él estuviese ausente, todo lo compartíamos, y ella más aún y me enseño a creer y amar al Señor y en su nombre cada día me encomendaba para iniciar cada jornada.
Llegó la primera hija, una preciosa criatura, fruto del amor terrenal, pero también divino, sus ojos vivaces casi hablaban, sus rulitos caían a un costado de la frente, en fin, un regalo de Dios para ambos, había nacido nuestra heredera, la que seguiría nuestros pasos. Desde luego una inmensa alegría. Y de dimos gracias al Señor. Esta creatura era la extensión de nuestras vidas.
Nuestra situación patrimonial estaba en ascenso, había logrado ubicarme en cargo de relevancia dentro de la justicia y rápidamente ascendí. Eso era traducido en mejor economía y una buena vida familiar.
Cuando nuestra hija cumplió cinco años, la noticia, la nueva buena era que mi esposa estaba embarazada. Una alegría enorme nos inundó, pues ya lo estábamos esperando. Más tarde comunicamos a nuestros familiares, realmente una bendición.
Al poco tiempo sabíamos el sexo, un varón llegaría a nuestro hogar y con esta presencia la familia tipo se completaría. Ella, mi esposa en ningún momento dejó de preocuparse por todo lo que nos rodeaba y trataba que día a día las cosas queden bien ordenadas, y siempre pensando que los destinatarios finales de nuestro trabajo tenían que ser los dos niños con los que Dios nos había premiado.
El embarazo fue normal y cada día que transcurría, la pancita crecía y a cada momento estábamos juntos mirando y esperando las primeras pataditas. Cuando eso ocurrió, una sensación nueva incorporamos, pues él, ya se estaba haciendo sentir.
La Navidad y el Año Nuevo de 2010, la pasamos solos en nuestra casa, decidimos no aceptar ninguna invitación para evitar viajar y correr riesgo por el embarazo. Para esta fecha la pancita estaba enorme y se notaba claramente que faltaban pocos días o quizá horas para la llegada del nuevo integrante de la familia. Aunque en realidad ya estaba entre nosotros, solo faltaba escuchar su llanto, además de ver que todo esté bien.
Llegó el momento y nuestro hijo se hizo presente, como siempre pidiéndole a Dios protección y acompañamiento, enfrentamos el momento, pero todo fue bien, nada anormal sucedió, por lo que a las pocas horas ya nos dieron el alta del sanatorio, y los cuatro estábamos en nuestra casa disfrutando de la unión y del amor, Pero por sobre todas las cosas escuchando a ella como organizaba el futuro de los chicos y el nuestro, pero en todo momento me indicaba que los niños debían ser los destinatarios de todos los esfuerzos que hiciéramos.
Como hacía un tiempo había adquirido un automóvil 0 km, y por el embarazo casi no lo disfrutamos, decidimos darnos nuestras primeras vacaciones en familia. La idea era ir por la provincia de Salta y regresar para la provincia de Catamarca, visitando los departamentos del interior.
Así lo hicimos y por la Ruta Nacional 40, nos dirigíamos a Santa María, un departamento catamarqueño. La alegría nos invadía, los planes aparecían constantemente. La charla y el buen humor siempre estaban con nosotros.
Nuestro hijo aún no había cumplido los treinta días de vida y ya estaba recorriendo el interior de Argentina, nos parecía un regalo del cielo.
Pero todo eso que describo, en un momento dado fue como cuando bajamos la llave de la luz y todo se apaga. Todo se ennegrece, bueno por un instante sentí igual, pues sin saber porque ni como, nuestro automóvil estaba girando casi sin control.
Eso fue todo, no me acuerdo más, solo sé que cuando descendí del automóvil, miré a mis hijos, ella, mi hija de cinco años estaba ilesa, a mi hijo de apenas días de vidas, se lo veía molesto, como que algo le ocurría. Mi esposa yacía tirada al costado de la ruta, inerte, sin que el pecho suba y baje, como cuando estamos respirando.
La ceguera total llegó a mí. Mi amada esposa, la que me enseño todo, la que fue mi compañera en el estudio, la que permitió crear esta familia, estaba muerta, no sabía bien como ni porque, pero corría para todos lados, sin encontrar solución, respuesta, ni auxilio.
No sé quien me auxilió, no sé cuánto tiempo estuve ahí, no sé nada, solo sabía que mi esposa estaba muerta y que mi hijo, mi pequeño hijito había recibido un golpe.
Recuerdo por partes, veo rostros desconocidos, pero en mi interior sé que les tengo que agradecer, que sin conocerlos, ni saber de donde son, estuvieron a mi lado. Yo me perdí en un gran agujero negro, que solo lograba salir por la presencia de mis hijos.
Recuerdo que llegamos a Tucumán para que sea asistido mi hijo. Sentía que todo se había desarmado, que nada volvería a ser como antes. Quería irme con ella, pero la presencia de mis hijos me retenía y me mantenía con los pies en tierra. No sabía qué hacer.
Todo fue muy rápido, el velatorio, el sepelio, la vuelta a Tucumán y seguir con la atención a mi hijo.
Dios siempre estuvo a mi lado de muchas maneras y aunque se llevó a mi esposa, siempre estaré a su lado, de eso no tengo dudas.
Pasaron unos días y mi hijo que tenía una fisura en la cabecita, se recuperó rápidamente y volvía a mi hogar donde mi hija mayor me esperaba.
Estábamos empezando una nueva vida, pero cuando me pregunté que debía hacer, solo tuve que recordar todos los planes que con mi esposa habíamos trazado, y me di cuenta que seguirlos era el camino, ella sin que sea advertido había dejado todo planeado, todo resuelto, yo o nosotros, solo debíamos seguir su armado familiar.
Cada día que comienza solo recordaba las charlas con ella y como si ella estuviese a mi lado, empezaba la nueva jornada y todo se hacía sencillo. Mi hija contribuía totalmente a este desarrollo diario, como si comprendiese lo duro que resultaba para su padre seguir sin ella, sin su madre, la que siempre estaba en todo. Pero también advertía el sufrimiento de mi hija que en silencio y con sus cinco años superaba cada momento difícil. Juntos atendíamos al menor de la familia.
Al pasar unos días del fallecimiento de ella, mi querida esposa, advertí que sin dejar nada escrito, nos había moldeado o formado para seguir la vida sin ella. Recordaba cada palabra y la verdad que recién ahora advierto que todo lo que nos dijo, todo lo que hizo, fue para que cuando ella no esté, podamos seguir sin problemas.
Recién allí pensé que ella tenía una misión, que el Señor la envió a cumplirla y solo a eso se dedicó con amor. Desde ese día sostengo que todo lo que nos pasó fue porque Carina tenía una misión y la cumplió, siento que está a mi lado, a nuestro lado y con su presencia espiritual nada temo, y estoy dispuesto a crecer junto a mis hijos, como tantas veces lo habíamos hablado.
Dios, solo te pido que nos protejas y que tengas a esa mujer, a mi esposa a tu diestra que seguro nos va a guiar por el camino correcto, porque sé que nos amará y que nosotros la amaremos hasta el último día de nuestras vidas terrenales y nos encontremos en tu presencia en el lugar que sea y en la vida que nos toque.
Por Hugo Alaniz

Podés leer también