La mujer catamarqueña del Oeste (Miscelánea)
Andalgalá © Que la mujer ha sido siempre motivo de debate acerca de su equipotencialidad con respecto al hombre, que desde los albores de la historia ha luchado por el reconocimiento y el pleno ejercicio de sus derechos y que esa lucha fue siempre dura y desigual, no es novedad para nadie.
Hoy, tampoco lo es, que sea considerada como agente de
cambio de la sociedad moderna, no se puede soslayar.
En lo que es actualmente el territorio de la provincia de
Catamarca, especialmente en su región Oeste, en el Valle del Conando y su zona
de influencia, y según los textos históricos consultados y por alguna noticia
acercada por la tradición oral, la mujer ha desempeñado un importante rol.
Efectivamente, antes de la llegada de los españoles a
colonizar estas tierras, los naturales del Valle de Andalgalá –para ser más
específico- desarrollaron una fecunda actividad en la extracción de los
minerales que, según ellos, "chorreaba de los cerros en un río rojo”,
refiriéndose, naturalmente a la abundancia de cobre y oro de estos cerros
agrestes y agresivos.
Por aquellos tiempos, mientras los hombres se las ingeniaban
para extraer metales de la tierra, las mujeres se encargaban de todas las demás
tareas de la tribu, y eran ellas las que alcanzaban los cántaros con agua y los
atados de comida, en una sucesión de trabajo que no terminaba.
También se ocupaban de la agricultura y en algunos casos,
tomaban las herramientas y picaban la montaña para sacar ese elemento que luego
sería utilizado para suntuosidades e intercambio comercial.
Más adelante, las mujeres siempre al lado de sus hombres,
como sombras bienhechoras aprendieron a manufacturar esos metales para lograr
el valor agregado en beneficio de la comunidad, en tanto los hombres, siempre
en la tarea de extracción.
Las parcialidades locales han tenido siempre a las mujeres
curtidas, como casi excluyentes protagonistas del quehacer, y paradójicamente,
su rol ha sido siempre ignorado por los historiadores y aún por la tradición
oral que tantas verdades dice, a veces sin decir nada.
Pulidoras de objetos metálicos, engarzadoras del metal con
la piedra semipreciosa, creadora de diseños "novedosos” y hasta comerciantes
firos de esa mercancía que serviría para alimentar a la larga prole.
Con el correr de las centurias, el rol de la mujer en la
sociedad fue cambiando paulatinamente y se han necesitado muchos años para que la tan mentada equipotencialidad sea
reconocida en un mundo absolutamente machista. Hoy, nadie duda de que la mujer
es igual al hombre en sus capacidades, y en ámbitos laborales, nadie como ella
para ejemplarizar la concentración y el empeño en la resolución de sus
responsabilidades.
En la actividad minera -cosa casi impensable hasta hace
pocos años- muchas mujeres trabajan a la par de los hombres, y crean obreras,
conductoras, científicas, exploradoras y mucho más, sin descuidar, caro está,
su específico rol de madre y organizadora del hogar.
Por estos días, se conoció la especie de que las mujeres
trabajadoras en la minería hasta conforman foros de contención cuasi gremial,
ideado para fortalecer vínculos fraternos en la cuestión del género, para
afianzar los derechos adquiridos y el sentimiento de pertenencia.
Todo ello, gracias al contundente apoyo recibido en el
devenir de la actividad minera que en Catamarca ha sabido igualar, reconocer
derechos, y sobre todo, dimensionar la equipotencialidad que ha sido motivo de
polémicas bizantinas, es decir, de nunca acabar.
La observación y análisis de la realidad actual nos indica
que qué lejanos quedaron ya los tiempos en que la mujer era considerada como
ser inferior al hombre, cuestión debida, primero, al avance de la ciencia que
nos demuestra lo contrario, y por otro lado, al cambio cultural que le ha
permitido a la mujer, ubicarse justo al lado del hombre para empujar el carro
de la existencia, juntos y para la misma
dirección.